Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistas arrow Impacto Profundo
  

Reportajes y Entrevistas
Impacto Profundo



Inicio
EL ATORO DE SHANGHAI


El autor ilustra como las crisis se transmiten desde el campo financiero al real, y asegura que mientras todavía hay especialistas que debaten si el mundo o el país tal o cual están o estarán en recesión, la evidencia empírica permite sentir que e mundo ya está definitivamente viviendo una recesión. Por Guillermo Tagle.


Si una locomotora corre a alta velocidad con un largo y cargado tren y sorpresivamente encuentra un obstáculo que la detiene, definitivamente se descarrilará. Esta paradoja no es muy diferente de lo ocurrido estas semanas en la economía mundial. Desde hace ya varios meses se empezaron a encender luces de alerta, que indicaban un principio de desaceleración en la economía mundial que amenazaba interrumpir el ciclo de crecimiento y creación de riqueza más virtuoso de la historia de la humanidad. Sorpresivamente, la más brusca caída de los mercados financieros del mundo ocurrida en la era de Internet ha generado una reacción rápida y en cadena, en todas las actividades productivas del planeta. El pasado 15 de septiembre y luego de conocida la quiebra de Lehman Brothers, se desató una cascada de eventos cuyo epílogo aún no conocemos: una abrupta caída de los mercados bursátiles (la bolsa de Nueva York acumula una baja de 25% desde septiembre) y del precio de los commodities, la desconfianza total en el sistema financiero, la virtual paralización del crédito interbancario y la multiplicación por 5 de la volatilidad. Se trata de señales muy fuertes para el sector real de la economía, que reaccionó en forma automática tomando medidas, decisiones y acciones. El pánico se apoderó de los mercados, haciendo que muchos inversionistas, empresarios y ejecutivos, estén adoptando decisiones de emergencia, en un ambiente de confusión y poca claridad.



Un aterrizaje a la realidad



Un distribuidor mayorista de consolas para juegos de computador de Estados Unidos anticipó que la demanda por estos productos sofisticados se reduciría en forma importante en esta temporada de Navidad. Procedió de inmediato a enviar un mail al fabricante en China, para que detuviera el despacho de los containers que en ese momento estaban por llegar al sitio de bodegaje en el puerto de Shanghai. En paralelo, el banco que debía financiar las cartas de crédito para permitir la operación de comercio exterior también informaba al mismo agente que no estaba en condiciones de asumir el riesgo de crédito, ya que no sabía si el banco corresponsal cumpliría sus obligaciones. Cuando avisan de la suspensión del pedido al camión que ya llegaba al puerto
con un container para ser despachado a Norteamérica, se encuentra con miles de otros transportistas y exportadores en similar situación. Sin disponer de espacio para dejar la carga, avisa a su oficina central, para que no sigan despachando mercadería, ya que no hay dónde dejarla y los barcos no recibirán más containers mientras no tengan certeza de que la mercadería será debidamente recibida en el puerto de destino. Cuando el fabricante de consolas se entera de la situación, instruye inmediatamente al responsable de producción, para que reduzca o detenga la fabricación, según pueda actualizar la lista de pedidos de los diversos mercados del mundo a los que regularmente abastece. Este a su vez, pocos minutos después, envía un mail al proveedor de piezas y partes, para ponerlo al tanto de la situación y solicitar la suspensión temporal del suministro. Luego, el proveedor de piezas y partes repite lo mismo respecto de suproveedor de materias primas y sigue una reacción en cadena hasta que, fi talmente y en pocas horas, la sucesión de eventos llega hasta el mercado de minerales, provocando una abrupta caída en el precio de todos los recursos naturales que transan en mercados formales. Mientras tanto, la sofi sticada logística de todo el aparato productivo, de bodegaje y embarque del puerto de Shangai, se ha empezado a atorar. El tren comienza a descarrilar.

La sucesión de eventos antes descritos, si bien corresponde a una realidad simulada, refleja de buena forma la velocidad con que una crisis originalmente iniciada en la industria del financiamiento hipotecario subprime de Estados Unidos se propagó, en cuestión de días, al sistema financiero mundial y luego al sector real de la economía global. Se trata de una serie de acontecimientos que en tiempos pre-Internet pudo haber tomado meses, y tal vez años, en contagiarse desde el sistema financiero de un país particular a la economía mundial. En la era de las comunicaciones instantáneas, de Internet y de la alta tecnología, ha tomado sólo horas para infectar simultáneamente a todos los habitantes del planeta. Sin duda esta es una crisis diferente a cualquiera anterior. La globalidad de los mercados de bienes y financieros que tanto bien ha generado a la humanidad, sumado al infinito avance en las tecnologías de información y comunicación (que también han generado un progreso insospechado) nos han jugado, para este caso, una mala pasada, provocando el contagio instantáneo de una falla que pudo ser local a todas las actividades económicas y empresariales de la Tierra.

