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Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)
El máximo responsable editorial de este influyente semanario hace un juicio benévolo de Chile y la region, se declara critico de las politicas bancarias de su pais y explica a que se refiere cuando en su ultimo libro asegura que “Dios esta de vuelta” en la sociedad y en la política.Por Jorge Abasolo Aravena.
Un adagio muy arraigado en los medios periodísticos apunta que la confianza no se pide... se gana. Esto es particularmente válido en el caso de The Economist, cuyo sorprendente prestigio le permite sostener ventas que bordean el millón 400 mil ejemplares por semana, de las cuales cerca del 80% se produce fuera del Reino Unido.
De algún modo este semanario –que, por cierto, no es infalible– hace a sus lectores verdaderos fans. En Chile, Francia, Italia o Alemania, sus seguidores, ya sean de la vereda de la derecha o de la izquierda, son incondicionales.
The Economist forma parte de The Economist Group, consorcio localizado en Londres y que también es propietario del periódico Roll Call, diseñado para ser leído por conspicuas figuras políticas en Washington DC. También edita European Voice, muy respetado en Bruselas, sede de la Unión Europea. Otra de sus áreas muy respetadas es la llamada Unidad de Inteligencia de The Economist, que publica informes detallados de la situación política y el escenario económico de distintos países, especialmente los del Tercer Mundo.
El éxito de The Economist obedece a muchos factores, pero sin duda uno de los más importantes tiene que ver con que el lector promedio puede depositar su confianza en esta revista que, además de hechos, le proporciona opiniones. De más está decir que cuenta con la ventaja de estar bien escrita y que, lejos del circunloquio o el lenguaje florido, elude de manera magistral los mensajes entrelíneas con aviesos propósitos. The Economist no juega a la ambigüedad... va de frente en sus puntos de vista.
Ah, y aunque es sabido, no está de más reiterar que los artículos en The Economist no van firmados.
Aunque el magazín fue publicado por primera vez en septiembre de 1843 por James Wilson (un político activista en el Reino Unido), uno de los editores más famosos que ha tenido fue Walter Bagehot (1860-1877). Hoy su director es John Micklethwait, un graduado de Historia en el Magdalen College de Oxford. Nacido en Londres en 1962, Micklethwait trabajó como banquero en el Chase Manhattan Bank hasta que en 1987 se integró a la publicación. Desde entonces, sus trabajos han incluido la creación de la oficina en Los Angeles, donde trabajó desde 1990 hasta 1993, siendo el encargado de medios de comunicación del periódico; editor de la sección de negocios y director de las oficinas de Nueva York, donde se edita la versión para Estados Unidos.
Aunque este joven historiador y economista considera que en toda revista que plasme opiniones debe haber una influencia rectora, estima que la independencia es uno de los factores esenciales para abarcar un público extenso. De ahí que cuente con un consejo de redacción que se hace responsable colectivamente de la información, el análisis y las opiniones expresadas, incluyendo las preferencias de voto de The Economist en las elecciones británicas.
Sobre su publicación, Chile y la actual crisis hablamos con este entrevistado...
-Partamos por el principio: ¿qué sabe de Chile?
-Aunque es poco lo que sé de Chile, sí tengo claro que ahora en Europa el país da una buena impresión. Habitualmente Argentina y Brasil solían ser los referentes de Latinoamérica, pero ahora la idea de que Chile es un éxito está ampliamente difundida. Y aunque tenga varios problemas, que han sido reporteados, me atrevo a decir que éstos no tienen tanta cobertura como sus éxitos... o los espacios que acapara Hugo Chávez.
En general, existe la idea de que Chile está aislado de todo aquello que tenga que ver con populismo y demagogia. Se le tiene por un país serio y respetado, y creo que el mundo ve a Chile ahora con otros ojos.
-En el plano económico, ¿diría que América latina cuenta con instituciones sólidas como para atraer inversiones?
-Sí. Ha habido un gran cambio en la forma en que América latina es percibida desde Europa. Es interesante ver cómo en la actual crisis financiera, aunque sea un ejemplo obvio, la región ha tenido un piso bien logrado. Sin obviar las cifras de México, que han sido terribles, América latina lo ha hecho bastante bien.
-Con todo, ésta sigue siendo la región más desigual del planeta. ¿Cómo percibe usted esta situación?
-Primero, no creo que sea la región con peor distribución de riqueza en el mundo. Yo creo que deberían chequear esto. Cuando uno va a Latinoamérica advierte una región de bastante pobreza, al igual que en otras partes del mundo. No obstante, yo diría que en general la zona ha progresado y The Economist quisiera que eso siguiera avanzando.
Ahora, digamos que no todos combaten la pobreza y la desigualdad con las políticas correctas. Nosotros no estamos a favor de las fórmulas simplistas que plantean quitar dinero a algunos para darles a otros... aunque no se puede dudar que hay algunas personas que están obteniendo dinero de forma injusta. Creemos que el tema pasa por mejorar las políticas pro competencia. Estamos más por difundir la idea de que exista una mayor diversidad y no una mayor concentración de riquezas.
