|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Jean Paul Luksic: “regalar plata es una tontera” |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 294 (25 de febrero al 10 de marzo 2011)
El menor de los hijos hombres de Andrónico Luksic Abaroa no cree en la filantropía. Al igual que su padre, sostiene que regalar plata es botarla a la basura; y que si de ayudar se trata, hay que comprometerse y gestionar de principio a fin cada iniciativa. Con esa doctrina se involucró a fondo en la reconstrucción de caletas arrasadas por el terremoto y maremoto del 27/F. Capital lo acompañó hasta Loanco, en la VII Región, para conocer más sobre su faceta de empresario-social, sus experiencias en la materia y el rol de sus pares en estas lides. Por Antonieta de la Fuente; Fotos, Verónica Ortiz.

A Jean Paul Luksic Fontbona (46 años) no le gusta ser el centro de atención. Prefiere pasar desapercibido y andar tranquilo por la vida. Por eso, mientras posa para las fotos de esta entrevista en la playa de la caleta Loanco –una de las devastadas por el maremoto y que Antofagasta Minerals, el grupo minero que preside, acaba de restaurar completamente– confiesa que se siente incómodo. También deja en claro que las “poses poéticas” –como mirar el horizonte en actitud reflexiva– no van con él. Es un hombre práctico, concreto, que se mueve en el mundo de los números, las decisiones y la ejecución de proyectos.
Un poco tímido y de carácter reservado, quienes lo conocen dicen que es un “hombre de familia”; que no le gusta mucho la vida social; que prefiere pasar su tiempo libre yendo al cine con su mujer, la inglesa Belinda James y sus hijos; veranear dentro de Chile –por estos días descansa en Chan Chan, el fundo que su familia tiene en la ribera del lago Panguipulli– y practicar polo y enduro ecuestre, dos de los pocos hobbies que se le conocen. En eso es muy distinto a sus dos hermanos mayores, Andrónico y Guillermo –hijos del primer matrimonio de Andrónico Luksic Abaroa con Ena Craig– más acostumbrados a la vida social y cuyas aficiones, como escalar montañas y pilotar aviones, les confieren un perfil más glamoroso.
Tampoco destaca por sus inversiones personales. Al contrario de sus hermanos, que figuran como empresarios activos en la búsqueda de nuevos negocios –Canal 13 o Viña Tabalí– Jean Paul prefiere el bajo perfil y, aunque formó su propia family office a mediados de 2009, en el mercado se comenta que invierte todas sus platas fuera de Chile.
Es hombre de pocos amigos, pero muy cercanos. En su grupo de confianza están Denis Kennedy, empresario de la industria cosmética, a quien conoce desde sus años de estudiante en el Grange School; Ramón Jara, su mano derecha en Antofagasta Minerals, y Marcelo Awad, vicepresidente ejecutivo de la compañía. “Jean Paul es una persona que sabe trabajar muy bien en equipo. Escucha mucho, pregunta opiniones y no impone sus puntos de vista para tomar una decisión”, revela un colaborador cercano.
A pesar de su personalidad introvertida y de rehuir a los eventos sociales, su exposición pública ha ido en aumento en el último año. Con los altos precios del cobre, el holding minero no deja de crecer y es, sin duda, la principal fuente de riqueza de la familia. Pero también la veta social de este empresario lo ha colocado en la palestra pública. Así sucedió, por ejemplo, el año pasado durante la campaña Chile Ayuda a Chile, en la que Jean Paul participó activamente como telefonista, junto a personajes como Américo, Marcelo Bielsa y Stefan Kramer.
Ahora, vuelve a tomar protagonismo en la reconstrucción con su proyecto La Ruta de las caletas, que Antofagasta Minerals desarrolla en la VII Región. Hasta allá llegó el viernes 11 de febrero para inaugurar la caleta de Loanco, la primera reconstruida por la empresa, con el apoyo del gobierno y de la Asociación de Oficinas de Arquitectos, a la que se sumarán Pelluhue, Curanipe, Pellines, Boyecura y Duao. Y hasta allá lo acompañó Capital…
-¿Dónde estaba usted el día del terremoto?
-En mi casa en Santiago. Habíamos recién llegado del sur a las 8 de la noche, con mi familia. Y por suerte estábamos todos en la casa y no tuvimos el problema que tuvieron otras familias que estaban separadas, con los niños en discoteques o en cualquier parte.
