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Artículo correspondiente al número 264 (30 de octubre al 14 de noviembre de 2009)
Ultimo capitulo de nuestra serie sobre candidatos en terreno. Turno de Jorge Arrate, a todas luces el único de los pingos en carrera que tiene bien claras sus opciones. Y por eso anda tan relajado. Por Federico Willoughby Olivos
Patronato es Túnez
>> Jueves 15 de octubre, Barrio Patronato.
Se ve buen tipo, Jorge Arrate. Su pelo blanco, sus bufandas de color rojo y sus trajes de corte clásico le otorgan un particular parecido con el doctor Chapatín, ese entrañable personaje de Chespirito. Y si bien no es claro que Arrate sepa de su parecido, lo que sí se nota que sabe es que su carrera por el sillón presidencial está perdida, quizás por eso, se toma las cosas con un poco más de humor. Y ojo, humor no quiere decir con menos seriedad o menos ganas, sino que Arrate se permite momentos de relajo que le favorecen. Es cosa de recordar el debate en TVN, donde sacó más de una sonrisa y, a juicio de muchos, fue el ganador porque, justamente, era el único de los cuatro que no tenía nada que perder.
Son las 11:30. Arrate es seguido por un pequeño séquito de banderas mientras camina por la calle Encomenderos para un encuentro con la Cámara de Comercio de Patronato. En el quinto piso de un edificio café-ladrillo lo espera con dulces árabes un grupo de empresarios, mientras abajo alguna gente se asoma desde las tiendas, lo ve y dice cosas como “ah, pensé que era Piñera” y se vuelven a guardar. Otros lo saludan a lo lejos y hasta se escuchan unos “¡fuerza, compañero!” del otro lado de la calle. Arrate, ante todo un caballero, saluda amable, entra al edificio y sube a su cita.
El quinto piso de Encomenderos 260 es amplio, quizá demasiado porque, pese a que hay unas 30 personas presentes, todavía queda una buena cantidad de sillas vacías, situación que no pasa desapercibida para el jefe de ceremonial, Carlos Abusleme, quien además de saludar al candidato le explica que “no hay más gente porque el resto están trabajando”. Lo que sigue es un breve discurso de Abusleme pidiendo, básicamente, un poco de ayuda. “Somos sobrevivientes, no queremos que nos regalen nada, solo pedimos poder pagar tasas de créditos similares a las del BancoEstado”, o “hay que tener en cuenta que existe una miseria con corbata, que son viudas que viven en muy buenas casas en el sector alto pero a quienes no les queda nada más que la casa, hay que considerarlas”, fueron algunas frases de su petitorio. Le toca a Arrate quien, como viejo zorro, parte mostrando su vínculo emocional con el barrio. Habla del restaurante Venecia, de Pío Nono, y de un alemán que solía hacer el mejor chucrut de Santiago y tenía su local en algún lugar de Patronato. Cuenta de sus almuerzos como estudiante con Juan Facuse, acompañados de dulces árabes, y –entre medio– compara las calles de Patronato con las de Túnez. A partir de ahí entra en materia y promete cosas como que en su gobierno no permitirá los monopolios y lanza la idea de dejar en las zonas turísticas exclusivamente a hoteles a cargo de Pymes. También apuesta por sacar a los mall fuera de la ciudad e impedir que las grandes empresas tengan descuentos por volumen a la hora de comprar insumos. Quizás porque con su porcentaje en las encuestas es difícil que salga elegido, es que nadie le pregunta cómo lo pretende hacer. Y así, luego de unos 20 minutos y unas cuantas bandejas de dulces árabes, Arrate parte a recorrer las fábricas textiles que hay por los alrededores.
Made in Chile
El candidato camina por Patronato acompañado por Abusleme. Se dirigen hacia un par de fábricas que quedan en el barrio. La idea es mostrarle al candidato el poder emprendedor que existe al interior de estas calles. Abusleme, que hace de maestro de ceremonias, va presentando a Arrate y aquí, lo curioso: la gente no se acerca a saludarlo. Si para Marco, Piñera o incluso Frei, caminar una cuadra puede tomar tranquilamente una media hora, producto de los forzosos saludos y fotos, a Arrate no le toma más de 5 minutos. Y no es que la gente no lo reconozca o lo ignore. Simplemente, parece que el pueblo está ocupado.
El destino de Arrate es la fábrica de confecciones La Oriental, que en su parte de atrás tiene un taller de máquinas donde trabajan unas 6 mujeres. El candidato llega con la prensa que lo llueve de fotografías y –nuevamente– la magia del 1%: ninguna de las mujeres levanta siquiera la cabeza, pero claro, qué quieren, están trabajando.
Fuerza, compañero
>> Viernes 16 de Octubre, Las Condes
Esta vez, la actividad de nuestro protagonista tiene como foco a un grupo de afectados por prácticas antisindicales que están frente a un edificio en Apoquindo, protestando. O bueno, eso al menos dice la convocatoria, porque lo cierto es que sí, hay gente protestando con carteles y lienzos, pero también es cierto que son menos de 15 y en su mayoría, estudiantes.
Arrate llega puntual (en eso se luce, no hace esperar 20 ó 30 minutos como sus colegas candidatos), aprovecha de saludar a los manifestantes, conversa sobre lo que pasó y de ahí, punto de prensa para contar lo que espera hacer en materia laboral. La actividad no toma más de 20 minutos. Arrate se va, los protestantes gritan una vez más: “en un sindicato/ peleamos los derechos/ que el patrón/ nos ha robado” y recogen el lienzo y listo, aquí no ha pasado nada.
Renacionalización nacional
>> Lunes 19 de Octubre, Casa Matriz de Codelco
La actividad es a las 10 de la mañana y a esa misma hora podemos ver la comitiva de Arrate (léase él y el grupo de banderas que lo sigue) acercándose por Huérfanos hacia el edificio de Codelco. La prensa le espera y lo sigue un grupo de señores de edad que, me entero, son el “Comité de defensa y recuperación del cobre”.
Ojo, la idea no es entrar a las oficinas sino generar una instancia para que el candidato cuente sus ideas para renacionalizar el cobre que consiste, básicamente… en renacionalizar el cobre. Habla a la prensa, le hacen preguntas, repite una vez más que él no está haciendo campaña por Frei. Una mujer de la calle lo interrumpe para decir que a su marido lo echaron de Codelco y que son una manga de corruptos. Los señores de edad la aplauden. Arrate confirma lo que ella dice con la cabeza y las cámaras la apuntan. Se arma un pequeño circo y, por fin, la gente nota que Arrate, el candidato a presidente, está ahí.