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Artículo correspondiente al número 248 (20 de marzo al 2 de abril de 2009)
Basta de juicios apresurados y acusaciones infundadas. Tras años de irradiar desarrollo económico a nivel mundial, el modelo de libre mercado merece una defensa. Porque los ciclos no son algo nuevo, la política monetaria debe cumplir su función y las regulaciones correctas también tienen su espacio. El abogado: Juan Andrés Fontaine. Por Guillermo Turner; foto, Enrique Stindt.
Bastó una breve introducción para que el economista Juan Andrés Fontaine, socio de la consultora Fontaine & Paúl, iniciara la conversación con la frase perfecta para titular esta entrevista: “asistimos a una especie de revancha estatista, donde los economistas, políticos y lideres de distinto tipo, que han mascado su frustración desde la caída del Muro de Berlín hasta la fecha, viendo cómo sus modelos preferidos fracasaron y como el libre mercado triunfaba en el mundo y creaba prosperidad, de pronto encuentran un argumento para confirmar sus sospechas y desconfianza hacia la iniciativa privada y lanzan esta hipótesis de que lo que aquí ha fracasado es el libre mercado, el capitalismo”.
-¿Pero le cabe alguna cuota de responsabilidad al modelo?
-Hay que entender que el crecimiento económico en general –y en particular en una economía de mercado– es cíclico, y así como genera una trayectoria de mucho progreso, también de cuando en cuando sufre estos embates. Y en esta oportunidad este ciclo económico ha desembocado en una gran crisis financiera, producto de importantes errores y por eso entiendo que haya cierto desconcierto y frustración. Yo personalmente estoy muy decepcionado respecto a la manera en cómo específicamente en Estados Unidos se han manejado las políticas económicas que es en parte lo que ha conducido a este resultado, tanto las medidas preventivas como las curativas.
-Pero detrás de esos errores hay políticas públicas de los respectivos gobiernos, lo que eleva las responsabilidades al ámbito de las decisiones políticas.
-Hay de todo, pero quizás deberíamos primero hacer una descripción de cómo llegamos a esto, porque es imposible identificar las fallas sin precisar el diagnóstico. A partir de las reformas pro libre mercado de Estados Unidos, Inglaterra, Europa, América latina y Asia, específicamente China, el mundo entró en una fase inédita de prosperidad, con un crecimiento promedio en los últimos 20 años del orden de 3,5% anual y un aumento de 50% en el ingreso per cápita. Suele ocurrir, por un tema de la naturaleza humana, que cuando es tan prolongada la bonanza, termina creando malos hábitos, como un exceso de optimismo y toma de riesgos. Ese exceso contagió no solamente las decisiones individuales de empresas y personas, sino también las políticas, y hay políticas económicas que hoy uno las percibe como demasiado riesgosas y que de alguna manera fomentaron este resultado y condujeron a un exceso de endeudamiento. Estos ciclos de endeudamiento los hemos visto en la historia de la humanidad repetidamente. Y muchos de esos ciclos, no todos, terminan finalmente en una crisis financiera.
-Los hechos se repiten, pero la duda es si ahora estamos viviendo un ciclo más en la historia de la economía o uno que marcará un nuevo modelo futuro.
-Siempre los ciclos, y particularmente las contracciones económicas fuertes como la que estamos viviendo, dejan enseñanzas y van a influir en la política futura, pero la pregunta concreta es difícil de contestar. Creo que este ciclo ha desembocado en esta oportunidad en una crisis financiera muy seria, en un brote de pánico financiero, en una enorme desconfianza que paraliza las decisiones y, efectivamente, eso puede provocar cambios profundos y positivos en el curso de las políticas económicas.
-Cierto que las consecuencias se verán más adelante, pero ¿es posible prever el impacto de largo plazo de las medidas curativas?
-A medida que empieza a difundirse esta equivocada visión de que la responsabilidad de este desastre está en las políticas de libre mercado, hay efectivamente un riesgo de que termine yendo en esa dirección el curso de la futura política económica. Pero como decía, estos excesos de endeudamiento y estas crisis se repiten en la historia desde la antigüedad. Tiberio en Roma ayudó a los bancos romanos con una suerte de paquete financiero; el Jubileo de la tradición judía era un perdón de deudas cada siete años. Hay muchísimos ejemplos más recientes, en economías con diverso grado de control estatal y rol del mercado.
Volviendo al origen
“En la fase previa, aparte de esta gran prosperidad y expectativas muy optimistas que llevan a la gente a tomar exceso
de riesgo, hay un agravante: la bonanza fue asimétrica, en el sentido de que hubo países con un gran salto en crecimiento económico, como China, que ahorraron fuertemente y desviaron esos recursos hacia un Estados Unidos que aparecía como el lugar más seguro y rentable para invertir. Como consecuencia, Estados Unidos recibió una enorme entrada de capitales a propósito de este desarrollo, sumando a la prosperidad este gran flujo de capital”, dice Fontaine.