-¿Cuándo se dio cuenta de la magnitud de lo que había pasado?
-Yo creo que todos nos dimos cuenta de la magnitud esa misma noche. Después, lo primero que hicimos fue reunirnos para evaluar cómo nos había afectado en nuestras operaciones y a las familias de nuestros trabajadores. Terminamos bastante tranquilos. En general todo estaba bien, así es que tras esa reunión comenté a los ejecutivos de la compañía que, dado que no teníamos ningún problema, teníamos que pensar en cómo ayudar a la reconstrucción de Chile. Fue un llamado muy general, que pensaran cómo lo podíamos hacer. Nada más. Y en la tarde empezaron los primeros llamados: “porqué no hacemos esto”, “¿te acuerdas que para el terremoto de Tocopilla ayudamos así?”
-¿Cómo surgió la idea de apoyar la reconstrucción de las caletas? ¿Cuál es su vínculo con la región?
-No tenemos ninguno en particular... Yo llamé a la autoridad y le ofrecí la posibilidad de ayudar en una primera etapa en llevar maquinaria y despejar los caminos de acceso. Empezamos en Talca. Ahí nos dimos cuenta de que había un pueblito, que se llama Curepto, que estaba mucho más complicado, y empezamos a trabajar en forma muy fuerte con su alcalde. Entonces decidimos que, como grupo, queríamos quedarnos un tiempo mas largo y colaborar no sólo con recursos financieros sino también con gente nuestra, con capacidad de gestión. El domingo 7 de marzo del año pasado nos reunimos en las oficinas de Rodrigo Galilea, el intendente de la Región del Maule, que estaba a días de asumir en su cargo, para evaluar qué hacer. El tenía súper claro que una de las zonas más afectadas era el borde costero. Dado que nosotros tenemos mucha relación con comunidades y caletas de pescadores en el norte, tanto en Coquimbo como en Antofagasta, empezamos a conversar y a generar este proyecto.
-¿Cómo se ha involucrado usted en este proyecto? Y en ese trabajo, ¿qué momento lo ha marcado más?
-Desde el inicio participé en las reuniones sobre el proyecto, la conformación de los equipos, para luego ir viendo sus avances y participando también en algunos hitos en terreno, como la entrega de los primeros botes. Muchos pescadores no sólo habían perdido sus casas, también su fuente de trabajo, su bote y motor. Además, las caletas donde operaban quedaron destruidas por el maremoto. Una triple pérdida que nos impactó. Nos pidieron ayuda para recuperar los botes y los motores perdidos, una iniciativa muy importante para comenzar. No fue fácil: había una escasez tremenda de motores, nuestros ejecutivos se ingeniaron para conseguirlos y todo se fue dando gradualmente.
-Y en lo personal, ¿algún momento especial que tenga en mente?
-Tengo en la memoria algunos. El primer bote entregado a los pescadores en la caleta de Pelluhue y la felicidad de don Pedro Segundo Leal, quien a los pocos meses de la tragedia podía volver al mar y empezar a retomar su vida normal. Hoy, es muy satisfactorio ver la alegría de los pescadores y de sus mujeres, porque ellas van a ser las que se queden a cargo de los recintos gastronómicos; ellas fueron capacitadas por Inacap durante dos meses para administrar estos lugares, porque la idea es agregarle valor turístico y gastronómico a esta zona e impulsar el emprendimiento. Esos fueron los lineamientos fundamentales de nuestro trabajo: crear una red de talentos, buscar a la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile, la AOA, que ha desarrollado un trabajo profesional impecable, comprometido y gratuito para que 6 caletas quedaran mucho mejor que antes. Hubo reuniones para desarrollar el programa, seguimiento y mucho, pero mucho trabajo en terreno. De manera voluntaria un vicepresidente y un par de gerentes se ofrecieron para liderar el proyecto… Contactamos a la WWF para que hiciera sus recomendaciones y un análisis temprano y rápido de las condiciones medioambientales mínimas que debíamos cumplir.
|
"Las posibilidades de éxito aumentan si, en los proyectos e iniciativas que buscan un mejor y mayor desarrollo de las personas, se trabaja de manera conjunta entre las empresas, los gobiernos y la sociedad civil".
|