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Artículo correspondiente al número 206 (15 al 28 de jun 2007)
-Uno tendería a pensar que una persona como Velasco sabe todo esto, pero que probablemente está en una encrucijada por las dinámicas de la política.
-Si uno mira varios de los escritos de Velasco antes de asumir eran mucho más liberales y estoy de acuerdo con usted en que probablemente lo que se hace una vez en el cargo se debe a equilibrios políticos. Pero cuidado, si Chile quiere dar un salto debe ser más ágil. El mejor ejemplo de esto es Irlanda que en 1980 era considerado el patio trasero de Europa y luego de unos años con reformas hoy tienen uno de los ingresos per cápita más altos. Ellosfomentaron la inversión y hoy tienen unas de las tasas de impuestos a las empresas más bajas del mundo. Y lo hicieron sin entramparse ideológicamente. Hubo voluntad, hubo un proyecto claro, un líder que encarnó el proyecto y una sociedad que supo ver las implicancias del proyecto. Eso nos falta en Chile.
Y remata:
-No se trata de crecimiento o de equidad. Se trata de emprendimiento, que todos emprendamos y que el Estado dicte políticas que les permitan a todos emprender. A los trabajadores, a los jóvenes, las mujeres, las pymes. A todos.
-Suena bien, pero por qué no se la juega con algunas medidas concretas...
-Okey. En el caso del impuesto a las empresas, por ejemplo, al menos en el de las pymes, haría que tributen solo sobre la base de utilidades retiradas. Eso es una inyección a la vena de esas empresas porque les permite generar un flujo de caja para financiar sus iniciativas. En el caso de las no pymes también avanzaría en esa dirección, quizás con tasas diferenciadas. Para las pymes debiera ser cero, y para las demás empresas, por último, debiera definirse una escala.
-Y ¿qué hay de la depreciación acelerada?
-Yo la creo positiva y, de hecho, estaba en la propuesta de los 20. No solo eso. El impuesto de timbres, que encarece los créditos hoy tiene una muy alta incidencia. Hay que bajarlo o eliminarlo. La
baja del IVA también hace pleno sentido conceptual porque grava el gasto y no el ahorro, pero tal vez ahora no corresponda.Eso pese a que hay que recordar que en el pasado se subió en forma “transitoria”.
-¿Y en la reforma del Estado?
-Hay que darle más flexibilidad a los jefes de servicio para que manejen sus reparticiones, colocarles metas claras y establecer una rendición de cuentas con transparencia. Es decir, pasar de una maquinaria pesada a una dinámica con incentivos como los que hay en el mercado.
-Lo que le faltó al Transantiago.
-Bueno, el Transantiago es una mala palabra y un buen ejemplo de lo que se logra cuando se confía demasiado en los esquemas de planificación centralizada, sin dejarle espacio a los agentes privados. Resulta que después descubrimos que en este plan hacían falta incentivos en los contratos. Bueno, eso nos tendría que dejar una lección, aunque haya salido un poco caro.
-¿Una lección para qué?
-Por ejemplo, para lo que ahora todos dicen es la piedra angular del crecimiento futuro: la educación. Ahí tenemos que se decidió aumentar la subvención, pero si eso se hace sin corregir los criterios con que se asignan los recursos es igual que entregarle más recursos al Transantiago sin cambiar los contratos. Luego, siguiendo la misma lógica que se aplica en transportes, en educación también es el minuto de cambiar los incentivos, lo que significa que hay que renegociar el Estatuto Docente, que es un contrato entre los prestadores (los profesores) y el resto de los usuarios. Lo digo sin eufemismos: paguémosle una cantidad a los profesores que quieran cambiarse voluntariamente al régimen normal de contratación del Código del Trabajo. Esa sería una inversión tremendamente rentable. Si la idea es no dar cheques en blanco en el Transantiago, hagamos lo mismo con la subvención escolar.
-No puedo no preguntarle qué le parece la idea de aprovechar las holguras de plata en un gran proyecto nacional. Meterle un chorro de plata a una megaobra, a algo que pueda ser emblemática.
-Gastar una gran cantidad de plata por una vez puede tener efectos nocivos sobre el tipo de cambio, la inflación y la tasa de interés. Por eso hay que hacer las cosas de manera gradual y que mejoren la competitividad. No se trata de gastarse la plata porque sí, sino que hay que usar bien las holguras para ganar competitividad. Nuestra idea original no era gastarse la plata, sino que dejar de ahorrar tanto. Por lo demás, creo que hay que mirar con respeto y tal vez algo de temor que en la contienda política electoral se empiece una competencia por quién ofrece más con cargo a esos fondos. Algo así como los días R previo a la elección.
{mospagebreak-¿Pero no es razonable hacer ese gasto en un bien superior como la autosufi ciencia energética, como esbozó Felipe Lamarca?
-Vamos por parte. Sí comparto que el tema energético no está recibiendo la importancia adecuada en la agenda del gobierno. Hoy están manejando la crisis solo con la idea de que no se corte la energía. Hay una suerte de control de daños sin mucha preocupación por el costo al cual se está haciendo. Es verdad, tener energía versus no tenerla es mejor, pero no es indiferente en materia de competitividad el costo. Dicho esto, ante ideas como usar plata para resolver el tema de una vez creo que esto no se resuelve de un día para otro y tampoco creo necesario involucrar recursos fiscales, porque si se entregan las señales de precio adecuadas y se sacan las barreras regulatorias, solitos van a llegar los inversionistas a colocar todas las centrales que sean necesarias y con la tecnología adecuada.
Hernán Cheyre salió de la universidad y entró a trabajar en Odeplan en los tiempos de Miguel Kast. Después de un año y medio allí se fue becado a Estados Unidos a cursar un Master of Arts en Economía en la Universidad de Chicago. A su regreso, cumplió su compromiso de “pagar la beca” dictando clases en la Universidad de Chile, en donde estuvo por más de cuatro años como profesor de jornada completa.
En 1985, junto a Erick Haindl y Alvaro Saieh funda Econsult, firma de consultoría y opinión económica y financiera con lo que se podría decir dio salida a su veta de empresario. A poco andar, Econsult cambió su estructura de propiedad (con la salida de Haindl y Saieh) e ingresó al plano de la clasificación de riesgo, área en la que tuvo un importante crecimiento con los años (comprando agencias, luego asociándose internacionalmente y, finalmente, vendiendo la clasificadora en 2000 a Fitch Rating).
Hoy, en la empresa, Cheyre es socio de José Ramón Valente, partner y amigo que quien fue alumno suyo en la universidad y quien ingresó a la firma en la segunda mitad de los 80.
En estos casi 22 años de historia, Econsult ha cambiado mucho de perfil. Inicialmente concebida como empresa de consultoría económica y financiera, hoy junto a ese campo también se dedica a la asesoría a personas en administración de platas e inversiones. Tiene además una administradora de fondos de inversión, con los fondos Halcón I y II, y también están asociados a Falcon, una empresa ubicada en el mismo piso de El Golf 99 donde está Econsult, la que se orienta a la consultoría aplicada en busca de ahorros efectivos en empresas, cobrando un variable en función del ahorro que son capaces de producir en la empresa asesorada.
En la actualidad, Econsult, sin grandes activos fijos ni capital financiero, se define como una empresa de capital humano, que brinda asesorías de confianza. En conjunto trabajan allí unas cincuenta personas, incluyendo a los 22 trabajadores de Falcon.