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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Hernando de Soto. "Esta es una crisis de la informalidad" |
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Artículo correspondiente al número 247 (6 al 19 de marzo de 2009)
-¿Cree que con esta crisis se ha demostrado que el monetarismo es una falsa doctrina?
-Hace tiempo que se ha definido que la liquidez no sólo está compuesta por moneda, por dinero… sino que por una serie de otros instrumentos que podemos definir como cuasi monetarios.
En los años 30 hubo una recesión similar. Y se decía que era una pena que el dinero fuese sustantivo. Se decía que el dinero debía ser un adjetivo. En inglés, el sustantivo del dinero es money; y el adjetivo es money-ness. Y esto tiene sentido porque hay una serie de cosas que no son propiamente dinero, pero tienen algunos de los atributos del dinero, y por lo tanto agregan la liquidez. Lo que ocurre actualmente es que si usted ve con qué instrumentos puede pagar cualquier cuenta, se va a percatar de que una parte pasa por dinero constante y sonante. Pero también hay otra parte que no se ve, como las letras de cambio, las acciones, hipotecas y hasta derivados. Claro que usted no va a ir a una tienda a comprar cigarrillos con una hipoteca en el bolsillo. Pero podría ir al banco… o donde un amigo y dejar la hipoteca en garantía y conseguir el dinero. Luego, eso tiene un atributo de liquidez. También usted podría comprarse todo un vecindario con algún tipo de instrumento financiero hipotecario o cancelar una deuda en Inglaterra con certificados de depósito de cobre de Codelco.
Luego, hace tiempo que sabemos que el dinero o la moneda no es la única liquidez. De hecho, todas las monedas del mundo, todas juntas, no suman más de 13 trillones de dólares. Pero la cantidad de instrumentos financieros tradicionales que hay es de 170 trillones de dólares. Si a eso agregamos los derivados, que también tienen un grado objetivo de moneda, pues ya llegamos a los 600 trillones de dólares.
Y como esos otros medios de pago no los emiten ni el Banco Central de Chile, ni el de México, Perú o Estados Unidos, sino que son producidos por el sistema bancario, éstos deben ser controlados por otros mecanismos que no sean los monetarios. En eso estamos todos de acuerdo. Yo he sido siempre partidario de contar con mejores regímenes de propiedad porque –a la larga– todos estos derivados e instrumentos no son otra cosa que documentos que certifican la propiedad sobre valores líquidos de dinero o menos líquidos de dinero. Entonces, el viejo monetarismo ya ha sido superado.
-De allí que usted recalque aquello de la informalidad respecto de la propiedad…
-Pero por supuesto. Por eso yo digo que para un latinoamericano o alguien de Asia central, de Rusia o de Medio Oriente, el fenómeno del desorden en el papel no es un fenómeno nuevo. Nosotros lo reconocemos con facilidad. El problema ha sido que los países desarrollados tienen tendencia a olvidarse de lo que los hace grandes. Tanto leer libros como los de Samuel Huntington, que indican que su sistema económico es superior porque son anglosajones, o porque tienen un mejor sistema jurídico, bueno… todo eso se desploma cuando nos damos cuenta de esencialmente lo que ellos tienen es un sistema de Derecho que reglamenta sumamente bien y da valor y certidumbre a todos los documentos de valor, y eso es lo que permite la globalización. Pero cuando no los tienen bien reglamentados, cuando no los tienen bien identificados, como el caso de esta crisis, entonces se crea la misma incertidumbre que en un mercado informal. Y bien sabemos que un mercado informal es ingobernable. Eso es lo que ha ocurrido, porque en los últimos siete o diez años los Estados Unidos y Europa crearon un inmenso mercado informal de valores.
Esos mercados no son ilegales, porque han sido autorizados. Pero sí son informales, en el sentido de que no responden a ningún patrón y no se pueden identificar con claridad.
-Tal vez la lección más importante de esta crisis es que las autoridades monetarias tendrán que preocuparse no sólo por controlar la oferta de dinero, sino también por la creación del crédito.
-Absolutamente. Ya en 1930 había personas que decían que lo que había que aprender de esa crisis era a controlar el dinero, pero lo que aprendimos fue a controlar el crédito. El crédito es mucho más grande que el dinero. Para comenzar, porque el dinero es solamente una base del crédito. Parte de ese dinero es tomado por los bancos y en base a depósitos por diez los bancos pueden crear créditos por noventa. Entonces, ese sistema fraccional de crear créditos indica que no solamente hay que controlar el dinero, sino el crédito.
Y por otro lado hemos visto que, a medida que ha pasado el tiempo, hemos ido creando cada vez más tipos de documentación para dar créditos. Y éstos no han sido controlados, y los últimos –los derivados– no lo han sido, del todo. A tal punto, que las autoridades estadounidenses no saben ni siquiera cuántos son ni dónde están.
