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Artículo correspondiente al número 206 (15 al 28 de jun 2007)
Hernán Cheyre
Esa podría ser la frase para el bronce del Grupo de los 20 que hace poco tiempo fue zamarreado por proponer relajar la regla de superávit fiscal. Hoy, cuando la medida se impone en medio de aplausos, uno de sus integrantes, Hernán Cheyre, da las gracias por lo que les toca, pero advierte que el asunto no es tan simple como llegar y gastar. ¡Cuidado con los días R!, advierte.
Por Roberto Sapag; fotos Verónica Ortíz.
Hernán Cheyre, economista de la UC y master en Chicago, sabe que cuando se pone un pie en la arena política, aunque sea en el borde, siempre se corre el riesgo de entrar a un juego rudo, así sea que la aproximación venga desde las ideas. En ese terreno hasta el más cauto puede terminar con un abollón en la carrocería.
Fue lo que le pasó, en alguna medida al Grupo de los 20 hace unos nueve meses. El grupo presentó el documento “Aprovechemos la oportunidad”, recibiendo de vuelta no flores, sino que maceteros, además de un portazo en Teatinos 120 que se oyó en todo Santiago. Incluso David Gallagher frunció el ceño y en una columna en El Mercurio los descueró sin compasión. Hasta populistas, les dijo.
Son los gajes del oficio, debe pensar Cheyre cuando se le recuerda el ingrato episodio. Con todo, prefiere no detenerse en la anécdota ni cobrarse revancha. Solo quiere anotar a pie de página que algo de paternidad les cabe en la propuesta de relajar la regla estructural de superávit fiscal y quiere advertir que una cosa es tener la guagua y otra muy distinta es hacerla caminar por el sendero correcto en la vida. En simple, que el tema no es solo gastar más, sino que saber gastar y a la vez ganar competitividad. De lo contrario, mejor vamos comprando tickets en galería.
-El tema de moda son las holguras y el gasto fiscal. ¿Cómo ve que se ha manejado el gobierno en ese plano?
-Lo primero que hay que decir es que el manejo fiscal de los últimos años obviamente ha sido muy responsable y eso explica en buena medida que Chile tenga la favorable percepción de riesgo actual que le permite acceder a créditos inmejorables para una economía emergente. Eso no está en duda. El problema es que las condiciones no son estáticas, cambian en el tiempo, y uno tiene que ver cómo se adapta y cómo les saca partido.
-De ahí el planteamiento que hicieron los 20…
-Exacto, en nuestra propuesta “Aprovechemos la oportunidad”, del año pasado, lo que dijimos fue: las condiciones han cambiado, las holguras son mejores a lo previsto, ya hay activos importantes acumulados, el mundo marcha sin contratiempos… Entonces, agregamos, no tiene sentido seguir con la regla de superávit intocada y dijimos que, sin comprometer la responsabilidad fiscal, había que liberar gradualmente el superávit estructural para llevarlo a cero y usar esos recursos (más los del alza de largo plazo del cobre) en dos cosas: solucionar problemas sociales y aumentar la competitividad de Chile, para lo cual proponíamos por un lado gastar más en educación (aumentar las subvenciones) y hacer ajustes tributarios.
-La propuesta se parece mucho a lo que se ha conocido últimamente. Pero a ustedes les dieron un portazo.
-En ese momento fuimos catalogados de populistas por algunos.
-Desde muchos frentes, entre otros por David Gallagher.
-Claro. Nos dijeron que estábamos fomentando un gasto excesivo de recursos que podía tener consecuencias macroeconómicas muy negativas. Sin embargo, todo lo que estábamos haciendo, y el tiempo nos dio la razón, era anticiparse a los hechos y evitar llegar al minuto en que el dique se rebalsara y que fruto de presiones desordenadas se empezara a gastar.
-¿Por qué cree que los desautorizaron tan violentamente?
-La reflexión que he hecho con los meses es que algunos pensaron que con este grupo tan potente de 20 economistas se podía debilitar al ministro Velasco. ¡Nada más lejos de nuestra intención! Al revés, lo que queríamos era apoyar sus políticas, y a la vez decirle mira, puedes dar un paso más para que Chile mejore la competitividad. Pero como el año pasado las condiciones eran otras (mayor desempleo, menos crecimiento y muchas aprensiones políticas), creo que eso explica la reacción tanto de empresarios como de otros analistas, que nos señalaron con el dedo como
irresponsables, poniéndole la proa a nuestra propuesta, sin necesariamente estar en contra de los argumentos técnicos.
-O sea fue un asunto de oportunidad. Se adelantaron a los tiempos.
-Hay que situarse en el momento que hicimos la propuesta. El ministro Velasco se sentía debilitado, los resultados económicos no lo estaban acompañando y era natural que se encapsulara frente a estas propuestas. Por el lado de los empresarios... bueno a ellos les ha ido bien y en ese sentido cualquier cambio es natural que no les guste, en especial si aparece como una amenaza al ministro.