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Artículo correspondiente al número 211 (24 de ago al 06 de sept 2007)
Con las bolsas mundiales como montañas rusas, resulta innegable la influencia de Estados Unidos sobre los mercados mundiales. La crisis de un grupo específico de clientes dentro del sector inmobiliario gringo agarró vuelo y se convirtió en avalancha, arrastrando con su paso las atractivas rentabilidades que tenían los mercados mundiales. ¿Cuándo termina esto? Es lo que nadie se atreve a responder. Por Paula Costa
Debe ser de los pocos que en medio de este último terremoto financiero, en privado, sonríe. En realidad, él y las personas a quienes asesora. Claro, porque José Ramón Valente, director ejecutivo de Econsult, viene anticipando estas caídas desde mayo. Durante meses sus clientes le sacaban en cara que mientras ellos estaban invirtiendo en renta fija esperando la debacle, las bolsas no hacían más que subir. Ahora, con la tranquilidad de saber que su dinero y el de los suyos está fuera de peligro, sostiene que estas “correcciones” son una buena lección en tiempos en que los inversionistas se malacostumbraron ante tanto buen retorno.
De todos modos, hace un llamado a la calma. La actual crisis, desatada tras el excesivo entusiasmo de los bancos y financieras de Estados Unidos por conceder créditos hipotecarios a personas en condiciones de riesgo, sería sin duda un fuertísimo remezón, pero en ningún caso otra quiebra del mercado financiero como ocurrió en los años 30 en Estados Unidos e Inglaterra y en los años 80 en América latina. Las cosas han cambiado, dice. La regulación financiera está mucho mejor y los bancos centrales “aprendieron la lección”. Eso sí, asegura que en lo que a la bolsa chilena se refiere, un nuevo factor se ha instalado en las valorizaciones de las empresas: el del alza de costos salariales.
-¿Cómo se llega a esto? Se supone que hay aprendizaje en los mercados…
-Se llega porque una empresa puede ser buena, pero puede estar cara, y que creo que eso es lo estaba pasando. El mundo está bien si se lo mira a largo plazo, porque es cierto que China e India se están desarrollando, hay muchas cosas muy buenas pasando, como la revolución tecnológica. Pero también es cierto que, basados en esas buenas noticias, los inversionistas le habían otorgado al tema demasiado valor, por lo tanto los precios de los activos estaban muy caros. Tener una buena perspectiva de largo plazo no es incompatible con pensar que los mercados necesitaban una corrección importante.
-¿Entonces, estos ajustes son bienvenidos?
-Es importante que ocurran para que la gente no piense que no existe riesgo en las inversiones. El riesgo existe siempre y la premisa de que a mayor retorno va asociado un mayor riesgo no se ha roto. De hecho, uno veía con preocupación que el premio por riesgo que se pagaba por la deuda de países que uno sabe riesgosos –como Argentina, Venezuela o en menor medida Brasil–, había caído a niveles mínimos históricos. O sea, daba lo mismo tomar sus papeles porque no iba a haber default, cuando esos países acababan de hacer un default. El mundo estaba trabajando sobre la premisa de que no había riesgos, cuando estos no han desaparecido, al menos hasta donde yo sé.
-¿Cómo es que no se actúa antes de llegar a estos desplomes de las bolsas? Si se veía venir, ¿cómo el mercado no se anticipó?
-Bueno, es que no se veía venir. De hecho, muchos inversionistas pecaban de “exceso de optimismo”. Algunos lo veíamos venir, y puedo decir con orgullo que somos de los pocos que lo veíamos venir, porque siempre nos dicen a los economistas que vemos las cosas cuando ya pasaron. Nosotros publicamos en mayo, junio y julio una alerta a nuestros inversionistas de que los precios estaban caros y que podía haber una corrección. De hecho, durante todo el año, a la gente que le damos asesoría en inversión le habíamos venido diciendo esto, y los mercados y también los inversionistas nos habían dado bofetadas bastante grandes diciéndonos, sabes qué, parece que estás bien equivocado porque mientras predicas que las bolsas están caras, siguen subiendo. Estamos con sentimientos encontrados. Uno dice, qué pena que cayeron las bolsas, pero qué bueno, porque es exactamente lo que estábamos diciendo.
-¿Cuán grave es esta crisis? ¿Es un terremoto como otros vistos anteriormente?
-Bueno, la economía no es una ciencia exacta, y parte de la inexactitud viene de que uno no conoce el futuro. Además, depende del comportamiento de las personas y no tenemos todavía modelos exactos, científicamente probados. Sí hemos aprendido algunas cosas de las crisis anteriores. Los bancos centrales han aprendido que tienen que proveer de liquidez, de manera que estos ajustes sean suaves y no deriven en crisis prolongadas y dolorosas. Creo también que hay un problema en el mercado hipotecario de Estados Unidos, que hay un exceso de gasto en la economía norteamericana y que eso está rebotando y redundará en un menor crecimiento de su economía y del mundo. Y eso necesita de una corrección en los mercados.
-El problema es cuándo termina la corrección y comienza el sobreajuste.
-Si el pánico es muy grande, la gente retira sus inversiones y pueden hacer quebrar el sistema financiero, y eso es lo que vimos, por ejemplo, en la crisis del año 30 en Estados Unidos e Inglaterra, y lo que vimos en el año 80 en América latina y Chile. Eso en mi opinión, no va a ocurrir, porque la regulación financiera está mucho mejor, y como decía, los bancos centrales aprendieron la lección. Pero de que necesitábamos igual una corrección, la necesitábamos.
-Deteniéndonos en el tema de la liquidez; si todo estaba caro, era porque la gente estaba con plata y se metió a invertir. ¿Cómo pasamos entonces de un exceso de liquidez a una crisis de liquidez?
-Esto es súper entretenido (se ríe), porque el sistema financiero puede crear plata, cuando que tú depositas tu plata en un banco y ese banco se la presta a alguien más, por lo tanto, de un minuto a otro, hay dos billetes. Cuando los bancos centrales se ponen muy fáciles para prestar plata, crean dinero y se generan estos excesos de liquidez. A su vez, cuando el sistema financiero se asusta, le pide a la gente que le pague lo que le debe y, por lo tanto, contraen la cantidad de dinero existente. Además, tú como depositante también te puedes asustar y le pides tu plata al banco. Así de rápido se pasa de un exceso a una contracción de liquidez, básicamente a través de un sistema financiero que se pone más tacaño y de los depositantes, que –asustados– retiran sus platas hacia instrumentos de menor riesgo.