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Hernando de Soto. "Esta es una crisis de la informalidad"

Artículo correspondiente al número 247 (6 al 19 de marzo de 2009)

 

Aunque estima aventurado decir cuanto durará la crisis, este peruano, catalogado como el mejor economista de Latinoamérica a nivel mundial, señala que tenemos para rato: unos 60 meses. Por Jorge Abasolo Aravena.


La ciencia económica enseña que para progresar no es indispensable disponer de recursos naturales, como aún se creía en los 60. Demuestra también que no existe civilización incapaz para el desarrollo, como algunos daban a entender hasta los 80. Ni siquiera que es indispensable vivir en democracia para crecer. Pero sí hay una máxima: a saber, que en la anarquía no existe posibilidad de desarrollo.

Y bueno, la crisis en la cual estamos chapoteando hoy está profundamente marcada por ese término: anarquía. Anarquía casi total en esas dimensiones metafísicas en que se desenvolvían los derivados financieros. Tanta anarquía que, a varios meses de la erupción volcánica de la crisis, aún no conocemos sus alcances.

Se habla de trillones como si fueran chauchas. Se habla del fin de una era como del término de un contrato. De un nuevo sistema económico, como si se tratara de un cambio de calcetines para la humanidad.

La verdad es que no hay que dejarse llevar por arranques maniaco depresivos, y lo que corresponde es poner las cosas en perspectiva. Lo que ha habido es una grave falla del sistema financiero, que a la postre es una de las tantas partes del capitalismo. Una muy importante, claro está. De ahí que lo más sensato sea corregir las fallas con medidas que calcen dentro del mismo sistema.

Raymond Barre, en su época, lamentaba que los matemáticos se hubieran apropiado de la ciencia económica, en detrimento de la historia y de las culturas. En verdad la computadora, que permite trabajar con cantidades estadísticas antes insospechadas, tiende a reducir la ciencia económica a modelos matemáticos vedados a los no iniciados. Pero, como todas las ciencias, la economía continúa basándose ante todo en la confrontación permanente entre esos modelos teóricos y la experimentación concreta. El problema está cuando esos testeos derivan en verdaderos Frankestein anárquicos.

Como no queríamos quedarnos con la duda a media garganta, llamamos a Hernando De Soto, catalogado por muchos como el economista latinoamericano de mayor peso específico en el planeta. Le preguntamos sobre el origen, la evolución y las consecuencias de las calamidades presentes, y nos respondió más allá de toda duda que la recesión mundial incubada en Wall Street ha sido una crisis engendrada por la informalidad. Sí, la misma informalidad que desde el norte nos dijeron que era una lacra casi privativa de las economías del Tercer Mundo.

De Soto es un economista peruano con prestigio y pergaminos de sobra: fue elegido en 1999 por Time como uno de los más destacados innovadores latinoamericanos del siglo; Forbes lo destacó como uno de los quince innovadores “que reinventarán el futuro” y el New York Times escribió de él que “para los líderes de los países pobres, el evangelio económico de De Soto es una de las cosas más esperanzadoras que se han oído en años”.

El currículo excepcional de este peruano es aún más apabullante. The Economist identificó al Instituto Libertad y Democracia (fundado por De Soto en 1980) entre los dos más importantes centros de investigación de políticas públicas; y a su haber tiene una lista de galardones y halagos (desde Clinton hasta Thatcher y Friedman) que exceden nuestra capacidad de síntesis.

Conversar con él no sólo es un privilegio, sino que también una experiencia exquisita, por la claridad y léxico con que se expresa, dignos de un purista de la lengua.



-¿Por qué ha dicho que esta crisis es la crisis de la informalidad?

-No sé si dije exactamente eso, pero sí he dicho que se parece mucho a la informalidad. Y lo digo porque es esencialmente causada –como casi todas las grandes crisis financieras– por una expansión crediticia previa.

Esta expansión crediticia, que nos ha hecho sentir tan bien en los últimos años a medida que la producción y el empleo han crecido, ha sido producida en gran parte por una serie de instrumentos financieros que se llaman derivados. Se trata de instrumentos que representan valor, la posibilidad de un pago a corto plazo (son cuasi líquidos), pero que tienen una característica que no tiene ningún otro documento con valor que sale de los países desarrollados, y es que no están registrados. Es decir, no sabemos cuántos de ellos hay, cuán diferentes son, hasta qué grado son idiosincrásicos, en manos de quiénes están, cuáles son tóxicos o de alto riesgo y difíciles de pagar.

