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Impacto Profundo


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Artículo correspondiente al número 240 (31 de octubre al 13 de noviembre de 2008)



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DINERO ¿SIN COMPROMISO?


Tras varios intentos por recuperar la confianza de los mercados vía inyecciones de liquidez, las autoridades económicas mundiales –con Gordon Brown a la cabeza- comprendieron que el virus que atacaba a la banca global era de insolvencia. Entonces, optaron por capitalizar, convirtiendo a los estados en accionistas pasivo, en el papel, pero muy exigentes en el uso que la entidades le quieran dar a su dinero. Algo indica que esta relación no será sencilla.


Los rumores de que el primer ministro británico Gordon Brown estaba a punto de ser removido por su gabinete eran fuertes, pero –como caída del cielo– la crisis financiera le dio la oportunidad de aprovechar la experiencia acumulada como ministro de Hacienda. Y no perdió la oportunidad.

El 8 de octubre, en medio de la peor semana en la historia para las bolsas mundiales, anunció un plan de recapitalización para la banca inglesa, el mismo que comenzó a implementar sólo un par de días después. Tras ello, Brown no sólo recuperó popularidad, sino que algunos lo identifican ahora como el gran salvador del sistema financiero global (en clara oposición al ya temido secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson). No faltarán los que perciban en esto un mérito algo exagerado, pero lo cierto es que el plan británico sirvió de modelo para los movimientos que luego anunciarían Francia, Alemania, la atribulada Islandia e, incluso, la meca de la solidez bancaria mundial: Suiza.



El plan original


La pura cifra inicial es sobrecogedora: 400 mil millones de libras, que se desglosan en 50 mil millones destinados directamente a inyectar capital a los bancos, 100 mil millones en liquidez disponible para los bancos y garantías de deuda por 250 mil millones. ¿El monto en dólares? Unos 691 mil millones, lo que –considerando el tamaño de las economías– en términos relativos es mucho más que los 700 mil millones de Estados Unidos.

Londres ordenó la recapitalización de los ocho principales grupos ingleses: Royal Bank of Scotland, HBOS, Lloyds TSB, Barclays, Nationwide, Standard Chartered, Abbey y HSBC. Los cuatro últimos respondieron que no utilizarían los recursos fiscales. Santander, dueño de Abbey, anunció una inyección de mil millones de libras a su filial sin recurrir a ayuda externa. Barclays reconoció que necesita 6.600 millones de libras para reforzar su capital, pero que intentaría captarlos primero entre inversionistas privados. RBS, HBOS y Lloyds TSB no tuvieron más opción que aceptar la oferta del gobierno de inyectarles 37 mil millones de libras en capital.

Como consecuencia, el Tesoro británico se tranformó en el principal accionista de RBS, con hasta 57% del capital, y de la institución que resulte de la fusión de HBOS y Lloyds TSB, con un 43% del nuevo grupo.

Una nueva banca semi-estatal, anunciaron los críticos, aunque los términos del rescate son duros. Para empezar, los directores ejecutivos de RBS y HBOS, Fred Goodwin y Andy Hornby, respectivamente, dejaron sus cargos. No habrá dividendos sobre las acciones comunes hasta que se hayan pagado por completo 9 mil millones de libras en acciones preferentes emitidas al gobierno, lo que hace menos probable que los actuales accionistas se interesen por ejercer su derecho preferente y participar en la recapitalización. Además, el Tesoro nombrará directores en los bancos participados y exigirá que no restrinjan el crédito a empresas y particulares, con el objetivo político de reanimar la economía. Los bancos tendrán restricciones en sus planas ejecutivas y pagarán los bonos en acciones.

Brown defendió la decisión “sin precedentes, pero esencial” de su gobierno y recalcó que la compra de acciones era una “medida temporal”. Pero los analistas creen que pasará bastante tiempo antes de que el gobierno inglés pueda deshacerse del enorme grupo bancario estatal que se creó desde que se inició la crisis financiera, hace poco más de un año: RBS, HBOS y Lloyds TSB, a los cuales hay que sumar Northern Rock y Bradford & Bingley. Las cuentas arrojan que las autoridades tienen en sus manos 43% de las hipotecas del Reino Unido valoradas en unos 521 mil millones de libras.



El Estado accionista


Tras el movimiento de piezas en el Viejo Continente, al Tesoro de Estados Unidos no le quedó más que redirigir parte de los fondos por 700 mil millones de dólares con los que pretendía comprar activos con problemas y salir también a recapitalizar sus bancos, con 250 mil millones y la garantía de la deuda emitida por las entidades privadas por tres años. La meta del gobierno es animar a los bancos a reanudar los préstamos interbancarios y a sus clientes, luego de que los mercados de dinero prácticamente se congelaran la última semana de septiembre y la primera de octubre.

Como parte del plan, la Federal Deposit Insurance Corporation, entidad que supervisa a los bancos y que responde por la garantía estatal a los depósitos, ofrecerá una garantía ilimitada sobre los depósitos en cuentas que no pagan intereses –en general, las de las empresas–,poniendo a Estados Unidos en línea con varios países europeos que se han movido en esa dirección. Y es que en algún momento los anuncios se volvieron una carrera, forzando a los gobiernos a sumarse para no ver desmejorada la posición de sus bancos en el contexto global.

