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Hugo Rafael Chávez Frí­as: La polí­tica en el Parque Jurásico

Artículo correspondiente al número 197 (26 de ene al 25 de feb 2007)

Betancourt vs. Castro

Se vive el meridiano histórico del siglo. En Cuba, una situación semejante conduce a la revolución socialista. En Venezuela, a su antípoda: la vigencia plena de la democracia. Culpables por este quid pro quo fueron dos figuras del siglo: Fidel Castro y Rómulo Betancourt. Se convertirían en referencias esenciales para la región y en mortales y recíprocos enemigos. Tanto, que para poder implementar su proyecto histórico de una democracia moderna para Venezuela, Betancourt debe enfrentar a Castro en el terreno político, en el diplomático y en el militar. Lo vence en todos los frentes y de manera avasallante: logra su expulsión de la OEA, derrota políticamente a sus partidarios internos y aplasta militarmente a sus hombres, que invaden territorio venezolano a mediados de los 60, dirigidos por el famoso comandante Arnaldo Ochoa Sánchez, héroe de Ogaden. Se hace a su andadura democrática construyendo el régimen político más estable de América Latina en medio de las turbulencias que sacuden al continente. Es la Venezuela petrolera y democrática gobernada durante 40 años por socialdemócratas y socialcris-tianos, convertida en refugio para los desterrados de Centro y Sudamérica. Sin contar con el exilio antifranquista que allí echara raíces en los años 40 y 50. Allí vivieron Aniceto Rodríguez, Sergio Bitar, Claudio Huepe, Esteban Tomic, Enrique Silva Cimma, Renán Fuentealba, Anselmo Sule, Carlos Morales Abarzúa y miles y miles de chilenos. Algunos de esos altos dirigentes protegidos y respaldados espiritual y materialmente por sus partidos hermanos. La inmensa mayoría, con puertas abiertas y trabajos estables. Así es como bajo el influjo de “adecos” y “co-peyanos” nace el embrión de la Con-certación en junio de 1975, cuando líderes como Renán Fuentealba, Aniceto Rodríguez, Anselmo Sule y una docena de otros dirigentes chilenos se encuentran en Colonia Tovar, a las afueras de Caracas, para concertar un acuerdo que tardará otros 13 años en convertirse en realidad. Allí también encontró respaldo político y financiero Felipe González, de quien se cuenta que entró clandestinamente a España en el avión del vicepresidente de la Internacional Socialista, el entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. No está de más recordar aquí –la moneda tiene dos caras– la fraternidad venezolana hacia el exilio voluntario provocado por el allendismo: Hernán Briones o Carlos Cáceres, por ejemplo, recibidos con los brazos abiertos por generosos y solidarios empresarios venezolanos.

Una constitución, ocho gobiernos de cinco años cada uno y dos presidentes reelectos –Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera–, además de la más ingente obra de desarrollo de infraestructura, educación, economía y cultura hicieron de Venezuela la sociedad más dinámica, democrática y estable de América latina. Si bien asentada en un terrible talón de Aquiles: la dependencia petrolera, expresada en el reparto de los ingresos fiscales como fuente de legitimación política. En lugar de homogeneizar al país, permitir un desarrollo socio-económico armónico y auto sustentado y situar el trabajo, la productividad y la generación de riqueza en el centro de las preocupaciones nacionales, se avanzó por la vía fácil de la subvención y el populismo. Un Estado macrocefálico, ocupado en gerenciar empresas de turismo, aerolíneas, hoteles, grandes emporios in-dustriales y gigantescas siderurgias condenadas a la quiebra crearon un artificio que podía venirse abajo ante cualquier contingencia. Ella se presentó con la grave crisis financiera de febrero de 1983, cuando tras el llamado viernes negro la moneda nacional se derrumbó tras más de 70 años de inquebrantable estabilidad. Ya la economía mostraba una acentuada tendencia a la baja, rompiendo un permanente crecimiento de más de medio siglo. Uno de los más sólidos del mundo. La caída coincide con la triplicación de los precios del petróleo luego de la crisis de mediados de los 70. Así, un súbito e inesperado enriquecimiento condujo a la catástrofe: gasto y endeudamiento público desaforados y una acumulación de tensiones que herirían de muerte a una democracia ejemplar, si bien con pies de barro. Responsable principal: Carlos Andrés Pérez, durante su primer gobierno. Cuando se acuñara el término de Venezuela saudita para retratar al país caribeño que se ahogaba –vaya contradicción– en la gigantesca marea de petrodólares.

La maldición petrolera

Es una cruenta contradicción de la historia que fuera el mismo Carlos Andrés Pérez quien intentara reparar el daño durante su segundo gobierno una década después, intentando un interesante proyecto de sinceración económica y modernización política cuando fuera electo con un inmenso respaldo popular en 1988. Tal respaldo era engañoso, como lo fueran las promesas de su campaña: los electores esperaban de él lo que ya era imposible, una reedición de la Venezuela saudita. Los precios del petróleo no lo permitían. Roto el vínculo de las aspiraciones cre-matísticas entró en crisis la democracia subvencionada: la misma clase social que lo aupara al poder, decidió asestarle una puñalada. Para ello usó la mano militar y dos golpes de Estado. El vengador era un desconocido y ambicioso teniente coronel dispuesto no solo a liquidar a Pérez, sino además al sistema democrático mismo. Había llegado la hora de retroceder el calendario al tiempo de las montoneras deci-monónicas y jugar a la política en el parque jurásico. Con una insólita jugarreta del destino: otro ciclo de precios altos, otra marea de petrodólares, otra inundación monetaria, otra gigantesca crisis en lontananza, aunque esta vez todo ello al estricto servicio del caudillo, la compra de conciencias y el montaje de un parapeto extravagante y bizarro llamado socialismo del siglo XXI.

No hay caso: la historia se repite. La segunda vez, como farsa. Lo dijo Karl Marx, a quien los revolucionarios del petro-socialismo venezolano no parecen conocer. El Caribe da para todo.



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Comentarios

2 Comentarios

francis cruz :

Publicado Sabado 3 de Octubre, 2009 - 18:32 hrs

señor presidente hugo rafael chavez frias muy buenas tardes, soy una fiel revolucionaria de su gobiero. estudio 6to semestre en la carrera gestion social soy madre de 4 hijos vivo en la guaira ,desde el deslave del 99 estoy sin vivienda le pido por favor que me ayude para adquirir una vivienda digna para mis hijos a futuro. muchas cracias por su atencion

julio velasquez :

Publicado Martes 22 de Septiembre, 2009 - 11:31 hrs

me parece buena la forma de gobierno pero aun no tengo un buen empleo ni una casa digna vivo con mis padres

 
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