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Impuestos y reconstrucción

Artículo correspondiente al número 274 (23 de abril a 7 de mayo de 2010)

 

El gabinete de excelencia que llevó Piñera al gobierno merece un destino más glorioso que el de recurrir al simple expediente de subir los impuestos. Por Luis Larraín

 

El principal desafío de Chile luego del 27 de febrero es reactivar al país para abordar la tarea de alcanzar el desarrollo. El terremoto fue un importante traspié, al lesionar gravemente la capacidad productiva de las regiones del Bío- Bío y Maule. Adicionalmente, generó la necesidad del fisco de recaudar recursos para la reconstrucción de infraestructura que debe financiarse con platas fiscales.

La reactivación puede venir tanto por la vía de un aumento de gasto como de una disminución de impuestos. Uno podría entender que se privilegie el aumento de gasto, pues ello permitiría cubrir parte de la brecha de financiamiento para la reconstrucción. Lo que resulta inexplicable es que se suban impuestos que afectan a la capacidad productiva. La economía chilena está mostrando dificultades serias para crecer, al punto que durante el gobierno de Michelle Bachelet la productividad anual descendió a una tasa promedio del 1,6%, según el panel de expertos del PIB tendencial.

El autor es director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo.
Alguien podría decir que el desafío de recaudar dinero para la reconstrucción es de una magnitud tal que se está privilegiando ese esfuerzo por sobre el de recuperar la capacidad productiva. Pero eso no es así; recursos hay y sobran. El año pasado el ministro Velasco usó 8 mil millones de dólares del Fondo de Estabilización para una emergencia, la crisis financiera internacional. ¿Por qué el ministro Larraín no podría usar parte importante de los más de 11 mil millones de dólares que están disponibles en el Fondo para una catástrofe que sacudió a Chile desde sus cimientos?

Se ha dicho que el uso de los recursos del FEES provocaría una baja del tipo de cambio. Sin embargo, así como el fisco recibe ingresos en dólares (por el cobre) y gasta en pesos, hay otro actor relevante: los fondos de pensiones, que reciben ingresos en pesos e invierten cerca del 30% en dólares. Es tal la cuantía del Fondo de Pensiones, equivalente al 70% del PIB chileno, que las necesidades de cobertura del riesgo cambiario de las AFP son de órdenes de magnitud similares al shock de entrada de divisas que podría generarse por necesidades de financiamiento de un año.

Hay otros atenuantes para el problema cambiario. La inversión tiene un alto componente de importaciones.

Porque... hablemos en plata. La reconstrucción costará entre 7 y 8 mil millones de dólares al fisco. La mayor parte de ese financiamiento se requerirá los años 2011, 2012 y 2013 y sólo una mínima parte el 2010. Hemos dicho que el FEES tiene 11 mil millones de dólares y que ya alguna vez se trajeron 8 mil millones de dólares a Chile sin efectos perniciosos sobre el tipo de cambio. Adicionalmente, puede recurrirse a endeudamiento, externo o interno, a tasas muy bajas. Las colocaciones de bonos corporativos en Chile el año 2010 serán del orden de 3.000 millones de dólares inferiores a las del 2009. Eso deja un espacio para endeudamiento fiscal de largo plazo que no afectará a las tasas de interés.

Hay otras fuentes de financiamiento: donaciones, venta de activos fiscales y, sobre todo, reasignaciones presupuestarias. Reasignar el 1,6% del presupuesto, que es lo anunciado hasta ahora, se ve pobre. Sobre todo, si consideramos que una mayor contención del gasto serviría para evitar una caída del tipo de cambio.

Como si fuera poco, están los recursos del cobre. Con los precios que está presentando el metal puede estimarse que el fisco contará el año 2010 con cerca de 3 mil millones de dólares adicionales no contemplados en la ley de presupuestos. El efecto sobre el tipo de cambio es posible de manejar, por las razones que mencionamos y que originan una importante demanda por dólares desde los fondos de pensiones y con todo el talento que existe en el mercado financiero chileno, el brillante equipo del Banco Central y el gabinete económico de excelencia que llevó Piñera al gobierno, que merece un destino más glorioso que el de recurrir al simple expediente de subir los impuestos para financiar un déficit.

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