-En todo caso, los países de Asia están creciendo al doble que nosotros. ¿Cómo explicar este hecho?
-Creo que hay varias razones, pero no por ello dejaría de mirar los casos de Brasil y el de ustedes, en Chile. De hecho, el gran salto hacia adelante que ha logrado Chile se compara bastante bien con la mayoría de los países asiáticos. Es más, para mí el caso chileno es más ejemplar en muchos aspectos, ya que hay muchas cosas que no son precisamente maravillosas en Asia. En este sentido, insisto en que existe un claro reconocimiento a lo que está haciendo Chile.
Por lo demás, el que las cosas no estén tan abajo en Latinoamérica y que el progreso de la región sea notable me recuerda el caso de China. Hasta hace pocos años China estaba abajo y nada hacía predecir un despegue meteórico. Pues bien, hoy las cosas son muy distintas y China ha logrado dar un tremendo salto hacia arriba, cuestión que me parece bien.
-¿Los defectos de América latina nacen de una visión política equivocada, o sea de una mala relación entre gobierno y sociedad?
-Como un outsider que ve las cosas a distancia, insisto en que es notable cómo América latina ha cambiado en los últimos 20 años. Miremos, por ejemplo, el caso de Honduras. Es un país pobre (y, claro, eso está mal), pero que está en el centro del debate. La mirada del mundo hacia América latina ha cambiado. Hace quince años, un golpe de Estado en Honduras no conseguía más que un párrafo en el New York Times… y ahora el asunto es diferente, porque el mundo exige que América latina esté a la altura de las democracias más avanzadas.
Con todo, hay cosas que llaman la atención... y no edificantes, precisamente. Por ejemplo, que si bien es el presidente Lula quien está haciendo un excelente trabajo, sea Hugo Chávez el que llene páginas y páginas en los diarios.
-¿Cree que Hugo Chávez es un impedimento para lograr la ansiada unidad latinoamericana?
-Deje hacerme cargo sólo de una parte de la pregunta: no creo que Hugo Chávez le haga bien a América latina. Ahora, si él es un obstáculo para lograr la unión de la región, creo que nuestro editor para Latinoamérica, Mike Reed, sería el más indicado para responder. Mi opinión personal es que Chávez es un obstáculo para todo… (sonríe) y que no logra que las cosas avancen en el sentido correcto.
Las cosas en perspectiva
-Señor Micklethwait, ¿cuánto de iné-dito tiene la crisis financiera actual?
-No sé si se pueda hablar de inédito. Virtualmente todas las crisis bancarias han tenido problemas de burbujas en propiedades. Recuerdo un tiempo en que en Japón el palacio del emperador valía mucho más que todo el conjunto de bienes raíces del Estado de California, lo que era una locura. Normalmente, una burbuja en las propiedades es una de las grandes señales de que hay una crisis adelante en el camino. Son hechos de ese tipo los que nos tienen que dar el aviso para reaccionar.
-Con todo, convengamos en que los países europeos, con todas sus críticas al capitalismo salvaje y a la falta de regulaciones del sistema anglosajón, han sido bastante golpeados, teniendo sistemas bancarios que actuaron de modo bastante irresponsable.
-Si la pregunta es si soy crítico de las políticas bancarias británicas, le respondo que sí, que soy crítico de esas políticas. Es más, le añadiría que en términos globales las críticas a las regulaciones bancarias europeas tienen que ser tomadas en serio.
-En su libro The Right Nation se señala que Estados Unidos se ha transformado en una nación conservadora en cuestiones fundamentales. El presidente Obama, ¿enfatizará esa tendencia?
-Sin duda, Estados Unidos es un país bastante conservador comparado con otros países. Obama es un presidente de derecha mucho más que cualquier presidente de derecha que pueda yo pensar en Europa, en términos de sus creencias y de cómo manejar el Estado, o en cuanto a cómo tratar a los criminales, por ejemplo. Generalmente en Estados Unidos pasa eso. Aunque Obama pueda ser de izquierda, él termina siendo mucho más de derecha que lo europeos.
-¿Qué opina sobre los primeros meses de la administración Obama?
-Dos cosas sobre Obama: existe un grupo de medios de comunicación que está totalmente enamorado de él, y hay otro grupo que lo acusa diariamente de ser un comunista. Extrañamente, yo diría que Obama está en un lugar al medio de todo esto. Lo más probable que no se sienta tan cerca de lo que sus votantes han supuesto y las críticas de parte de ellos deberían ser más fuertes con el transcurrir del tiempo. Por otro lado, los ataques de la derecha hacia Obama son esencialmente basura, son ataques de mala leche. Es por ello que la idolatría hacia Obama lo ha blindado en una especie de seguridad. Sin embargo, tiene varios problemas en el ámbito de la salud pública y también en lo concerniente al medio ambiente, de los que debe hacerse cargo.