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Artículo correspondiente al número 248 (20 de marzo al 2 de abril de 2009)
-El ministro Velasco decía hace un tiempo que ahora todos son keynesianos…
-El keynesianismo tiene distintos elementos. Keynes fue un economista genial que acertó en su diagnóstico respecto de que las economías tienen esta propensión a entrar en fluctuaciones cíclicas asociadas a cambios en las expectativas de los consumidores e inversionistas. Ahora todos somos keynesianos en cuanto a que reconocemos la existencia de esa fuente. Pero en cuanto a la receta keynesiana, él se inclinó fuertemente a favor de la política fiscal e hizo toda una crítica a la política monetaria. Desde 1936 (la época de Keynes) en adelante se ha aprendido que esa crítica era gravemente errónea y que la receta fiscal suele terminar siendo pan para hoy y hambre para mañana.
-Como ministro de Hacienda, ¿habría aplicado el paquete anunciado en febrero?
-No puedo contestar esa pregunta porque no tengo toda la información de las cuentas fiscales de que dispone un ministro de Hacienda.
-Entonces cambio la pregunta hacia adelante: ¿a favor o en contra de nuevas medidas?
-Hay un espacio para acciones fiscales tendientes a combatir el desempleo y a apoyar a la pequeña y mediana empresa en sus problemas de liquidez; sin embargo, tendría mucho cuidado en que las medidas que se adopten sean estrictamente temporales y que no nos hagan incurrir en un déficit fiscal de carácter más permanente. Mi estimación es que el déficit fiscal de este año será por lo menos 4% del producto, lo cual es una suma alta, la mayor en los últimos años. Y hacia adelante, considerando el bajo crecimiento del mundo y las perspectivas de precio del cobre, podemos tener un sostenido déficit fiscal. Afortunadamente, estamos en un punto de partida muy bueno, porque los ahorros acumulados –mérito sin duda en parte del ministro Velasco y del gobierno actual– nos permiten enfrentar este déficit con la tranquilidad de que tenemos cómo financiarlos, pero en la medida que empiezan a eternizarse no hay ahorro que aguante. En consecuencia, hay que tener cuidado de que este debate actual conduzca a acciones de política fiscal que después se tornen insostenibles. Y eso el mercado lo sabe.
-¿Eso implica cuidarse también de las medidas que implican reducir el ingreso fiscal, como una rebaja al IVA?
-Hay rebajas de impuestos que se hacen muy difícil de retrotraer, como por ejemplo el caso del IVA o de los combustibles. Creo que en estas situaciones no son convenientes. En cambio, sí apoyo rebajas temporales de impuestos y postergaciones de pagos de impuestos, como el PPM. También, el otorgamiento de subsidios o de estímulos para la inversión y el empleo a través de créditos tributarios.
-¿Echa de menos una actitud más proactiva por parte de sectores pro mercado en lo que a ideas para enfrentar la crisis se refiere?
-En Chile no estamos en crisis, estamos enfrentando una eventual recesión asociada a una drástica caída de la demanda y eso implica que estamos en el terreno habitual de la macroeconomía. Podemos discutir si la receta fiscal o la monetaria es la más apropiada, pero es un terreno técnico en el cual conocemos lo que hay que hacer, de manera que no es equivalente al problema que se discute en Estados Unidos, donde sí hay dificultades estructurales en el sistema financiero. Ahora, lo que sí lamento es que el debate parece concentrado en la coyuntura y falta un análisis más a fondo de por qué Chile está cayendo o al borde de la recesión, cuando todos considerábamos que el país como nunca estaba bien preparado para enfrentar esta situación. Una explicación es que simplemente esta crisis sea mucho más fuerte que todo lo que habíamos esperado; pero la otra posibilidad –y me inclino por ella– es que durante los últimos años nosotros nos acostumbramos a depender demasiado de la economía mundial… Somos una economía pequeña y, obviamente, nos afecta lo que pase en el mundo, pero precisamente porque somos pequeños podemos encontrar nichos para aumentar la competitividad y mejorar nuestra participación de mercado aun en aquellos que están cayendo. Y ese tipo de visión ha estado ausente. Nuestras autoridades han tendido permanentemente a exagerar un poco la nota respecto de la situación externa, casi para utilizarla de excusa de por qué aquí las cosas no están tan bien.