Una vez que la confianza y la actividad vuelvan gradualmente a su curso normal, ¿será tan rápido también el contagio de la recuperación? Es algo que tiene sentido esperar, pero ante tantos desaciertos y errores de pronóstico que hemos visto en todos los analistas especializados, por ahora lo podemos dejar como una hipótesis de esperanza, más que como una predicción con fundamentos.



El origen de la crisis


El mundo emergente, especialmente las economías más populosas del planeta, había iniciado simultáneamente un ciclo de reformas y liberación económica que empezó a generar bienestar y crecimiento sostenido a casi dos tercios de la humanidad que hasta entonces vivían en condiciones de pobreza. Este proceso vino de la mano con un incremento en la capacidad productiva y una rebaja en los costos de manufacturas, especialmente en China, que disminuyeron la inflación mundial, provocando en todo el planeta la sensación (hoy equivocada) de que la inflación era un tema definitivamente superado.

Con baja inflación y alto crecimiento, las tasas de interés se redujeron a niveles nunca antes vistos, generando excesos de liquidez y abundancia de recursos financieros. Los principales mercado bursátiles acumularon incrementos también espectaculares, contribuyendo en buena medida a alimentar la sensación de bienestar y abundancia (EE.UU. +100%, China +600%, Brasil +1.900%, Chile + 450%, retorno acumulado en dólares, en alguna parte del ciclo de 5 años entre el 2002 y el 2007). Este ambiente de liquidez fue uno de los principales estímulos para que la industria financiera de Estados Unidos registrara la mayor creatividad de su historia, inventando instrumentos de inversión y estructuras con alto grado de sofisticación, que permitían captar esta liquidez del universo y usarla para financiar el consumo superior a su productividad que por muchos años ha caracterizado a la población de Estados Unidos. Fue esta riqueza, generada en muchas partes del mundo, la que bancos de inversión canalizaron al sector inmobiliario de Estados Unidos, financiando casas cada vez más caras, a consumidores cada vez menos pudientes, que se endeudaron varias veces más de lo que sus bolsillos podían financiar.

La magia de la securitización modificó la función de producción de la banca, que dejó de ser administradora del riesgo de sus carteras y clientes, para pasar a ser fabricante de estructuras e instrumentos que eran desvinculados de sus balances lo más rápido posible, para poder repetir estas operaciones tantas veces fuera factible, maximizando así la generación de comisiones y utilidades de corto plazo. Literalmente, se gestó el clásico Juego de la Pirámide a escala mundial, alimentado por el creciente flujo de liquidez que generaba una economía en ciclo positivo, que financiaba la escalada de estructuras, la que para mantenerse requería cada vez más recursos. El inicio de la desaceleración en la actividad económica mundial, a fines del 2007, empezó de a poco a desestabilizar el sistema, llegando hasta su derrumbe definitivo a partir de septiembre pasado. Una ilustración de la magnitud de los nuevos mercados y estructuras que se crearon en este ciclo en EE.UU. se refleja en los más de 65 trillones de dólares de exposición implícita en el mercado de Credit Default Swaps (coberturas de riesgo de créditos) y los 2,5 trillones de dólares implícitos en estructuras de activos securitizados (a modo de referencia, recordar que el monto del polémico paquete de rescate aprobado en el Congreso de EE.UU. contemplaba 700 billones o 0,7 trillones de dólares).

La pirámide ya se ha desplomado. El sistema financiero ha debido ser intervenido por los principales Estados del mundo. Los 5 mayores bancos de inversión de EE.UU. desaparecieron en una semana. Los mayores bancos comerciales del mundo han requerido aportes de capital de sus respectivos gobiernos, y su propiedad y gestión futura han quedadotemporalmente en manos del Estado. Ha sido necesaria una intervención concertada y bien coordinada de las mayores economías para detener la crisis de pánico y restablecer gradualmente la confianza al sistema financiero mundial. Contrario a lo que se podía esperar, la intervención de la autoridad económica de EE.UU. fue la más débil y confusa del mundo desarrollado. Han sido la acción y el ejemplo de las autoridades europeas en general, y de Gran Bretaña en particular, los que hoy permiten mirar el aspecto financiero de esta crisis como algo que podría empezar a fluir hacia la normalidad.