-Esa explicación formó parte de los descargos de Greenspan en el Wall Street Journal.
-También Bernanke dijo que en el fondo esta gran entrada de capitales provocó en Estados Unidos efectos similares a lo que desencadenó la crisis asiática en los países emergentes: fuerte ingreso de capitales, fallas en el sistema financiero, exceso de gasto y endeudamiento. Estos grandes flujos de capitales crean desafíos importantes en el manejo de políticas macroeconómicas. Nosotros vivimos problemas similares entre 1979 y 1981. En Estados Unidos se cometieron errores de política monetaria y fiscal que en parte son culpables de la gestación de la crisis. Además, la regulación financiera en ese país mostró serias fallas.
-¿Cómo se enfrenta el discurso anti mercado cuando las medidas que están tomando las supuestas economías capitalistas, como la intervención fiscal de bancos y empresas, sirven precisamente para promover esa “revancha estatista”?
-Pero esa promoción del estatismo a partir de las medidas de emergencia que se apliquen en una crisis constituye simplemente un error. La labor de los bomberos al apagar un incendio es esencialmente distinta a la labor de los arquitectos y constructores cuando hay que reconstruir el edificio dañado. En ese sentido, nunca los mercados funcionan en el vacío, todos operan sobre un andamiaje jurídico que se encarga de que se respeten los derechos de propiedad, que se cumplan los contratos, haya buena información y se administren las externalidades o riesgos sistémicos. En el caso del mercado financiero esos problemas son particularmente complejos y difíciles de tratar, por eso nadie en su sano juicio plantea un absoluto laissez faire. Los problemas del mercado financiero norteamericano no son atribuibles a una desregulación (que fue parcial y limitada a eliminar ciertas restricciones obsoletas) sino a mala regulación.
-¿Proponer la capitalización fiscal de empresas en Chile –como lo hizo la DC– va más allá de la labor del bombero?
-La capitalización temporal de bancos y otras instituciones financieras con gran capacidad de provocar riesgo sistémico es inevitable, y así se hizo en el caso chileno en la crisis de los 80, así ocurrió en México poco después o en Suecia a comienzos de los 90. Esa acción rutinaria es realizada por los bomberos financieros en todas partes del mundo. Ahora, aplicar eso al resto de las empresas es algo distinto. Uno puede imaginar casos de empresas no financieras que podrían causar algún problema sistémico, pero sería muy excepcional y, por lo mismo, es correcto que sea materia de una ley específica que se discuta en el Congreso caso a caso. Pero como norma general me parece que los problemas de solvencia de las empresas o financieras deben ser tratados por sus propios dueños, agregando capital adicional, consiguiéndose socios o, si eso no resulta, a través del concurso de sus acreedores o, finalmente, a través de la Ley de Quiebras. Lo anterior no tiene nada de escandaloso. De hecho, a lo largo de la historia económica se ha visto que un aspecto positivo –aunque parezca paradójico– de las crisis económicas es que ayudan a limpiar la economía de las malas empresas que también existen.
-¿Qué evaluación hace de las medidas puestas en práctica por el gobierno para enfrentar la crisis a nivel local?
-En Chile lo que estamos viendo es una reacción de las políticas económicas básicamente fiscales y monetarias destinadas a contrarrestar esta fuerte caída de la demanda. Lo primero que habría que preguntarse es por qué en Chile la demanda interna se ha desplomado como lo ha hecho de acuerdo a los últimos datos… A mi me sorprende, creo que la economía chilena tiene grandes fortalezas conocidas y reconocidas y que, tanto por su estructura como por sus ahorros, me hacía pensar que teníamos más capacidad de resistir el temporal. Pero el primer impacto ha sido este gran temor y la consecuente contracción en las compras por parte de los consumidores, freno en los proyectos de inversión, otorgamiento de créditos y contrataciones y aumentos de los despidos. La orientación de la política económica ha estado correcta en tratar de contrarrestar ese efecto. Lo más importante es actuar a través de la política monetaria, rebajando prudentemente la tasa de interés y asegurando buena liquidez. Pero el Banco Central ha tomado ese camino con demasiado entusiasmo. Al rebajar en 600 puntos su tasa de interés en tres meses me parece que está señalando que hay riesgo inminente de grave recesión, lo que puede terminar siendo una profecía auto cumplida. A futuro, el bandazo monetario va a ser difícil de revertir. Soy partidario de un manejo más fino del manubrio monetario.
En general, soy un gran creyente de la capacidad de la política monetaria para superar este tipo de problemas. Hay un debate en Estados Unidos en este momento respecto al poder de la política monetaria, por eso se puso de moda el keynesianismo, debate que allá hace más sentido, ya que como los bancos están desarticulados la política monetaria pierde uno de sus canales de influencia mas importante…