Tres origenes de la crisis
Tres áreas distingue Juan Andrés Fontaine al momento de evaluar los errores que se cometieron en la fase previa a la crisis.
1. Las políticas macroeconómicas: “pienso que si bien el manejo del Banco Central de Estados Unidos fue en general muy acertado por parte de Greenspan, se fue confiando demasiado en la capacidad de los pequeños movimientos de tasa de interés para estabilizar la economía y desatendiendo la gestación de este exceso de endeudamiento.
Específicamente, tras el shock causado por el atentado contra las Twin Towers, la política monetaria y la fiscal se tornaron demasiado expansivas y por demasiado tiempo. Tal vez la crisis es indirectamente obra de Osama Bin Laden”
2. La regulación financiera: “Aquí es donde los críticos del mercado centran sus disparos y con cierta razón, porque el mercado financiero es el cerebro de la economía, es la torre de control en la asignación de recursos y, por consecuencia, tiene que manejare muy bien. Pensábamos que el mercado de capitales de Estados Unidos era un modelo de buena regulación financiera y ahora hemos descubierto que había fallas sumamente importantes en sus regulaciones y de otros países que se inspiraron en su sistema. No es que haya sido un mercado desregulado, no es que el mercado financiero norteamericano haya sido el terreno del laissez faire, sino que uno con fallas. Por ejemplo, se delegó la regulación a fórmulas de autorregulación (lo que no es propiamente una desregulación”), con activa participación de clasificadores de riesgos y complejos modelos de valoración de las inversiones, en cuyo manejo hubo serios errores por fallas en el diseño de los incentivos”.
Todas estas fallas desembocan en este gran endeudamiento y las cifras son impresionantes. El endeudamiento del sector privado como porcentaje del producto en Estados Unidos pasó de 160% el año 80 a 360% hoy.
¿Qué errores de regulación uno puede observar? Primero, si bien hay regulaciones -y algunas de ellas bien estrictas- el sistema es dual, o sea concentra sus regulaciones en la banca comercial y deja sometido a un sistema mucho más laxo de controles y supervisión a los intermediarios financieros no bancarios, como los bancos de inversión. También ocurre que los índices de Basilea, surgidos de un proceso de coordinación internacional, tienen un carácter pro cíclico y eso hace que cuando las cosas están bien, los bancos prestan más de la cuenta y, al revés, cuando las cosas están mal, prestan menos de la cuenta.
Tampoco se abordó bien el complejo problema del to big to fail, esto es, que ciertos bancos u otros intermediarios alcancen una gravitación tal que obligue a la autoridad a acudir a su rescate en caso de problemas. Esto crea muy malos incentivos. Modestia aparte, la ley chilena de 1986 se hace cargo de ese problema mejor que la norteamericana, estableciendo de antemano un mecanismo excepcional para que los depositantes y acreedores de largo plazo de una institución financiera asuman parte del costo de la recapitalización. La ausencia de ese mecanismo, que en la práctica no puede ser suplido por un procedimiento de quiebra normal, es lo que hace que la actual crisis financiera norteamericana se arrastre ya por tantos meses.
Dentro de este ámbito, se ha criticado mucho de que el sistema fue opaco, que nadie entendía bien los productos financieros cada vez más sofisticados que se empezaron a transar. Esa creatividad tuvo efectos muy positivos porque ayudó a distribuir y diversificar los riesgos y, en consecuencia, bajó los costos de capital y permitió que una cantidad de empresas y personas accediera a endeudamiento más barato. Pero también un lado negativo: fue más rápida que los reguladores y que los supervisores. Como consecuencia, hay un mea culpa que éstos deben hacer, ya que pudieron haber hecho mejor su pega”.
3. La intervención fiscal: “la tercera gran fuente de errores en el aspecto preventivo de esta crisis tiene que ver con una muy fuerte intervención del Estado a favor del financiamiento de la vivienda, a través de estas instituciones semi estatales como lo eran Fannie Mae y Freddie Mac y también en ciertos cambios regulatorios que indujeron a los bancos a entrar muy agresivamente en el terreno del financiamiento de los famosos créditos subprime; todo ello, por razones políticas en los años 90. Ahí hay un ejemplo de lo que podría pasar en el mundo si se extendiera esta idea de la propiedad pública”.