 





Los efectos en la economía real


La paralización del sistema financiero internacional y del sistema de créditos interbancarios, el colapso de los mercados bursátiles y la caída estrepitosa del precio de los commodities (incluyendo petróleo y cobre) han provocado ya un efecto en la economía real. La historia antes narrada, es una simulación de algo que masivamente ya ocurrió en un par de semanas, en todas las empresas del mundo. En mayor o menor medida, en todos los centros de decisiones empresariales se han emprendido acciones para defenderse de esta crisis. La velocidad con que hoy se toman estas decisiones y con que se procesa la información probablemente hará que el proceso de ajuste sea más rápido y más pronunciado que lo que se puede pronosticar con modelos de proyección económica tradicionales. Esta es, probablemente, la causa por la cual las proyecciones actuales de Concensus Forecast todavía pronostican crecimiento positivo para 2009 en América latina, Chile y el mundo. Los modelos tradicionales han demostrado ser incapaces de predecir las tendencias macro en estos ambientes de volatilidad y alta sofisticación. Intuitivamente, resulta natural estimar una caída del PIB en los próximos 12 meses en Chile y en muchas otras de las economías que Consensus todavía proyecta con tasas positivas. Para China, los más pesimistas pronostican una desaceleración a cifras de crecimiento en torno al 7-8%, mientras la intuición y los hechos que nos ha tocado conocer estas últimas semanas, también llevan a predecir –intuitivamente– efectos bastante más negativos que eso. Mientras todavía hay especialistas que debaten si el mundo o el país tal o cual está o estará en recesión, la evidencia empírica permite sentir que el mundo ya está definitivamente viviendo una recesión. Los modelos tradicionales no han permitido vaticinar casi nada de lo que hemos visto en las últimas semanas. De la misma forma, es muy probable que en este momento una vez más se estén equivocando, al no predecir que en los meses siguientes tendremos tasas de crecimiento negativas en Chile y en muchos otros países.



Evolución del mercado bursátil


La Bolsa es normalmente el termómetro de la realidad económica y financierade los diversos países. Es común también que la bolsa anticipe los acontecimientos que ocurrirán, tanto respecto a la macroeconomía como de los resultados futuros de las empresas. Adicionalmente, es también común que en períodos de crisis haya reacciones y sobrerreacciones en cuanto al efecto que las diversas dificultades tendrán en los precios. Si se analiza la evolución de la bolsa chilena (que no es muy diferente a la de los mercados más desarrollados), desde 1980 en adelante es posible identificar al menos 5 momentos en los cuales han ocurrido grandes colapsos. En los cinco casos, después de la caída provocada por la crisis, el mercado ha registrado rentabilidades porcentuales al menos dos veces superiores a la magnitud de la caída. El caso más fuerte ocurrido en Chile fue con motivo de la crisis de 1982- 83. Entre el año 1981 y hasta febrero de 1983 la bolsa cayó un 62% para luego, en los dos años siguientes, registrar un incremento de 175%. Movimientos similares han ocurrido después de la crisis del lunes negro de octubre de 1987, en el Tequilazo entre 1994 y 95, como también en la crisis asiática entre 1997 y 1998. Igual cosa ocurrió cuando explotó la burbuja de Internet en 2002.

Desde los inicios de la crisis subprime, el mercado chileno ha registrado un 47,5% de caída. La incertidumbre actual no permite predecir cuándo llegaremos al final de este ajuste. Falta medir el efecto de esta recesión en los resultados de las empresas cotizadas, falta todavía terminar el proceso de ajuste de las carteras de las AFP, donde probablemente aún no han salido de los fondos A y B muchos afiliados que, producto de esta crisis, se han dado cuenta de que estaban estructuralmente mal invertidos. Si miramos el futuro con optimismo y esperanza; si suponemos que una vez decantada la crisis y redefinido el mapa financiero económico para el sistema financiero internacional, es posible que la humanidad vuelva a crecer. Es probable que el mundo retorne a la normalidad y que la ilusión por avanzar hacia el desarrollo en países como China, India, Brasil y Chile se pueda convertir en una realidad. Las reservas acumuladas en los países emergentes, en los años de bonanza, tendrán que ser usadas ahora (en las vacas flacas), para reducir los efectos sociales de la crisis; para implementar reformas que permitan aumentar la productividad de las empresas exportadoras, que tendrán ahora una nueva oportunidad de proveer a Chile de fuentes de ingresos alternativas. Esta crisis se puede convertir en una oportunidad. Chile puede salir fortalecido y su estrella podrá volver a brillar.


El autor es director ejecutivo de IM Trust.



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com
Digitaria