Si usted mira todas las cosas que lo rodean… sobre todo si fuese un ciudadano europeo o norteamericano, se va a percatar de que no hay cosa de valor que usted tenga que no esté acreditada por un papel, ya sean su casa, su futura herencia, su terreno, su automóvil, una patente, un derecho de autor o de propiedad intelectual, una acción, en fin… todo está documentado, y se sabe dónde están todas las cosas. Ese ha sido justamente uno de los grandes avances de occidente: a diferencia de hace dos siglos, hemos logrado que exista una amplia sociedad de propietarios y podemos saber dónde están las cosas, para que exista la debida certidumbre en la posesión y en las transacciones.

Ahora, el único activo en el mundo que no está ordenado o registrado es ese sistema de instrumentos de derivados.


¿Y cuántos son esos derivados?

-A nivel nominal se ha hecho un primer cálculo, que lo hizo el señor Christopher Cox (del SEC), quien ha dicho que son unos 600 trillones de dólares. ¡600 trillones de dólares! Observe usted que la producción mundial no pasa de los 60 trillones de dólares. Entonces, al admitir 600 trillones estamos hablando de una documentación de valores que es diez veces más grande que la producción de todo el mundo en su conjunto.


-Vaya.

-Acaba de salir otro documento, hecho por unos matemáticos ingleses, quines dicen que la cifra alcanzaría un cuatrillón de dólares. En otras palabras, nadie sabe con exactitud la cifra... Ahora, ese es el valor nominal. En lo que se refiere a cuántos de éstos serían tóxicos y –por lo tanto– habría que tratar de retirar del mercado, el señor Cox estima que podrían ser del orden de uno a dos trillones de dólares, pero añade que no tiene la certeza. Y el señor Geithner, el nuevo secretario del Tesoro de EEUU, dice que esta cifra podría estar entre los tres y cuatro trillones...

En el fondo, no sabemos la magnitud de esta crisis y, bueno, esa es la condición de la informalidad. En la informalidad no es que no haya papeles, no es que la gente no esté transando. El problema es que no sabemos. Eso es exactamente lo que está pasando con la documentación que hoy día es la causa de la expansión crediticia mundial y –además– de la contracción de ese crédito. Y la razón por la cual es tan difícil luchar contra él obedece a que no está formalmente identificado. Como le digo. Se trata del único activo en el mundo que no está cuantificado y no es ubicable.


-Hay quienes señalan que en este nuevo escenario ha llegado la hora de hacer profundas reformas al sistema capitalista. ¿Estamos ante un cuasi knock out del capitalismo?

-Que hay que hacer reformas, me parece obvio, ya que nadie desea que esto se repita. Y hay que recalcar esto porque esta es una crisis que tiene todas las semblanzas de ser una crisis sin precedentes. Es claro que tiene que darse un sistema que legisle mejor estos tipos de valores.

Se podría decir que esta es una crisis epistemológica, en el sentido de que hemos permitido que crezca un papel valor sin tener ningún control. Eso evidentemente tiene que cambiar. Ahora, que eso signifique que ha acabado el capitalismo, claro que no. Es claro que el sistema ha tenido una enorme falla. Y una falla que puede ser desastrosa y que podría acompañarnos por muchos más años de los que podríamos imaginar. Esa falla ha causado cesantía y pobreza. Pero el tema de fondo no es ese. El tema es si existe un sistema mejor que éste, reformado. Y la respuesta, hasta ahora, es no.

Los únicos que nos ofrecen un sistema distinto al capitalista serían el dictador de Corea del Norte, Kim Jong Il, o el dictador Mugabe, de Zimbawe. Pero no conozco otra receta que la capitalista. Hasta los chinos, todos están avanzando a través del sistema capitalista.

A pesar de esta crisis, el sistema capitalista ha permitido que en los últimos 60 años hayamos crecido más como humanidad que en los dos mil años previos. A mí me parece que por el momento el capitalismo es insustituible. Lo que pasa es que ha tenido una grave falla, y esa es la que hay que corregir.


-A raíz de esta crisis, George Soros señala no tener fe en los mercados. Ha dicho que sólo los gobiernos pueden aportar el dinero necesario para las recapitalizaciones de las entidades en problemas.

-Yo soy amigo de George Soros y hemos conversado algunas de estas cosas en varias oportunidades. No es que Soros no tenga fe en los mercados. Soros no tiene fe en que los mercados se autorregulen solos, sin intervención del Estado. Y yo estoy de acuerdo con ello, porque siempre ha sido así. En otras palabras, y desde sus comienzos, el sistema capitalista ha sido esencialmente un sistema de normas. Y estas normas siempre, de alguna forma, las ha dado l Estado. La pregunta es qué grado de supervisión, qué grado de intromisión tiene el Estado. Luego, es dentro de ese marco de reflexión donde entran y caben los comentarios de Soros. Lo que él dice es que de esta no salimos sin un Estado que reforme el sistema, y que de aquí en adelante lo supervise bien.

