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Artículo correspondiente al número 234 (8 al 21 de agosto de 2008)
JOSE CARAGOL
Con la característica soltura y manejo de palabras de un profesor de Historia, José Caracol dice que su opción por dicha profesión surgió como un medio para adquirir una visión global del mundo, que le ayudara a manejar una actividad de emprendimiento en el futuro. Ese era su sueño por naturaleza. Todavía no sabía bien en qué área del mundo de los negocios adentrarse particularmente, pero comprendía que ese era el camino inicial.
Así, cuando egresó de la Universidad de Chile en 1976 se vio enfrentado a qué hacer. Y revisando periódicos se encontró con una firma europea que buscaba visitadores médicos para promocionar productos farmacéuticos. Como no exigían experiencia, decidió enviar su currículo con tal suerte que, al poco tiempo, lo llamaron para que comenzara su labor.
Su carrera fue meteórica. En apenas un año ya era la cabeza principal de la fuerza de promotores de esa compañía. Lo que no fue fácil. Sobre todo, porque pasó a ser jefe de empleados que tenían más experiencia que él. “La pedagogía me ayudó mucho en ese momento, sobre todo en eso de manejar el lenguaje adecuado con las personas”, dice.
De ahí en más todo fue crecimiento. Años después aceptó el puesto de subgerente de promoción médica en el Laboratorio Silesia, donde luego ocupó las gerencias de Marketing, comercial y de desarrollo de negocios, hasta que en marzo de 2005 la firma fue adquirida por Andrómaco y asumió su cargo actual: la gerencia de Asuntos Corporativos y Licencias. Un área estratégica que implica la búsqueda de nuevos medicamentos y que lo ha llevado a más de 50 países. Una vez más le ha servido su formación humanista, sobre todo a la hora de cerrar los negocios, habitualmente en comidas o almuerzos, donde su bagaje cultural ha logrado captar la atención de sus clientes o socios.
| Aire fresco para las empresas Por Andrés Benítez |
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| El autor es rector de la Universidad Adolfo Ibáñez |
| Kung Fu Panda: el valor de la persona Por Paula Valenzuela |
Fui con mi hija a ver la película infantil Kung Fu Panda. No sólo es una bonita película, sino que nos hizo pensar acerca de cómo un oso panda, dulce, con sobrepeso, que sin tener habilidades específicas sobre un arte místico que requiere profundos conocimientos, como es el Kung Fu, fue capaz de transformarse en el mayor maestro.¿Cómo logró esta hazaña, si su única experiencia en la vida era servir sopas y disfrutar con la comida? ¿Es posible repetir este ejemplo en nuestras empresas y romper algunos paradigmas respecto de quiénes deben ocupar ciertos puestos o cargos? ¿Qué tenía de diferente el Panda del resto de los candidatos a maestro, que habían sido entrenados y perfeccionados durante mucho tiempo para ocupar este puesto? Básicamente dos aspectos: el primero, su amor por el Kung Fu; no quería nada más en el mundo que llegar a ser maestro en este arte. En segundo lugar, muy al final de la película, buscando el secreto del poder, descubre que lo que define a un gran maestro no está dado por algo externo, sino que está en el valor de ser quien se es, es decir, mirarse profundamente y valorarse como persona. ¿Qué hizo al Panda llegar lejos y cumplir su sueño? En este punto existen fundamentalmente dos aspectos profundos que deben darse. El primero es tener un maestro que esté dispuesto a romper paradigmas, superar prejuicios e incluso vencer miedos; y en segundo lugar, al preguntarse cómo hacerlo para transformarlo en un gran maestro, encontrar cuáles son las habilidades y los caminos propios –muchas veces distintos– de cada persona para aprender y sacar lo mejor de sí. Finalmente, me atrevería a decir que en Chile no sólo faltan discípulos Kung Fu, sino que principalmente maestros (líderes) que estén dispuestos a buscar en la diversidad profesional y humana personas que, más allá de las habilidades técnicas, aporten sus capacidades y creatividad desde miradas diferentes. Así, potenciaremos la innovación, el progreso y una nueva forma de gestionar conocimiento, privilegiando el valor de la persona por sobre lo externo. |
| La autora es gerente general de Fundación Generación Empresarial |