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Artículo correspondiente al número 222 (22 de feb al 6 de mar 2007)
Sólo por haber logrado que la centroderecha se maneje por primera vez en mucho tiempo en un esquema de unidad y colaboración, los presidentes de la UDI y Renovación Nacional deberían estar satisfechos. Sin embargo –y justamente por este éxito– Hernán y Carlos Larraín quieren mucho más para la Alianza. De partida, dejar de mirar a Chile desde la vereda de la oposición. Por M.Angélica Zegers V. Fotos, Enrique Stindt.
Cada uno en su estilo, los Larraínes, como los ha llamado la prensa, son personajes de temer. Hernán, presidente de la UDI y figura mítica del partido desde los tiempos del gremialismo que jineteaba Jaime Guzmán, no es un hombre de exabruptos, pasiones desatadas o cuñas para la prensa, pero sí de convicciones y, cualidad no menor, es de esos políticos que despiertan natural confianza no sólo en su grupo de pertenencia, sino que también en la trinchera de enfrente.
Carlos, por su lado, es un rara avis de la política. Se fogueó como alcalde de Las Condes, donde aún integra el Concejo, y desde hace un año y medio preside Renovación Nacional, luego de una campaña a la que nadie apostaba mucho por él, pero que finalmente le dio la victoria. Lo más fácil es definir a este abogado como un conservador a ultranza, pero lo cierto es que muestra cuotas de apertura y tolerancia mayores que las que impone esa etiqueta, además de una natural ironía y salidas campechanas que divierten y descolocan.
Ambos dirigentes miran la política de manera distinta y, al igual que los partidos que presiden, en varios puntos sus opiniones son divergentes. Pero comparten un set de principios básicos en lo ideológico y la profunda convicción de que la única manera que tiene la Alianza de llegar al poder y romper con el fantasma de ser eterna minoría –situación que según algunos es la que de verdad acomoda a la derecha– es encontrando de una vez por todas una forma de relación entre sus partidos no sólo civilizada, sino respetuosa, confiable e incluso amistosa. A esta tarea ambos se han entregado con fuerza y, a juzgar por los resultados, el saldo es positivo. Más allá de escaramuzas puntuales –como la mediática disputa entre los senadores Allamand y Longueira–, el trabajo en el Congreso y la sintonía entre directivas y parlamentarios han alcanzado grados de eficiencia como desde hace mucho tiempo la Alianza no podía mostrar.
El hecho de que la oposición no capitalice este buen momento en las encuestas no les quita el sueño. Los Larraines se tienen fe, aseguran que las ideas de la centroderecha han calado en la gente y que el agotamiento del gobierno y de la Concertación es indiscutible. Están seguros de que llegó el momento de la Alianza y están decididos a defender por todos los medios el trabajo que han hecho para fortalecer políticamente al bloque. Por eso, en cuanto se encuentran para esta entrevista, saltan al unísono lamentando y condenando las declaraciones de dirigentes y parlamentarios opositores que el día anterior habían anunciado sus intenciones de presidir las mesas del Congreso o las comisiones, luego del acuerdo alcanzado por la Alianza con el gobierno y la Concertación. Si hay algo en lo que tanto Hernán como Carlos Larraín están de acuerdo es que la política no es un proyecto personal, sino colectivo.
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Carlos LarraínEstá demostrada la enorme ventaja de tener pocos partidos grandes, pero si queremos proteger el binominal hay que hacerle ajustes. En Renovación Nacional estamos dispuestos a hacer estas reformas a cambio de terminar con la intervención electoral, pero la verdad es que la Concertación hace muchas gárgaras con el tema de los grupos excluidos y al fi nal no quiere cambiar nada, porque prefi eren seguir interviniendo. A la Concertación no le gustan los grupos minoritarios y aceptó entregar el control de la Cámara de Diputados a cambio de excluir a los independientes. |
Es necesario terminar con la intervenciónelectoral del gobierno, pero no creo que haya que condicionarlo a cambios en el sistema electoral. Lo que fortalece a los partidos es el sistema electoral y la Concertación existe por este sistema; pero es tal el grado de descomposición al que han llegado, que ni siquiera el binominal los está salvando. El gran hecho político es que con los parlamentarios independientes vamos a llegar a acuerdo para imponer una legislación contra la intervención electoral. |
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- Ustedes han dedicado mucho esfuerzo a recuperar la confianza entre la UDI y RN y proyectar un bloque que asegure gobernabilidad, pero no se ve la misma voluntad en consolidar un proyecto político que encante a la ciudadanía, ¿Cuál es la evaluación en esto?
