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Reportajes y Entrevistas
Jorge Navarrete. DC, rotundo y atípico

Artículo correspondiente al número 223 (7 al 20 de mar 2008)





-Ahora bien, en esos términos, la renovación puede ser muy lenta.

-Lo es. Es un partido poco renovado, un tanto parroquial, poco conectado con el mundo, poco tecnologizado y al que posiblemente la crisis de la política le ha hecho más daño que a otras colectividades,dado que su inspiración ideológica y cuasi religiosa no cuadra bien con los tiempos. No cabe duda que hoy se hace cada vez más difícil convencer a jóvenes de 15 ó 18 años para que entren a la DC. Y esto, claro, es grave, porque podría ser el principio del fin. El Congreso Ideológico del año pasado constituyó una esperanza si no de zanjar los grandes dilemas del partido, por lo menos de haberlos reencaminado. Pero pese el éxito procedimental del congreso –no es poca cosa reunir a unos 2 mil congresales provenientes de todo el país– las luces han sido erráticas. Nos hemos quedado en la cáscara: cuestionamiento general del modelo, no al lucro en la educación y tres o cuatro eslóganes más…




Después del Transantiago y los escándalos



-Hablemos de modernización del Estado. Hablemos de las aprensiones que el desafío genera en la Concertación y hablemos de este Estado superado día a día por las circunstancias.


-Un tema muy importante. Primero, creo que más de algo se ha hecho, y es bien impresionante. Todavía nos falta mucho, pero no podemos desmerecer lo realizado (SII, Registro Civil, nuevas tecnologías). Segundo, creo que hay retraso importante en el sistema de reclutamiento de funcionarios públicos. Aquí los concursos y la carrera funcionaria son más la excepción que la regla. Tercero, pienso que tenemos un sistema de inamovilidad que impide la competencia y que se ha vuelto contraproducente. También tenemos un problema de calificación de los funcionarios. Hoy, en los ámbitos municipal y gubernamental, más de la mitad no tiene título profesional o técnico. El promedio de edad es sobre los 50 años y, aunque no tengo nada contra los viejos, eso da cuenta de falta de renovación. Y para ser justos, no es menor que algunos colegios profesionales vinculados al aparato público –médicos y profesores– actúen como verdaderos sindicatos. Para ellos, primero están las aspiraciones gremiales, en tanto la calidad del servicio es la cuarta o quinta derivada. Por último, hay pocos incentivos para que los jóvenes entren a la administración. No hay carrera funcionaria, los cargos son mal pagados y el riesgo de aparecer como ladrón envuelto en una escándalo es alto.



-Difícil trazar un cuadro más desalentador.


-Pero el problema no termina ahí. Porque hay dos hechos que magnifican la percepción de anquilosamiento del Estado. Están asociados a la caída de dos grandes mitos: el que la Concertación hacía las cosas bien, que fue pulverizado con el Transantiago, y el de la superioridad moral de la Concertación, templada en los años de la dictadura, que ahora está siendo ensombrecida por los casos de corrupción. Creo que estos dos factores hacen que nuestra sensación de inoperancia del aparato público sea mayor a lo que es en realidad.




Sentido de equipo



Las individualidades en los gabinetes, como en los equipos de fútbol –dice él– son importantes. Pero lo más importante es que haya colaboración, que se juegue armónicamente. Yo creo que Pérez Yoma contribuye mucho a eso.

Navarrete cree que, más allá de la discusión sobre el tamaño del Estado, es imprescindible para el país un aparato público más eficiente y profesional que el actual, Desgraciadamente, señala, esta es una discusión que se no se ha abordado con profundidad. La verdad es que ni siquiera ha comenzado. Esto, entre otras cosas, porque se quiere presentar como incompatible la política con la técnica. “Como si la técnica –dice– fuera una cosa distinta de la política en el sector público. Lo que aquí está en cuestión no es que las personas vayan a desempeñar sus cargos sin tener ideas políticas. Lo que está en cuestión es que personas que teniendo esa convicción, tengan a su turno destrezas técnicas adecuadas para el buen desempeño de los cargos”.

A su juicio, esa no es la única discusión que falta. El país, dice, tampoco ha adoptado una definición política de cuáles son los bienes –en qué calidad y en qué cantidad– que la sociedad chilena está dispuesta a garantizarle a los ciudadanos. Y señala que como además cometimos la torpeza de acordar el periodo presidencial a cuatro años, “tenemos que aceptar que seremos cada vez más reacios a alcanzar acuerdos que involucren varios períodos, independientemente de quien gobierne, por la ventaja que le daría al gobierno que haga esa definición”.

Así como le preocupa la dilación de desafíos que son fundamentales, a Navarrete también le perturba la crisis de la política. “Quizás esté bien –dice– que la política tenga menos centralidad. Los jóvenes, por ejemplo, en cierto sentido son más apolíticos que antes. Pero al mismo tiempo están más radicalizados. Ojo, esto no significa que la sociedad se haya despolitizado. Lo que ocurre es que la politización es distinta. Todo el movimiento de blogs, fotologs, y foros tiene un potencial movilizador muy superior a los antiguos mitines y manifiestos. El Wena Natty dice de la juventud chilena mucho más que varios de los estudios de Mideplan”.