Como le acabo de decir, este sistema ha permitido que haya un volumen de derivados que no conocemos, y es claro que éstos tienen que ser por lo menos registrados, contabilizados y tienen que ser supervisados. En ese sentido, estoy absolutamente de acuerdo con George Soros en cuanto a que esto requiere la tutela del Estado.

Y añade:

-Mire, lo que existe actualmente es una cosa que se llama anarquía. Y la anarquía no es cuando los nietos muerden a las abuelas. La anarquía se da cuando no hay un sistema uniforme de normas que permitan que todos los valores se administren con criterios similares. Esa es la anarquía. No es que no haya derechos, sino que hay una multiplicidad de derechos que se contradicen. Eso es lo que está pasando actualmente. En consecuencia, de lo que se trata no es de acabar con el capitalismo o los mercados, sino de someterlos a condiciones.


-Algunos expertos señalan que no antes de fines de 2009 vendrá una recuperación importante de Estados Unidos. Por otro lado, están los que señalan que en el segundo semestre el panorama estará claro. ¿De qué lado está usted?

-Yo estoy desde un tercer lado. Es decir, estoy en el grupo que dice que probablemente esto vaya mucho más allá del 2010. La pregunta que usted me hace es legítima, porque esto de predecir es una forma de enterarse de cómo están pensando distintos economistas un mismo tema. En lo personal, yo no veo cómo vamos a salir de esto, ni en el 2009 ni en el 2010. En febrero de este año estuve en un panel en Moscú. Compartí ese panel con Nassim Taleb, con Nuriel Roubini y Joel Kurtzman, todos expertos en estos temas. Y se nos preguntó cuánto creíamos o intuíamos que podría durar esta crisis. La mayoría de nosotros estimó que esto iba a durar 60 meses. Es decir, cinco años. Esa es la sensación.

Ahora, esto no quiere decir que pueda durar eso de manera perentoria. Puede ser un período más corto, si Estados Unidos y los países europeos toman medidas severas y acaban con las dudas, identificando al papel tóxico existente en los distintos depósitos de los bancos, lo saquen, lo anulen y permitan que regrese la transparencia al mercado. Si algo así se hace, entonces la crisis podría ser mucho más corta. Pero por el momento no se vislumbra una decisión de este tipo. Lo que estamos viendo es una espera en el sentido de que el mercado vaya resolviendo más o menos sus propios problemas... y estos problemas son tan grandes, que yo les veo solución en el largo plazo.


-Robert Barro ha señalado que el plan de estímulo fiscal de Obama sería “el peor proyecto de ley desde los años 30”.

-Acabo de escribir un artículo en que digo que eso es cierto sólo en una parte. Y es que hay también una parte en donde Obama sí ha marcado un buen punto. Y es que está regresando al tema de que hay que sacar estos activos, que son los derivados. En ese sentido, se ha acercado mucho más a la razón de la crisis misma que sus antecesores. Entonces, le diría que vamos a tener que esperar un poco, porque el paquete de medidas de Obama se puede aún corregir. Por un lado, tiene aspectos muy positivos, como querer llegar a sacar el papel tóxico del mercado. Pero, por otra parte, en lo que se refiere a la política de gastos, uno ve a personas como Robert Barro y todos los legisladores republicanos que están diciendo que los gastos están mal planeados. Usted sabe que muchas veces las medidas se aprueban para dar confianza al mercado, pero van ajustando el programa a medida que se estudia con más rigor.

Esperemos que se pueda dar un ajuste de ese programa para que se aboquen a atacar el problema de fondo, que es la incertidumbre que causa tener tanto instrumento financiero insolvente.

 

 



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Comentarios

4 Comentarios

Ana Ruth Quesada :

Publicado Domingo 9 de Enero, 2011 - 12:55 hrs

Es de los puntos de vista mas acertados hasta el momento en relación a la ccrisis financiera.

Renato Bartet:

Publicado Miercoles 11 de Marzo, 2009 - 12:12 hrs

Interesante punto de vista. Por algo lo cita Greenspan en sus memorias, el tipo es bastante original.

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Publicado Lunes 9 de Marzo, 2009 - 09:28 hrs

Excelente entrevista, muy bien documentado el autor y precisas las respuestas del economista.

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Publicado Domingo 8 de Marzo, 2009 - 04:28 hrs

Se están creando las condiciones para que los estados monopolicen el crédito así como en su momento tuvieron que monopolizar la emisión de dinero.

 
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