- Hernán Larraín: No hay que ser injustos. Lo primero que intentamos reconstruir es una relación de confianza y lealtad entre nuestros partidos, porque es condición necesaria para la unidad. Desde 1989 siempre hemos tenido pactos electorales, pero no ha habido una unidad estable que, manteniendo la identidad de cada partido, nos permita operar como bloque. Ahora sí la Alianza se está preparando para gobernar. Es cierto que nos hemos dedicado con mayor celo a esta tarea que a trabajar en los contenidos de un proyecto político global y coherente; tal vez, porque eso se parece mucho a una definición presidencial que hemos querido dilatar. Pero también es cierto que, exigidos por el trabajo legislativo o por proyectos del gobierno, hemos ido generando una línea de acción compartida en temas delicados y complejos. El 90% del trabajo legislativo es común entre los dos partidos y está inspirado en principios arraigados y al final, cuando llegue el momento del proyecto, no creo que nos demoremos en afinarlo. La duda que sí tenemos es la capacidad de transmitir nuestros planteamientos.
La UDI y RN son partidos distintos. Creemos que hay militantes nuestros que representarían mejor nuestro ideal que Sebastián Piñera y tenemos derecho a luchar por eso. Hernán Larraín
- Carlos Larraín: Es un hecho incontrarrestable que la Alianza está mucho más unida ahora que antes y, aunque competimos por los votos, lo importante es que esto se haga en un marco de respeto y también de patriotismo, porque hay mucha gente que cree que la política se resuelve en el Parnaso. Creo que se está logrando que la opinión pública comprenda algunas ideas centrales de nuestro sector, como son la preferencia por un Estado chico, pero eficaz; libertad en enseñanza; menores impuestos, pero con un gasto eficaz de los recursos; un país que fortalece a sus fuerzas armadas y mantiene una buena política de defensa; un proyecto que mira hacia adelante y no se queda anclado en la nostalgia vengativa; una política más realista que ideológica; un bloque que tiene como norte que los chilenos superemos el subdesarrollo. La línea divisoria entre nuestro proyecto y el de la Concertación está clara, pero la propaganda del gobierno es grosera. Mientras nuestro esfuerzo es racional, el de la izquierda es pasional.
-¿Cómo se entiende que la Alianza negocie con los independientes, principalmente con el bloque de Adolfo Zaldívar, que está en contra del modelo que la Alianza defiende?
- HL: No hay que confundir las cosas. El poder en el Congreso está en los cuerpos colegiados, en la sala, y la mesa sólo conduce y coordina, pero es una señal potente haber llegado a acuerdo con el gobierno y tener la posibilidad de presidir las Cámaras
-Mientras negociaban el acuerdo con la Concertación, el presidente del PS, Camilo Escalona, declaraba que la derecha no da gobernabilidad…
- HL: Escalona está dando manotazos de ahogado. Nosotros buscamos un acuerdo con los independientes y lo logramos en el Senado, pero no en la Cámara, porque los diputados independientes no lograron sentirse autónomos de la Concertación. No diría que se logró el óptimo, pero es un acuerdo de administración que va a impedir que la Concertación siga manejando abusivamente el Congreso. Además, ambas presidencias quedaron para la Alianza el año 2009, lo que es un hecho político muy poderoso, porque ya hemos visto que la Concertación utiliza cualquier herramienta, incluido el Congreso, con tal de no soltar el poder, como se vio el 99 con el populista proyecto laboral. Nosotros no vamos a usar las mesas políticamente, pero tampoco vamos a dejar que otros lo hagan.