Dice que entender estos fenómenos es difícil. Dice que la Concertación vive una crisis de representación y es víctima de su propio éxito. Dice que no entiende los profundos cambios de una sociedad que ella misma contribuyó a transformar. Dice que las tradicionales respuestas de la política se vuelven insuficientes, porque no son tan concretas ni tan precisas como los ciudadanos quisieran. Yendo más lejos, dice que el desafecto es peligroso, porque se puede traducir en cuadros de violencia e ingobernabilidad difíciles de manejar. Y ve atisbos concretos en este sentido en el movimiento mapuche, en la movilización estudiantil y en la dinámica laboral. “Cuando la política –expresa- deja de ser el espacio para tener y zanjar estas conversaciones, los problemas no se terminan sino que revientan, incontrolados en otra parte. Y algo de eso puede estar empezándonos a ocurrir”.

 

 

El o la que habrá de venir

 
Para Jorge Navarrete, la Concertación no tiene más que estas tres opciones. Y duda que en la Alianza la UDI pueda levantar un candidato propio.

Soledad Alvear. Ha demostrado gran capacidad técnica y política como ministra del Sernam, Justicia y canciller durante casi 16 años. Tiene mirada de país y podría representar un proyecto. Pero la crisis que atraviesa la DC y lo que pudiera ser un enfrentamiento electoral muy álgido y duro tanto en los dichos como en las conductas podrían jugarle en contra. No creo que el ser mujer también le sea adverso.

José Miguel Insulza.
Representa bien el ethos concertacionista y tiene destrezas absolutamente probadas. Pero la distancia le ha traído algunas difi cultades. Siendo un maestro –como dicen los futbolistas– en el manejo del tiempo y la distancia, se e ha visto poco fino en los últimos meses, y eso también puede tener que ver con la ansiedad y con las ventajas de tener un cargo cómodo y grandes posibilidades de ser reelegido. Acá, ni siquiera cuenta con la nominación de su propio partido. Dijo además, que no sería candidato si esto significaba tener que competir hasta el día de la elección en primera vuelta, cosa a la que Alvear sí estaría dispuesta.

Ricardo Lagos.
Era la persona mejor calificada para ser el candidato. Pero, habiéndose instalado un fuerte cuestionamiento al legado de su gobierno, es prematuro hacer una evaluación de los daños políticos que esto le ha signifi cado. Sin embargo, por su condición de ex presidente, por su carácter y por cuestiones que tienen que ver con la naturaleza humana, yo no lo veo compitiendo en una elección interna. La posibilidad de que sea el nominado está asociada a que la Concertación se lo vaya a pedir en bloque… en procesión y posiblemente a Caleu.

Por el lado de la Alianza, Jorge Navarrete cree que la UDI cometió un error al dejar caer a Pablo Longueira, a juicio suyo el dirigente que mejor podía interpretar el ethos de su partido. Hoy, si es que Lavín, tal como lo ha venido diciendo, no compite, a UDI terminará desdibujándose en la próxima elección presidencial, porque no tiene a adie –ni de lejos– capaz de hacerle sombra a Sebastián Piñera. Según Navarrete el llevar candidato le sirve a los partidos no sólo para proyectar a uno de los suyos a la jefatura del Estado sino también para optimizar su epresentación parlamentaria y fortalecer su imagen o marca en el mercado de la política, por así decirlo.

 

La G-80


Es interesante la lectura que tiene Jorge Navarrete de la G-80, la generación dorada de la DC o la generación de los superintendentes, que por formación y experiencia en la gestión pública dio a este partido en el frente económico-social un plus que no ha tenido en el frente estrictamente político.

-La G-80 –dice Jorge Navarrete, un poco menor que ellos– tuvo una participación muy activa en el proceso de ecuperación democrática por su experiencia en la universidad. Es probablemente la generación más brillante de todos los partidos políticos, con nombres como Ferreiro, Quintana, Undurraga, Orrego, Micco, Jélvez, Abedrapo, Frábrega, Inostroza, Saldoval… Habiéndose formado en el extranjero, en buenas universidades, entraron al aparato público desde la política pero aprovechando el espacio de las políticas o de las gerencias públicas. Y alcanzaron destrezas profesionales muy fuertes. El hecho de ocupar una gran cantidad de tiempo en el aparato público, sin embargo, no les permitió mantener o generar redes políticas para potenciarse y asumir otro tipo de responsabilidades en los partidos, en el parlamento, en el gobierno. Es una generación solitaria, sumamente individualista, hija de su tiempo… Su gran pecado es no haber entendido que la suma de las individualidades era superior a las partes y creer que podían hacer una carrera en el aparato público sin mucha conexión con los partidos. Pero la G-80, al final, carece un gran capital político para asumir liderazgos más desafi antes. Las salidas de dos brillantes ministros –Orrego durante Lagos y Ferreiro, ahora– no tuvo costos sino para ellos y para quienes somos sus amigos, pero nada más. Por lo mismo no me compro muchas veces el lamento de mis amigos. Más que incomprendidos, es que cometieron yerros que son de responsabilidad propia.



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Comentarios

1 Comentarios

Jose Miguel Matta :

Publicado Miercoles 20 de Octubre, 2010 - 11:37 hrs

¿cualquier cantidad?

 
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