A la larga, cuando usted compra una hipoteca, cuando usted compra un instrumento financiero, usted siempre tiene la impresión de que detrás hay algo sólido. Puede ser una idea, un manuscrito, una patente, una casa… pero hay algo. Bueno, eso ya no es claro para la mayor parte de los documentos que existen en el mundo. Estos ya no están anclados en ningún objeto sólido. Y conste que por sólido no quiero decir que sea tangible. Sólida puede ser una idea. Ese tipo de desorden anárquico en el papel se tiene que acabar. Claro que sí.
| EN LATINOAMERICA |
-Aparte de las exportaciones, ¿cómo va a seguir afectando la crisis a Latinoamérica? -Es una pregunta interesante y ante la cual no tengo una respuesta clara. Me gustaría ser optimista y pensar que efectivamente va a ser el mercado exportador el afectado. Pero ocurre que el mercado de exportaciones está en cada país vinculado de una forma distinta al resto de la economía. Por ejemplo, el caso de las minas. Uno podría decir que están más o menos independientes del resto de la economía. Emplean poco personal, importan mucho sus insumos y –por lo tanto– una crisis en sus precios no necesariamente debería afectar al resto de la economía. Pero la verdad es que nos sorprendemos siempre cuando comienzan a surgir los vínculos que existen entre esos sectores exportadores y el sector interno. Es decir, no se reduce a afectar el sector exportador. En este momento yo supongo que los bancos en América latina están pensando que, de aquí en adelante, cuando den créditos tendrán que asegurarse de ser muy cuidadosos con los sectores de exportación porque ellos son los que más van a sufrir, pero también estarán mirando qué otras industrias dependen de las industrias de exportación. Y de todas maneras van a comenzar a mirar a cualquier crédito con una lupa más fina que la que había anteriormente. Por otro lado, hay un elemento psicológico muy importante. Y se da cuando la gente cree que podría haber una deflación, en el sentido de que el valor del dinero es más alto que el valor de los bienes. En esos casos la gente tiende a no gastar, y este factor puede afectar al resto de la economía. Además está el efecto de las bolsas. A fines del año pasado, en una conferencia en Chile, el representante de la revista The Economist señalaba que a pesar de que las bolsas de Nueva York, Sydney, Hong Kong y Santiago de Chile tenían composiciones de acciones distintas, cuando caían, caían todas en conjunto. Todo esto hace pensar que la gente decide comprar y vender en bolsa no tanto sobre la base de qué buenas oportunidades hay, sino sobre la base de si los contagia o no el pánico provocado por las bolsas mayores. -En su mirada a Latinoamérica, ¿cómo percibe a Chile? -No tengo respuesta porque no conozco bien la economía chilena. Y creo que si estuviera a la altura del resto de los chilenos en conocer su economía, tampoco tendríamos todas las respuestas. Esto es como tratar de averiguar cuántas de las raíces de los árboles de mis vecinos ya llegaron bajo mi suelo. Es muy difícil saberlo. -Uno tiende a pensar que Brasil sería el país menos damnificado con la crisis mundial. Por su inflación controlada y por su cohesión fiscal. -Eso es especulación. Si uno lee a Nouriel Roubini, que tiene una de las mejores estadísticas sobre los contagios internacionales, esa no es la conclusión a la que uno llega. Ahora, si a la larga esto se pone color de hormiga, si pasa lo peor, hay países que van a soportar mejor la crisis. Y es que son más autosuficientes que otros. Entonces, en un caso extremo y cuando los países comiencen a cerrar fronteras, un país como Brasil lo más probable es que se autoabastezca mejor que Chile, Perú o Colombia. Y es que tiene de todo. Es tanta la incertidumbre, que ahora se está tratando de ver cuáles deberían ser las reservas adecuadas del FMI para asistir a los países que necesiten de algún tipo de ayuda temporal. Y bueno… no se ponen de acuerdo. -Hugo Chávez, Correa, los Kirchner y Evo Morales han aprovechado esta crisis para resucitar recetas socialistas. Por otro lado, sorprenden las declaraciones del ministro de Hacienda del Brasil cuando señala que espera que, superada esta crisis, “surja un nuevo modelo económico, en que los países emergentes tengan más protagonismo”. -No conozco en detalle esas declaraciones, pero si habla de que necesitan mayor presencia los países emergentes, creo que eso es una cosa que viene. De hecho, en Estados Unidos, en los últimos meses del gobierno Bush, se le comenzaron a pasar mayores responsabilidades en las decisiones económicas al Grupo de los 20, antes denominado Grupo de los 7. Además, eso corresponde a una vieja iniciativa que existe en el mundo. No es posible que siete u ocho países resuelvan por el mundo. Eso es demasiado. Por eso ya se está hablando del Grupo de los 20, dentro del cual está Brasil y entiendo que México. Ahora respondo lo que usted cita de las palabras del ministro de Hacienda del Brasil, en lo que se refiere al nuevo modelo. Si la idea es cómo ahora se controla el capital financiero, cómo documentarlo para luego gobernarlo, es obvio que ahí hay una fisura que hay que corregir. Pero a eso llamarle nuevo modelo... no, pues. Eso es sencillamente extender el modelo existente a una serie de documentos que han sido exceptuados. Decir que de ahí vamos a ir a un modelo socialista, eso es un absurdo. Todos los países socialistas se cambiaron a este modelo hace ya tiempo. No olvidemos que China tuvo momentos en que creció anualmente al 10%. Ello, gracias a un modelo radicalmente opuesto al comunista. Eso sí, no podemos olvidar que, pese a todo, China sigue teniendo un producto bruto interno per cápita inferior al Perú. No olvidemos tampoco que los rusos siguen teniendo índices preocupantes. Por ejemplo, los varones no viven más de 56 a 58 años, mientras que los latinoamericanos vivimos 74 años en promedio. Es decir, los costos del comunismo y el socialismo para las sociedades han sido enormes. Luego, proponer regresar a eso no es serio. Seguramente se trata de un mensaje político y que trata de advertir que desde ahora habrá un Estado más vigilante. |