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Artículo correspondiente al número 242 (28 de noviembre al 11 de diciembre de 2008)
El brillante ensayista y periodista de fuste internacional dice que hace 70 años se vivió una crisis “del” capitalismo y que la actual, en tanto, es una “en” el capitalismo. Y lo dice porque éste es un sistema experimental, que ha hecho, y está haciendo, un aprendizaje. Por Jorge Abasolo Aravena.
La época actual puede ser sindicada como la de los expertos. Una época en la cual a los economistas se les mira con respeto pues han sido consagrados como los encargados de explicar fenómenos que se alojan más allá de la capacidad de comprensión del ciudadano medio... y de muchos políticos. Eso es lo que logra magistralmente Guy Sorman en su último libro, La economía no miente (Editorial Sudamericana) y que vino a presentar a Chile hace unas semanas.
Ensayista y periodista de fuste internacional, Sorman suele dictar seminarios en universidades francesas y extranjeras, y publicar columnas en prestigiosos medios. Sostiene hoy que la sana economía es más necesaria que nunca, pues sólo en el curso del siglo XX, las malas políticas económicas devastaron las naciones y causaron más víctimas que cualquier epidemia. Y es cosa de revisar la historia: las colectivizaciones de las tierras impuestas en Rusia en la década de 1920, en China en los años 50 o en Tanzania, diez años después, condenaron a la hambruna a cientos de miles de campesinos.
Sorman es de palabras rotundas y de juicios categóricos. Su evangelio, si se nos permite la expresión, no admite dobleces, tal y como queda de manifiesto en la siguiente conversación.
-¿La economía es una ciencia exacta?
-Nada es exacto. Todo está confrontado entre la teoría y la práctica y, por lo tanto, como todo se ciñe a una metodología, no hay diferencia con otras ciencias.
-Gerard Debreu, Premio Nobel de Economía en 1983, asegura que lo único que no saben hacer los economistas es
prever. ¿Está de acuerdo en ello?
-Estoy de acuerdo sólo en la mitad. Los economistas saben prever que una mala política económica conducirá necesariamente a una catástrofe. La ciencia económica evita solamente que quienes buscan resultados concretos recurran a medios incoherentes con los fines. En esto, a la economía la podemos comparar con la medicina moderna, cuyos logros principales se relacionan a la prevención de riesgos. Al igual que el médico que no puede curar a todos sus pacientes, el economista no puede garantizar la prosperidad de todos.
-En su reciente libro La economía no miente dice que hechos como la gran crisis de 1930 no podrán repetirse, ya que los errores que la agravaron en su época, como el proteccionismo, no se repetirán. La reciente crisis financiera parece contradecir su aseveración.
-En primer lugar, conviene decir que no hay capitalismo sin crisis. La crisis es consustancial al capitalismo; el cual, como sistema experimental que es, produce experiencias que fallan. La crisis es algo que uno comprende y puede ver venir, pero que a veces es inevitables. El verdadero problema en los años 30 y 70 era cómo responder a la crisis. El año 30 fue el proteccionismo lo que hizo estallar la economía. El año 73 fue el problema monetario. Lo que estamos viviendo ahora es consecuencia de lo que no debió haberse hecho. Con todo, hoy en día tenemos una crisis en el capitalismo, mientras el año 30 se vivía una crisis del capitalismo.
-La reciente crisis norteamericana, ¿es un golpe al mentón del neoliberalismo?
-En primer lugar, ¿qué es el sistema neoliberal? Prefiero hablar de liberalismo, ya que el neoliberalismo es un concepto ideológico latinoamericano. Nunca he encontrado economistas tan intransigentes, que usan y abusan de este término, como en Latinoamérica. Lo que existe es el liberalismo, que consiste en un matrimonio entre Estado y empresa. Claro, se trata de un matrimonio imperfecto, pero déjeme decirle que no existe sociedad capitalista sin Estado. Y como el sistema es experimental, cada vez se exigen nuevas adaptaciones a los problemas dentro del capitalismo, que es justo lo que está ocurriendo ahora.
-¿Por qué en América latina la relación políticos-economistas sigue siendo tan áspera? ¿Sucede lo mismo en Europa y Estados Unidos?
-Es que la tradición en América latina todavía tiene una visión caudillista y hay en la tradición caudillista una resistencia contra el sistema liberal, especialmente en Brasil, Venezuela, Argentina y –en parte– en el propio Chile.
-¿Por qué América latina sigue siendo tierra fértil para el populismo?
-Hay, creo, razones sociológicas y reales. También hay un problema étnico, ya que en América latina no se ha superado el tema racial. En ese contexto, el populismo y el caudillismo son formas de enfrentar o solucionar los problemas desde un punto de vista bárbaro.
-Como estudioso del liberalismo en Chile y Argentina, ¿qué pasó con el caso argentino? ¿Por qué se produjo allí una etapa de marasmo?
-En el caso de Chile hay motivos culturales y sociales que explican el éxito. Hay una tradición de empresarios y una historia de innegable iniciativa. Eso está fuertemente arraigado en el carácter del chileno, con empresarios que captaron de inmediato las ventajas de la exportación y las consecuencias propias del liberalismo.
En Argentina ha ocurrido exactamente lo contrario. Allá se vive aún del mito de la edad de oro. Ellos saben que fueron ricos en el pasado y no se explican por qué no lo son ahora. Antes, en Argentina se ganaba dinero prácticamente sin trabajar, y ahora viven añorando un pasado que no existe. Y quizás por eso quieren seguir ganando dinero de forma fácil, lo que ha sido nefasto. La reciente crisis con el sistema de pensiones tiene mucho que ver con esa forma de pensar (...) La clase política argentina está compuesta por gente muy mediocre y también insisten en esa obsesión por la edad de oro. Lo peor es que los gobiernos alimentan este mito.