Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Jesse Helms. Un gladiador de la guerra fría

Herramientas

Reportajes y Entrevistas
Jesse Helms. Un gladiador de la guerra fría

Artículo correspondiente al número 233 (25 de julio al 7 de agosto de 2008)


A comienzos de julio –más precisamente el mismo día de la Independencia de Estados Unidos- falleció uno de sus senadores más experimentados y polémicos. Reconocido defensor de las ideas conservadores, dejó huella en Chile con una controvertida visita que realizó en 1986 y con su posterior oposición a la detención de Pinochet, como lo recuerda en este artículo. Por Patricia Arancibia Clavel.



jesse helmsCuando en julio de 1986 el senador norteamericano Jesse Helms llegó a Chile, hubo satisfacción en las esferas del gobierno. Las relaciones con Estados Unidos no pasaban por un buen momento y el ilustre visitante –amigo personal del presidente Reagan– era un buen contrapeso a la presencia seis meses antes del senador demócrata Edward Kennedy, impulsor de la enmienda que desde 1976 impedía a Chile recibir ayuda militar estadounidense. Tanto Kennedy como el propio embajador norteamericano en nuestro país, Harry Barnes, eran furibundos adversarios del presidente Pinochet y sus frecuentes intromisiones en la política interna chilena habían ido acentuando la distancia entre ambos gobiernos.

Con todo, la iniciativa de invitar a Helms no surgió del ámbito político sino que del área privada y, específicamente, de la Sociedad Nacional de Agricultura. Manuel Valdés, el batallador dirigente de los productores agrícolas que por entonces encabezaba la organización gremial, cuenta que, interesado por abrir nuevos mercados a la producción nacional –especialmente frutícola– y preocupado por las alteraciones que estaba provocando en el mercado interno un programa inorgánico de donación de excedentes de leche enviada desde Estados Unidos y que impedía una competencia leal, decidió “sin preguntarle a nadie” viajar a Washington e invitar personalmente a Helms, quien era en ese momento el chairman de la comisión de Agricultura y Nutrición del Senado.

“Nosotros –recuerda– estábamos cansados de que Barnes no buscara soluciones y torpedeara todas nuestras iniciativas de progreso y entendimiento. En lo puntual, las entregas de leche habían llegado a constituir el 30% de la producción nacional, afectando claramente a los precios. Teníamos noticias de que esa leche en polvo se utilizaba incluso para rayar las canchas de fútbol y pensábamos que, si se seguía entregando de manera irracional y sin aviso, significaría la ruina de los productores lecheros. Fue entonces que, conversando un día con Gregorio Amunátegui, me dijo que quien podía ayudarnos era precisamente Helms, un hombre tremendamente influyente y bien dispuesto con Chile”.

Amunátegui tenía razón. Jesse A. Helms, era –sin duda– la voz más potente del ala tradicional del Partido Republicano. Temido pero escuchado, había nacido el año 1921 en Monroe, Carolina del Norte, donde su padre se desempeñaba como jefe de la policía. La Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en la universidad y se enroló en la Marina. Después, y poco a poco, se fue haciendo un nombre como editor de periódicos y comentarista político en radio y televisión, haciendo suyo el punto de vista del Partido Demócrata. Pero los excesos de los 60 –la década prodigiosa– lo empujaron hacia las filas republicanas. Sin embargo, nunca fue propiamente un hombre de partido, sino más bien un solitario que jamás disimuló su desprecio por los yes men ni por esa especie que aquí llamamos “crías fiscales”. Esta independencia le fue reconocida como esencial en su capital político. A partir de 1973 y por 30 años seguidos representó a su Estado natal en el Senado, llegando a presidir los comités de Agricultura y de Relaciones Exteriores.

 

 

 

Un anticomunista integral




El eje de su actividad pública –en realidad, la razón de ser de su compromiso político– fue la contención del comunismo. Coincidió en esto con la mayoría de su generación, pero se destacó por la energía y franqueza con que defendió los valores y principios de la sociedad libre, a los que identificó con el interés nacional.

