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Artículo correspondiente al número 229 (30 de mayo al 12 de junio de 2008)
En la firma prefieren no entregar mayores detalles de la decisión. Sí dicen que el poner en su reemplazo a José Luis Irarrázaval debiera entenderse en el mercado como una opción estratégica, dada su experiencia en el negocio azucarero, ya que estuvo alrededor de tres años como gerente de esa área. Es quizá por esto mismo que se entienden mejor las palabras del actual gerente, en cuanto a que la compañía quiere dar un nuevo impulso a su negocio principal, el azúcar, que representa el 66% de sus ingresos. Especifica, es sí, que esto no implica dejar de lado sus otros negocios actuales: nutrición animal, alimentos para
mascotas, aceites, jugos concentrados y la producción de tomates y pasta de tomate en Perú. En el pasado la compañía ya había incursionado en otros sectores como el retail, y en otras áreas ha entrado y salido en más de una oportunidad (ver recuadro).
Una de las primeras decisiones bajo la nueva administración, además de reevaluar las futuras inversiones, fue justamente echar una mirada a los distintos negocios de la compañía y analizar sus objetivos en el mediano plazo. Así se entiende de mejor forma lo hecho en el área de los congelados, en que hace unos días se anunció el término de la producción de hortalizas congeladas, para lo que cerrará su planta de Curicó y dejará habilitada la de Molina, donde continuará sólo con ese negocio. “El negocio de las hortalizas congeladas presenta escasas posibilidades de crecimiento y un difícil y concentrado mercado interno”, describe Irarrázaval.
De lo que harán con las otras áreas, plantea que la entrada a la producción de aceite vegetal no ha sido fácil, pero que continuarán con las inversiones para rentabilizar este negocio, lo que involucra poner en marcha una nueva planta durante este año, en la X Región. La analista de Fitch Ratings Waleska Donoso dice que la viabilidad de esta área dependerá en gran medida de cómo evoluciona la industria del salmón, pues el aceite está orientado a la producción de alimentos para ese cultivo.
En el negocio de alimentos para animales, el ejecutivo dice que la inversión se ha rentabilizado y el desarrollo incluso está por sobre las expectativas iniciales. El año pasado compraron la compañía Punto Futuro en unos 11,5 millones de dólares y buscarán elevar su producción en el mediano plazo para aumentar el 13% de participación que hoy ya tienen.
Pero es en el azúcar donde están los mayores desafíos. Iansa es el único productor nacional y hoy maneja una participación de mercado cercana al 70% entre producción propia e importaciones. La compañía cuenta con cinco plantas, localizadas en Curicó, Linares, Chillán, Los Angeles y Rapaco, con las que alcanza una capacidad máxima de 550 mil toneladas de azúcar al año.

El problema principal que enfrenta la azucarera es que la superficie sembrada de remolacha disminuyó un 26% en la temporada que hoy está en cosecha. En otras palabras, del escenario óptimo de 25.000 toneladas que requiere la compañía para funcionar adecuadamente, sólo logró completar unas 17 mil hectáreas en la temporada 2007/2008, producto del mayor atractivo agrícola que han mostrado cereales como el trigo y el maíz, con alzas sucesivas de precios.
En la práctica, la baja en el número de hectáreas de remolacha significa que para mantener su participación de mercado y satisfacer sus contratos, la firma tiene necesariamente que importar la diferencia de azúcar no producida, lo que le significa menores márgenes, dependiendo del precio que se cotice en los mercados internacionales.
En Fitch Ratings, Donoso dice que hoy uno de los principales desafíos de Iansa es la forma en que enfrentará esa caída en el número de hectáreas contratadas para el cultivo de remolacha, incertidumbre que se despejará recién una vez concluido el invierno, cuando termine de negociar con los agricultores los cultivos de la temporada 2008/2009, que parten en septiembre próximo.
Una opción, la más conveniente, es que los precios internacionales del azúcar se eleven para que a su vez la firma pueda incrementar el valor que paga por la remolacha a los agricultores. La otra, de no elevarse los precios mundiales, es echar mano directamente a sus márgenes para elevar el precio que paga a los agricultores y así retener a los que todavía le han sido fieles, para no seguir bajando el número de hectáreas sembradas.