A diferencia de los europeos, no obstante, los bancos que están recibiendo fondos del Tesoro estadounidense no estarán obligados a eliminar los dividendos ni se pidió la renuncia de los directores ejecutivos.Sí hay restricciones a las compensaciones ejecutivas, incluyendo una prohibición de los llamados paracaídas de oro y el requerimiento de devolver bonos inadecuados. Las condiciones son diferentes, por ejemplo, a las impuestas sobre AIG, donde la Reserva Federal se quedó con prácticamente 80% del capital y a la que se ha exigido que congele los pagos compensatorios a los ejecutivos despedidos. Claro que AIG no ha mostrado un particular buen juicio. Hace dos semanas hubo un pequeño escándalo después de que se supiera que la firma contrató un complejo hotelero de lujo en California para premiar con un fin de semana a sus agentes de seguro de mejor desempeño, a un costo de 440.000 dólares, justo después de recibir la inyección de fondos federales.

Las acciones preferentes que emitirá cada banco pagarán dividendos especiales, con una tasa de interés de 5% y que subirá a 9% tras cinco años. El gobierno también recibirá warrants por 15% del valor par de las acciones preferentes. Los bancos podrán recomprar las acciones al mismo precio que pagó el Tesoro, siempre que sea dentro de los tres añossiguientes a la inyección pública, con lo que se busca incentivar a las entidades para que recompren los títulos.

La mitad de los 250.000 millones irá a nueve instituciones: Bank of America, JPMorgan Chase, Wells Fargo, Citigroup, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of New York Mellon y State Street. Su participación difícilmente puede considerarse opcional. Los directores ejecutivos de estas instituciones fueron citados a una reunión en el Tesoro donde se les dijo que aceptar el capital era patriótico y que ahora debían cumplir con su deber: usar la mayor base de capital para expandir los préstamos. “Estas son instituciones saludables y han dado este paso por el bien de la economía estadounidense”, dijo el secretario Paulson. Y no les saldrá gratis: para Citi, BofA y JPMorgan, acciones preferentes por 25 mil millones de dólares generan un gasto anual de 1.250 millones.

El resto de las instituciones elegibles para participar en el programa tiene hasta el 14 de noviembre para inscribirse. Sin embargo, hay señales de que participantes menores, como los bancos comunitarios, están esperando a conocer más detalles del plan antes de tomar una opción.



La meta


Todos los esfuerzos apuntan a restaurar el crédito y conseguir que el dinero vuelva a circular. La desconfianza entre las instituciones llevó a una parálisis en los mercados de dinero y las empresas vieron muy disminuidas sus opciones de financiamiento. El mercado de efectos de comercio casi se evaporó y los bancos, con su capital debilitado, comenzaron a achicar las líneas de crédito. Esto es lo que la recapitalización busca corregir.

Pero el gobierno estadounidense no incluyó ningún requerimiento respecto de cuándo o cómo deben usar el dinero los bancos. Más aún, Paulson aseguró que el Estado será un inversionista pasivo y que no intervendrá en la gestión de los bancos. Incluso, al presentar el paquete, acusó sus sentimientos contrapuestos. “Que el gobierno sea dueño de una participación en cualquier compañía privada estadounidense es objetable para la mayoría de los americanos –yo incluido. Pero la alternativa de dejar a empresas y consumidores sin acceso a financiamiento es totalmente inaceptable”, dijo.

El problema es que parece poco probable que los fondos lleguen rápidamente hacia donde se los necesita, aun cuando ya hubo algunas señales de descongelamiento en los mercados interbancarios (algunas visibles como la baja en las Libor y Euribor). Pero Citigroup y Merrill Lynch anunciaron nuevas pérdidas trimestrales y ya se comenta que los grandes bancos simplemente podrían guardar el dinero para protegerse a sí mismos. John Thain, director ejecutivo de Merrill Lynch, dijo a analistas que era improbable que los bancos actuaran con rapidez. El New York Times lo citó diciendo que “tendremos la oportunidad de redesplegar eso. Pero, al menos por el próximo trimestre, será un colchón”. Hay otros analistas que creen que los recursos se usarán en la compra de rivales más pequeños o para evitar reducciones de costos aún más dolorosas. Así las cosas, suponer una gestión algo más involucrada por parte del Tesoro estadounidense no es descartable.

 



Una reciente audiencia del comité de banca del Senado tuvo duros términos para Neel Kashkari, el funcionario del Tesoro que coordina el rescate, por los informes crecientes de que los grandes bancos podrían guardarse el dinero en vez de prestarlo. “¿Qué garantías, qué compromisos, obtendrá el Tesoro de estas instituciones de que no van a hacerlo?”, preguntó el presidente del comité, el senador demócrata Christopher Dodd. Kashkari replicó que “hay fuertes incentivos económicos” para que los bancos “pongan ese capital en movimiento; sus propios accionistas lo exigirán”.

Lo cierto es que a Paulson le faltan elementos de presión para asegurarse de que los bancos vuelvan a prestar. Dentro del Tesoro, la apuesta es a crear las condiciones para que tengan más incentivos para generar utilidades mediante los créditos que para guardar el dinero. En los bancos se espera que la filosofía pro mercado de Paulson mantenga al gobierno fuera de sus directorios. Pero el senador Charles Schumer, demócrata, ha pedido que el Tesoro emita lineamientos claros para el uso de los fondos, evitando que se destinen a “instrumentos exóticos o experimentos financieros” en lugar de préstamos de consumo.

Los bancos saben que el Tesoro y el Congreso estarán encima de la situación. Y enfrentan la incógnita de qué hará el próximo secretario del Tesoro – la elección es ahora mismo, el cuatro de noviembre.




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