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Reportajes y Entrevistas
Galones junto al presidente

Los edecanes son muy cercanos a la figura del jefe de Estado, pero carecen de poder y de figuración pública. Por sus filas han pasado personajes muy relevantes de la historia del país, y representan una institución tan antigua como la República, pero bastante desconocida.
Por M.Angélica Zegers V. Documentación, Alejandra Irarrázaval.

Están al servicio del presidente, pero en un segundo plano, flanqueándolo por los costados y en permanente vigilia. Cuando están de pie, parecen estacas. Se mueven ante el más mínimo guiño, siempre atentos al mandatario y como una verdadera sombra. La figura del edecán irrumpe en la historia de Chile en los primeros tiempos de la Independencia, con personajes como Juan Mackenna o Manuel Rodríguez, que adoptaron la usanza española y que en calidad de ayudantes del capitán general –a pesar de su espíritu revolucionario– se cuadraban detrás de la autoridad llevando cordones de oro en el hombro.

Se sabe poco o nada de los cuatro edecanes presidenciales. Solo que están ahí, detrás. Y que son discretos. Muy discretos. Porque cultivan el arte de no llamar la atención. Y no la llaman, lo cual es raro si se considera que son varios los edecanes que jugaron roles atendibles en distintos gobiernos o alcanzaron un alto perfil público después. Precisamente, muchos piensan que este cargo proyecta mejor la carrera de los uniformados una vez cumplida su función.

Estado de excepción

Mucho del poder o la figuración que logran los edecanes durante su servicio en el gobierno depende de la personalidad tanto del presidente y del edecán como de la conexión cotidiana que logren establecer. A veces es poca, a veces mucha. El presidente Eduardo Frei Montalva, por ejemplo, tenía una relación de bastante confianza con Humberto Gordon, su edecán militar. El presidente Allende también tuvo sus favoritos y en algunas giras –a México, la ONU, Argel, la ex Unión Soviética, Cuba y Venezuela– viajó con sus tres edecanes. Uno de los más cercanos al ex presidente fue el teniente Juan José Mela, dado de baja por el Ejército apenas se produjo el golpe y también Arturo Araya Peters, su edecán naval, que fue asesinado en un confuso incidente en plena Unidad Popular. A raíz del hecho, circuló la versión de que los barcos con armamento soviético que había solicitado el general Prats y que venían en camino, recibieron la orden de virar debido a que el gobierno soviético no vio con buenos ojos la reacción de Allende. El presidente, si bien dispuso un operativo sin precedentes par buscar a los culpables, a juicio del Kremlin “debió haber aprovechado la oportunidad para movilizar a las masas y salir a la calle”, como afi rmó en un libro el ex vicedirector de la KGB Nikolai Leonov.

Con Allende los edecanes vivieron horas difíciles. El mismo 11 de septiembre los edecanes Sergio Badiola, Jorge Grez y Roberto Sánchez, quienes ya habían sido notificados por sus respectivas armas del golpe de Estado, se juntaron con Allende y le transmitieron las instrucciones de que debía dejar La Moneda y que había un helicóptero esperando por él y su familia. Allende se negó a abandonar la sede del gobierno y los edecanes se resistieron hasta último momento a abandonarlo. Solo cuando el presidente los conminó a hacerlo, volvieron a sus instituciones. Años después, el general Badiola dijo en una entrevista que la mayor satisfacción que había tenido como edecán había sido precisamente cumplir hasta el final con su deber: “Mantuvimos el prestigio profesional y planteamos con lealtad y franqueza al presidente la situación que se vivió”.

Muchos de los más activos actores del gobierno militar fueron edecanes de los ex presidentes Eduardo Frei y Salvador Allende, como Oscar Bonilla, Sergio Arellano Stark y los propios Badiola y Gordon. Allende había llamado al gobierno a los uniformados –encabezados por el general Prats– para descomprimir el cuadro político. Fue una decisión que hasta el día de hoy es discutida. Y así como algunos se plegaron a su ideario, hubo otros que también pueden haber actuado en su contra. Nunca se sabrá a ciencia cierta cuánta o qué información salía desde La Moneda a las instituciones armadas, pero es bastante probable que los edecanes que luego fueron personajes muy activos y leales al gobierno militar hayan transmitido lo que veían en el gobierno de Allende.

