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Artículo correspondiente al número 261 (17 de septiembre al 1 de octubre 2009)
Ante esa realidad, Ivonne y Víctor Peterman empezaron a trabajar en programas de ayuda a las personas de la tercera edad, lo que fue derivando en una serie de talleres de artesanía. “Rodolfo Hoffman me ayudó mucho con el tema de los artesanos, porque él creía en esto de que a las personas hay que enseñarles a querer la naturaleza. En esas conversaciones surgió la idea de crear una fundación”.
En paralelo, el proyecto turístico iba desarrollándose. De los viajes de Ivonne a Europa, empezaron a aparecer las primeras ideas arquitectónicas y de preservación que debía tener el lugar, luego de lo cual comenzó el loteo para la construcción de cabañas bajo una estricta “ética del bosque”, que impedía intervenirlo, sino que sólo permitía construir en los claros y otros lugares predeterminados por la naturaleza.
Asimismo, surgió la idea de levantar un hotel que fuera singular, con un servicio único, pero también de una arquitectura distinta, innovadora, que no interviniera el entorno. Así nació Montaña Mágica, el hoy reconocido hotel boutique que simula un monte. Tras ese desarrollo vino el Baobab –que simula un árbol en medio de la vegetación–, una ampliación del primer proyecto, pero con una mirada diferente.
Poco a poco, Huilo-Huilo comenzó a tomar forma y a ganar fuerza. De hecho, este año se han incorporado al proyecto un spa, un centro de ski, una fábrica de cerveza y los programas de excursión.
La reconversión
Tras la separación de Víctor Petermann e Ivonne Reifschneider, el proyecto Huilo-Huilo ha seguido su curso. “Desde el punto de vista de las propiedades, hay una parte mía y otra de Víctor (...) pero el proyecto sigue intacto, con Víctor más dedicado al tema turístico y hotelero, mientras que yo me he volcado a la Fundación”, explica.
Una organización que Ivonne Reif-schneider decidió crear en 2004. La entidad, que ella preside, tiene por finalidad conservar el bosque nativo, integrando a las comunidades cercanas. “Hay muchos jóvenes que eran niños cuando partimos con esta historia, que en esa época no estaban tan ligados a la madera y que me ayudaron a levantar todo esto. Muchos de ellos se fueron a estudiar, algunos financiados por nosotros, y ahora han vuelto a trabajar en la reserva. Han sido un apoyo fundamental, porque conocen el lugar, a las personas. Son como los reconvertidos de la zona”, define la arquitecta.
Quienes la conocen, señalan que ella creó un equipo de trabajo que ha logrado desarrollar proyectos de conservación e inclusión muy importantes. “La idea de la Fundación es establecer pequeños grupos de microempresarios en las distintas áreas y que nosotros seamos un apoyo, pero con la intención de que después ellos se sustenten por sí mismos, y que los fondos ya no sean sólo nuestros”, señala.
La Fundación trabaja en distintas áreas. Una de ellas es la conservación de la vida silvestre, en la que destaca el proyecto de reintroducción del huemul del sur: no sólo busca la protección de esta especie en peligro de extinción, sino también la difusión y la enseñanza sobre este animal.
También hay programas de investigación de distintas variedades como el puma, el guanaco y la recolección y conservación de semillas para la elaboración de un banco de simientes de plantas nativas. Asimismo, apoya el estudio que está llevando a cabo el CECS (Centro de Estudios Científicos de Valdivia) sobre los efectos del cambio climático en los glaciares del volcán Mocho Choshuenco.
Además, la Fundación colabora con las escuelas Tierra de Esperanza y Juan Carriel, de Neltume, y Lago Azul, de Puerto Fuy; y tiene un área de desarrollo económico local, que trabaja en un proyecto apícola, donde participan especialmente mujeres. Asimismo, existe un taller de bordado y uno denominado Seres mágicos. “En el afán de hacer atractivo el bosque a los niños, nació la idea de crear un taller de criaturas que hacían del bosque algo único. Así nace el proyecto de los seres mágicos, cuya idea es enseñar a los niños y adultos a conservar el bosque a través de éstos. El taller es asesorado por la artista Soledad Castaño, encargada de dar vida a través de los dibujos a estos seres”, explica la arquitecta.
Su nueva batalla
La Fundación no es la única actividad de Ivonne Reifschneider. También se ha convertido en una de las personas clave en la batalla contra la docena de centrales hidroeléctricas que se proyecta construir en la Región de los Ríos.
Revela que su lucha comenzó cuando al llegar a Huilo-Huilo se enteró de la intención de Endesa de instalar una central en Neltume. “Empezó a llegar gente de Endesa con una actitud y un nivel de intromisión en la comunidad terrible, que si estuviéramos en cualquier otro país yo no sé si alguien lo aceptaría. A lo mejor nosotros también somos intrusos, pero ellos llegaron, se instalaron, convencieron a algunos de unas cosas, se han generado bandos y peleas entre hermanos... incluso a las comunidades mapuches del lago Neltume las tienen divididas”, acusa.
A la arquitecta le llamó mucho la atención el plan; claro que en estado de alerta: “por esas cosas de la vida tuve acceso al proyecto de Endesa cuando la firma era del Estado, que se desistió de hacerlo por causas geológicas, como la falla de Liquiñe. Cuando me enteré del proyecto me di cuenta de que querían represar el lago, con lo cual prácticamente eliminaban el salto de Huilo-Huilo y bajaban en 24 metros el nivel del depósito acuífero. ¡Imagínate!, desaparecía el paso internacional del Pirihueico, o sea impactaban el lago Neltume, Pirehueico y finalmente todos los que le siguen, de Panguipulli para abajo”.
Por esa razón Huilo-Huilo está presente en tres juicios contra las centrales que proyectan construir Endesa y SN Power. Si bien este último proyecto está 50 kilómetros más abajo de la reserva, ella insiste en que igual se produce una intervención de aguas que los afecta. “Estábamos súper preocupados por Endesa, cuando de repente me entero de que los de SN Power presentaron a Conama un proyecto que saca el río que pasa por el centro de la reserva a 3 kilómetros de los huemules y se lo llevan a otro lago. A mí casi se me cayó el pelo, porque nos dimos cuenta, investigando, de que esta reserva tiene tres proyectos hidroeléctricos… ¡es como mucho!, ¿no?”.
Recalca que no es una ecologista profunda, ni quiere perjudicar el desarrollo del país o de las comunidades. “No es que esté en contra de todo o del progreso. De hecho, me encanta, pero uno no puede ser tan ciego como para no ver que esto evidentemente va a impactar al bosque. ¿Cuál es el progreso que ellos ofrecen? Que van a traer a 3 mil personas a vivir en una comunidad por cinco años, 2 mil a Futrono y otros tantos a Liquiñe… ¡Cómo nadie mide el efecto que tendría la llegada de personas externas, de 60 mil viajes sacando material!... O sea, hasta acá nada está claro. Es más, nosotros nos enteramos del proyecto porque había un helicóptero que se metió a la mala a la reserva. Así partieron las cosas. Todo lo hacen así”.
Ante ello, Ivonne Reifschneider asume como cruzada el tema de las centrales. Advierte que seguirá trabajando para que las cosas se hagan bien, que exista la menor intervención posible en los bosques de la zona y en sus recursos hídricos. Para que todo se haga en forma conjunta con las comunidades y se defina lo mejor para cada uno. “Quizás las empresas hidroeléctricas generan una danza de millones de dólares con sus proyectos, pero yo no sé hasta qué punto esa danza de millones se queda en la región. Por eso me gustaría poder dejar esto funcionando”, sentencia.