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It's the economy, otra vez

Artículo correspondiente al número 299 (6 al 19 de mayo de 2011)

 

¡Quién lo iba a pensar! Resulta que la crisis económica se ha vuelto tan compleja de manejar para el gobierno de Estados Unidos que ahora los analistas consideran, entre las opciones futuras, que el presidente Obama no consiga la reelección. El problema no es exclusivo de Washington, sino del enredo en que se encuentra un montón de estados en la ruina. Por Marcela Corvalán.

 

Barack Obama quiere recuperar su magia para ser reelegido el próximo año y la fragilidad de la recuperación económica estadounidense es su principal escollo. Después de todo, Bill Clinton evitó la reelección de George Bush padre planteando que era una mejor opción porque el manejo económico de Bush no había sido bueno y la frase It’s the economy, stupid resonó casi como eslogan de campaña.

El peligro para Obama es real. Pese a las medidas extraordinarias de la Reserva Federal y a un multimillonario programa de estímulo económico, Estados Unidos no despega. Por el contrario, los datos más recientes muestran una expansión anémica, de apenas 1,8% en el primer trimestre, con un desempleo porfiadamente alto y un consumo afectado por un mercado de la vivienda que aún no se recupera y las alzas en los precios de los commodities; sobre todo, de los combustibles. La Reserva Federal recortó su estimación de crecimiento para este año del rango de 3,4%-3,9% a uno de 3,1%-3,3%.

Un sondeo reciente de New York Times/ CBS mostró que casi el 80% de los consultados cree que la economía se está estancando o empeorando (y eso, antes de conocerse la cifra oficial para el PIB), un alza de 13 puntos porcentuales en un mes. Según una encuesta de Washington Post/ ABC News, el 57% de los estadounidenses desaprueba la gestión que ha hecho Obama de la economía y 58% rechaza su manejo del déficit presupuestario.

Los observadores explican que al desempleo de 8,8% se suma el salto en los precios de las gasolinas después de que la turbulencia política en Medio Oriente hiciera subir el petróleo. Los consumidores estadounidenses están gastando menos. El consumo personal aumentó 2,7% en el primer trimestre, mucho menos que el 4% del cuarto trimestre de 2010. Y como el consumo representa el 70% de la economía estadounidense, esto se nota. Según The Economist Intelligence Unit, el alza en los combustibles podría compensar el plan de estímulo fiscal de diciembre pasado, que incluía beneficios tributarios y la extensión del apoyo a cesantes.

El ruido generado por la batalla presupuestaria en Washington, que estuvo a punto de provocar el cierre del gobierno federal y que aún no termina, no ayuda a mejorar la confianza. Ahora se vinieron encima la discusión por el déficit fiscal y la necesidad de elevar el techo de la deuda federal, ya en cifras record. La guinda de la torta fue la decisión de Standard & Poor’s de rebajar la perspectiva para la calificación de la deuda estadounidense de “estable” a “negativa”, indicando que hay una posibilidad en tres de que EEUU pudiera perder su calificación AAA en los próximos dos años a causa de la incapacidad de sus líderes para resolver el problema fiscal.

Estados en quiebra


Es probable que los llamativos titulares sobre lo que ocurre en Washington no impactaran tanto el ánimo de los consumidores si la recesión de 2008-09 no hubiera causado los daños que provocó en los presupuestos locales. El Center on Budget and Policy Priorities estima que el año fiscal que se avecina (2012, que comienza en julio) será “uno de los años presupuestarios más difíciles de los que haya memoria. Hasta marzo, unos 44 estados y el Distrito de Columbia proyectaban brechas presupuestarias por un total de 112.000 millones de dólares”. Todos los estados, salvo Vermont, tienen la obligación de cerrar el año con un presupuesto equilibrado, y la única manera en que pueden de hacerlo, considerando que en los próximos meses terminan los últimos programas financiados con los fondos federales del plan de estímulo, es recortando gastos.

La recesión y el desplome del mercado inmobiliario (cuya recuperación aún no comienza) han reducido de modo notable los ingresos de ciudades, condados y estados. Cada vez más se escucha de ciudades pequeñas como Prichard, en Alabama, que dejaron de mandar los cheques de sus pensiones a ex empleados públicos, y de otras grandes que han despedido a profesores y bomberos, cerrado escuelas y aumentado el número de alumnos por curso, lo que es percibido como un deterioro en los servicios y en la calidad de vida de los estadounidenses. Maywood, San Carlos, Half Moon Bay son comunidades en California que optaron por cerrar sus servicios locales de policía (evitando el pago de sueldos, pensiones y mantención de instalaciones) y depender de la oficina del sheriff del condado. Costa Mesa, también en California, despedirá a la mitad de sus empleados municipales este año para cuadrar el presupuesto.






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