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Impacto profundo

Artículo correspondiente al número 239 (17 al 30 de octubre de 2008)

 

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La tormenta perfecta

 

La conclusión es que si no entienden y solucionan los problemas de información que vive el sistema financiero, no podemos tener políticas que resuelvan la crisis de forma estable en el largo plazo. La crisis vista desde Europa. Por Pedro Videla.



La crisis se ha extendido a Europa con singular virulencia. Comenzó de forma tenue con la nacionalización de Northern-Rock, pero en el último mes se ha acelerado rápidamente, impactando a todos los países. Ya son historia los casos de Fortis, Dexia, Hypo Real State, Bradford & Bingley y toda la banca islandesa. Como si esto no fuera suficiente, el FMI en su último informe de la situación económica mundial nos dice que Estados Unidos y la Unión Europea van camino de la recesión y que no veremos signos de recuperación hasta fines de 2009.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Tres factores han jugado un papel fundamental en la generación de la crisis. Primero, una política monetaria extremadamente expansiva en ambos lados del Atlántico. Este tsunami de liquidez generó una inflación de los precios de todos los activos del mundo; principalmente, los inmobiliarios.

En segundo lugar, los bajos tipos de interés llevaron a los inversionistas a buscar alternativas con activos de mayor rentabilidad. Así, la banca de inversión aprovechó la deficiente regulación y los bajos requisitos de capital para tomar posiciones muy arriesgadas.

Finalmente, la desregulación del sistema bancario, articulado en torno al tratado de Basilea II, dio incentivos para que los bancos invirtieran n estos activos apalancados en base a la hipótesis de que se los quedarían a vencimiento.

Cuando los tipos de interés empezaron a subir y con ellos los precios de la vivienda a bajar, la morosidad de algunas hipotecas (sobre todo las ya tristemente famosas subprime) se disparó, lo mismo que las dificultades de algunas instituciones financieras, que estaban muy apalancadas.

Ante la pérdida de valor de sus activos, algunas instituciones financieras se convirtieron en vendedoras forzadas de activos apalancados; pero pronto se dieron cuenta de que nadie compraba este tipo de activos y de que el acceso al crédito estaba prácticamente cerrado. Así llegamos a la tormenta perfecta.

Pero aún faltaba el tiro de gracia. Este vino con la quiebra de Lehman Brothers, que causó una abrupta sequía en el mercado del crédito interbancario. El TED spread saltó de 100 a más de 300 puntos base. Este spread mide el riego que los bancos se asignan unos a otros. Antes de que la crisis se desatara en agosto de 2007, el TED spread era de 30 puntos base; hoy está a más de 450 puntos base.

La ausencia de liquidez en el mercado interbancario significó que la crisis financiera llegara a la economía real. Sin crédito, los engranajes de la economía mundial se resienten y muchos se preguntan si no vamos a una depresión similar a la del año 29.

¿Cómo podemos enfrentar a esta crisis? Lo primero que hay que hacer es reactivar el mercado de crédito interbancario. Como hemos visto, la causa de esta sequía es la desconfianza en el sistema; por tanto, la simple emisión de dinero no soluciona el problema. Es por esta razón que el Banco Centra Europeo se había negado, hasta esta semana, a bajar sus tipos de referencia. La evidencia muestra que la FED ha tenido una política monetaria expansiva, pero ineficaz para el problema que intenta resolver. Las bajadas de tipos en Estados Unidos no se han reflejado en un descenso de los tipos a particulares y empresas.

Por consiguiente, la reciente bajada de tipos concertada por varios bancos centrales del mundo –entre ellos, el Banco Central Europeo– es errónea, porque no envía un mensaje de calma al sistema. No es de extrañar que, después de esta medida, el Euribor –el índice de referencia de la mayoría de los préstamos hipotecarios europeos– haya subido. ¿Cómo se puede pedir confianza a los mercados cuando los bancos centrales están tan aterrados?

¿Qué cabe hacer entonces? Ante la gravedad de la crisis, van quedando pocas alternativas. Y cada día que pasa toma más fuerza la necesidad de una intervención directa del gobierno en la administración de los bancos, similar a la que vivimos en Chile en los 80.

En el meollo de la crisis tenemos un problema de información: quién está en malas condiciones, quién tiene problemas de liquidez, quién es insolvente, etc. Por tanto, la solución requiere eliminar la información asimétrica del sistema. Una mayor emisión de dinero no resuelve el problema de fondo. Una recapitalización de los bancos por parte del gobierno es difícil, porque el Ejecutivo también carece de la necesaria información.

La conclusión es que si no se entienden y solucionan los problemas de información que vive el sistema financiero, no podemos tener políticas que resuelvan la crisis de forma estable en el largo plazo. Esto se puede lograr solo de dos formas. El gobierno debe intervenir directamente en el sistema financiero (¿nacionalización?) para solucionar el problema de coordinación o –alternativamente– dejar de intervenir y permitir que las fuerzas del mercado actúen limpiando y saneando el sistema. Una cosa es clara: el costo de recobrar la confianza perdida será muy alto.


El autor es profesor de Economía del IESE y doctor en Economía por la Universidad de Chicago.






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Comentarios

3 Comentarios

Juan Carlos Llanten:

Publicado Martes 28 de Octubre, 2008 - 16:57 hrs

Excelente articulo. Es claro y con un enfoque realista. 
Se lo enviaré a mis jefes.

Norma Parrao:

Publicado Domingo 19 de Octubre, 2008 - 00:45 hrs

Ahhh... y excelentes recomendaciones de Luis Hernán Paul. Se las enviaré a los ejecutivos de mi empresa para revisarlas el lunes a primera hora. Gracias!

Norma Parrao:

Publicado Domingo 19 de Octubre, 2008 - 00:40 hrs

Qué buen artículo! De verdad, el primero que leo (y creanme que como inversionista financiero, me los he leido todos...) con perspectiva, con un análisis integrado, con visión y con aportes novedosos de como esto se fue gestando hasta llegar a la debacle en que estamos. Claramente, no basta tener los mejores cerebros académicos, empresariales, políticos, financieros, se necesita tener líderes con visión, pragmatismo y con cojones para sacar adelante a este mundo globalizado.

 
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