Según él veía las cosas, por la naturaleza misma de la guerra fría la verdadera amenaza a la libertad no radicaba en la maquinaria militar soviética, sino en la debilidad moral de los dirigentes occidentales que preferían callar o transar en vez de luchar para hacer prevalecer la libertad. Considerado un “halcón” de la política exterior norteamericana, Amunátegui, quien lo conocía desde 1964, lo define como “un anticomunista integral” y como “uno de los pocos dirigentes políticos del mundo occidental que apoyaron siempre y sin reservas a Pinochet”.

De hecho, en octubre de 1979, cuando en el Senado norteamericano se discutió la decisión de la Corte Suprema chilena de no conceder la extradición a tres oficiales del ejército involucrados en la investigación del caso Letelier, Helms no tuvo pelos en la lengua para referirse a este último como “agente de la DGI cubana” y señaló que le parecía muy curiosa la posición de quienes afirmaban que existía en Chile un estado de ilegalidad. “Cuando quienes critican a Chile están acusando a su gobierno de actuar en contra de la ley, están solicitando al mismo tiempo que las leyes de Chile sean puestas de lado para acomodar sus predilecciones políticas aquí, en Estados Unidos. Sus peticiones están basadas en el arrogante principio de que los sistemas judiciales de los países extranjeros necesariamente son inferiores a los nuestros. Esta es una manifestación del prejuicio étnico que han debido sufrir los países latinos de manos de los liberales en Estados Unidos, quienes adoptan una actitud condescendiente hacia esos países y sus instituciones”, señaló.

 

 

 

Destino: Chile




Aunque la visita de Helms a Chile era de carácter privado, la importancia y el peso político de su figura, así como el evidente interés que su opinión tenía para el gobierno, hicieron que el entonces embajador en Estados Unidos, Hernán Felipe Errázuriz, lo acompañara en este viaje. “Helms –relata el ex diplomático– era un hombre íntegro, austero, que ayudó mucho a Chile. Tenía muy malas pulgas y era muy político, aunque incorrecto. Por ejemplo, tenía claro que ser presidente de la comisión de Agricultura, era mejor electoralmente hablando que ser chairman de la comisión de Relaciones Exteriores”, cuenta Errázuriz y añade: “los políticos –me decía– no saben que las relaciones exteriores no dan votos. Pinochet, que no estaba acostumbrado a los halagos provenientes del exterior, estaba feliz con su visita. Vino en momentos muy complicados y lo hizo, incluso, contra la voluntad del Departamento de Estado. Tenía una querella personal con Barnes y no se medía en sus críticas hacia su desempeño. Le tenía cero respeto”.


Esa impresión es ratificada por Manuel Valdés, quien fue testigo de una bochornosa reunión en la suite del hotel Crown Plaza, donde Helms estaba alojado. “Nos reunimos los tres para analizar el tema de la leche y yo me sentí muy mal porque lo trató pésimo, como a un simple mensajero. Entre otras cosas, le dijo en mi presencia: recuerde que en mis manos está la selección de los embajadores de Estados Unidos, y lo conminó a solucionar este problema. En verdad, era un personaje con mucha fuerza, que no se amilanaba ante nadie. Después de esa reunión, el tema de la leche se resolvió definitivamente” , recuerda.

 

 

 

Apoyo al modelo




Helms era un decidido partidario de la economía de libre mercado y un gran admirador del esquema implementado en Chile por el gobierno militar. Luego de un almuerzo con los ministros de Hacienda, Hernán Büchi, y de Agricultura, Jorge Prado, comentó con la prensa que tenía claros y objetivos antecedentes “acerca del tremendo progreso logrado aquí en Chile para aumentar las exportaciones de productos agrícolas”, precisando que “si Chile sigue con el sistema de libre empresa, el futuro de la exportación de frutas a Estados Unidos será muy promisorio”. Añadió que “la agricultura socializada jamás ha dado resultados y nunca va a tener éxito en ningún país del mundo, incluyendo Estados Unidos, que ha tenido experiencias muy desagradables cuando el gobierno ha tratado de intervenir en esta área”. Explicó que su posición personal siempre había sido contraria a la aplicación de eventuales barreras proteccionistas o de fijación de precios mínimos en la agricultura, y se mostró muy satisfecho de lo que se estaba haciendo en Chile. “Yo sólo quiero estimular la cooperación y comprensión entre los productores de ambos países”, agregando que no veía inconvenientes en que hubiera una incursión chilena en el mercado norteamericano.



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com