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Artículo correspondiente al número 200 (23 de mar al 05 de abr 2007)
No hay caso con el ferrocarril chileno. Pese a contar con un presupuesto de inversión millonario, sigue siendo un desastre, con pérdidas escandalosas que parecen no acabar. ¿Qué hacer con esta empresa del Estado? ¿Se justifica seguir con ella? ¿Tiene solución? El debate está que arde.
Por Soledad Pérez R.

A Ferrocarriles del Estado le llueven las pifias por estos días. Que es un tonel sin fondo, que está mal administrada, que es una caja negra, que le falta transparencia, que no da para más… Lo que en otros casos no pasaría de ser una escaramuza política, en éste tiene un asidero bastante real: la empresa, que cerró el 2006 con un balance en contra por cerca de 70 millones de dólares, es una fábrica de números rojos. Tome asiento por favor para leer lo que viene: en los últimos 15 años, acumula la friolera de 1.700 millones de dólares en pérdidas. Leyó bien: 1.700 millones de dólares. Fuerte, ¿verdad?
Lo paradójico es que EFE, como se conoce por sus siglas, no solo es millonaria por su déficit. También lo es por sus inversiones. No hace mucho, entre el 2003 y el 2005, emprendió un plan por 1.100 millones de dólares que consideraba una serie de proyectos –Merval entre Limache y Valparaíso, Biovías en Concepción y la ruta Victoria-Puerto Montt– y una gran promesa de modernización que quedó en eso. En promesa. Porque no solo no llegó al 2006 con resultados operativos azules, también profundizó sus pérdidas y se quedó, literalmente, a medio camino. Y así, el tren del siglo XXI, con una inyección de recursos que se querría cualquiera, sigue andando a ritmo decimonónico, con una fuerte carga financiera y con un futuro que, por ahora, se ve incierto.
El problema es que el plan estrella del ex presidente Ricardo Lagos es una herencia que le está quebrando la cabeza al actual gobierno. Mientras tanto, las preguntas llenan páginas de diarios y bitácoras de políticos. Porque al fin y al cabo… ¿tiene solución el problema?, ¿es viable esta empresa?, ¿se justifica tanto costo, considerando que su competencia –los buses y las supercarreteras– operan en forma eficiente e incluso más económica? En resumen, ¿vale la pena que el Estado se siga bancando estas multimillonarias pérdidas?
Lo único cierto y concreto hasta ahora es que EFE ha sido por años un desastre, dice un actual director que prefirió quedar en el anonimato. Y lo ha sido entre otras cosas porque por años de años distintas administraciones no han podido con esta carga monumental que es el ferrocarril chileno. Porque nunca, afirma el mismo personero, hubo interés de gestionar a EFE como una empresa con todas sus letras. Curioso, porque eso significa que los gerentes pasaron y ahí quedaron las pérdidas. Y hasta donde sabemos, nadie armó un escándalo.
La historia reciente no es muy distinta. Una cosa es que la compañía no haya podido cumplir su meta de equilibrarse operacionalmente y que haya aumentado sus pérdidas en 13 mil millones de pesos entre el 2005 y el 2006. Pero otra muy diferente es que como parte de la revisión a fondo que están haciendo los nuevos directivos –Vicente Domínguez en la presidencia y Edmundo Dupré en la gerencia general– se hayan encontrado “sorpresas” en el balance, como los 3.000 millones de pesos que se contabilizaron en los ingresos y que simplemente no están.
¿De dónde salieron entonces? El origen tiene que ver con la tan criticada mala gestión de EFE. Durante la presidencia de Luis Ajenjo se encargó a una consultora privada que hiciera el mapeo de todos los atraviesos de las líneas férreas (el uso de las redes para instalar, por ejemplo, cables de tendido eléctrico o telefónico) por parte de terceros. El resultado fue que había un stock de cerca de 4.000 millones de pesos no facturados y cuando fueron a cobro, rebotó una cifra cercana a los 3.000 millones de pesos. “Los afectados –dicen en la empresa– estimaron que las deudas estaban prescritas”. Cómo no, pues, si algunas datan de hace más de 12 ó 15 años. Hoy el tema se ventila en la justicia donde se iniciaron juicios contra los deudores, algunos de ellos importantes operadores como Telefónica CTC, entre ellos.
En la empresa afirman que, por ahora, no habrá más cadáveres en el closet de EFE y que a pesar de los malos criterios con que actuaron administraciones anteriores, acá no ha habido “ni dolo ni fraude”. Desde el oficialismo, el diputado Patricio Hales (PPD), integrante de la comisión de Transportes de la Cámara, se muestra conforme con las revisiones llevadas a cabo. “No puedo concluir que esto es un escándalo antes de la investigación”, opina.
La investigadora de Libertad y Desarrollo Ana Luisa Covarrubias prefiere poner el acento en otra parte. “No sé –dice– si esto tiene olor a corrupción. Lo que sí sé es que acá hay una falta de transparencia tanto en los costos asociados al transporte como a la gestión de la empresa, los resultados de las licitaciones y otros gastos que obligan a una evaluación de la rentabilidad de esta compañía”.
El precario acceso a datos clave e incluso básicos es un problema del que saben muy bien al interior de EFE. La nueva administración, que llegó hacia fines del 2006, se encontró con que internamente la información es “deficiente, insegura y a veces cambiante”, confidencia un director. Mala cosa, porque inversiones para mejorar esa deficiencia cultural y operativa no han faltado. De hecho, la firma cuenta con un moderno sistema SAP, como cualquier gran corporación que se precie. El detalle es que hasta hace un par de meses estaba literalmente botado.
Otra cosa es el flujo de información al mundo externo. El diputado de RN Cristián Monckeberg se queja de eso. “Está bien –afirma–, la empresa puede arrojar pérdidas. Pero hagamos de la administración algo transparente. Hoy uno solicita una información, algún dato numérico, de personas o de lo que sea y lo que te responden es… nada. A mí me ha tocado enviar oficios de fiscalización con una serie de puntos, entre ellos la planta de directores, dónde ejercen sus funciones, el tema de los trenes que se compraron a España sin licitación. ¡Y me han respondido en tres líneas!”.
A estas alturas, el ferrocarril chileno no tiene claro el camino de salida y la solución se ha transformado en un gran zapato chino tanto para las autoridades como para sus administradores. Por lo pronto, Hacienda está redefiniendo su presupuesto y desde el famoso plan trienal 2003-2005 la empresa no ha vuelto a tener en carpeta ningún proyecto nuevo. En esta situación de stand by, las críticas apuntan a que se ha manejado más con criterios políticos que económicos. Como dice el mismo Monckeberg, “la madre del cordero es que EFE no le responde a nadie más que al gobierno de turno”.
De todos los defectos que los especialistas pueden encontrar en EFE, el que más les llama la atención debe ser el famoso plan de 1.100 millones de dólares que emprendió la administración de Lagos. La gran crítica es que el monumental proyecto sirvió de plataforma política al ex mandatario, justo en momentos en que el país enfrentaba elecciones parlamentarias y presidenciales. Esa es una arista. La otra es que en la práctica la inyección de recursos estuvo lejos de dar resultados, en algunos casos porque aún falta tiempo para que eso pase, en otros porque los cálculos estaban equivocados, la infraestructura no respondió o no se cumplieron los desarrollos planteados.