Durante los inicios del gobierno militar, cuando el poder político y el militar corrían por el mismo carril, obviamente los edecanes cobraron especial relevancia. De hecho, sus ofi cinas estaban próximas a las de Pinochet y no se movía un papel en estos despachos ni se hacía una cita con el general que no pasara por sus manos. Casos emblemáticos son los de Jorge Ballerino y Ramón Castro Ivanovic –quien intervino en la compra de El Melocotón–, ambos extremadamente cercanos a él, al punto de quedar involucrados en el caso Riggs por manejo de fondos de la Casa Militar, si bien el juez Muñoz declinó procesarlos por haber prescrito los eventuales delitos. En el caso de Ballerino –que sería jefe de la Casa Militar y luego ministro Secretario General de Gobierno– su poder despertaba resquemores incluso en el Ejército, ya que muchos veían en él a la persona de la cual dependían ascensos o deméritos de carrera. Varios de ellos enfrentarían después procesos por causas de derechos humanos.

Democracia y futuro

Con el regreso de la democracia en 1990 los edecanes recuperaron el lugar previsto en la ley y que, básicamente, los circunscribe a asuntos protocolares. La primera señal de los nuevos tiempos estuvo dada por la decisión del presidente Aylwin de trasladar las ofi cinas que ocupaban a otra ala del palacio. Después de 17 años de autoritarismo militar, las desconfi anzas eran lógicas. La actual secretaria de la oficina de los edecanes, Pía Ossandón, que trabaja desde el año 1991 en la Moneda, confirma que en el gobierno de Aylwin había recelo respecto a los edecanes. Aunque no recuerda conflictos, dice que básicamente no se les consideraba.

Con el tiempo las confianzas se fueron recomponiendo, no obstante que los nuevos tiempos establecieron otros referentes. Aylwin y Frei tuvieron equipos asesores poderosos. Lagos establece el “segundo piso”. Rodrigo Peñailillo y María Angélica “Jupi” Alvarez son figuras importantes en la actual administración. De hecho, el único edecán de los gobiernos de la Concertación que luego alcanzó una figuración particular fue Alberto Cienfuegos, que llegó a general director de Carabineros y también Cristián Millar, hoy comandante de la Primera Zona Naval, un caso sintomático de empatía con el presidente. “No es fácil cumplir la tarea sin invadir una privacidad que es un valor muy preciado por la autoridad. Quizás en los viajes al exterior es cuando más se estrechan lazos, pero también cuando más se pone a prueba el buen criterio para saber dónde uno debe estar o no estar. Compartimos el golf, la buena mesa y el interés por el fútbol, pese a tener camisetas distintas (él la azul y yo la blanca) como actividades complementarias, además de interesantes y entretenidas conversaciones de experiencias que para un marino son del todo novedosas y que se mantienen hasta hoy”, dice Millar.

Esta relación entre el poder político y las Fuerzas Armadas, que para muchos es signo de modernidad y de reconciliación, también plantea dudas en algunos sobre la institución de los edecanes. Por el lado uniformado, hay quienes creen que estos no debieran asistir con los presidentes a ningún acto político o proselitista si se quiere despolitizar a las instituciones armadas. También es discutible ver a distinguidos miembros de sus filas en funciones que consideran sin importancia. Del lado civil, en tanto, no son pocos los que consideran que los edecanes no tienen mucha razón de ser. Ponen el ejemplo de Estados Unidos, donde el presidente no los tiene y, como paradójico, se cita el caso del gobierno de Kirchner, quien aún manifestando una evidente antipatía por los militares, se pasea con sus edecanes para todos lados.


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Comentarios

1 Comentarios

M.Angélica :

Publicado Miercoles 21 de Julio, 2010 - 10:42 hrs

Aquí se puede apreciar la rectitud y coherencia del Gral Prats, fue él quien solicitó el barco con armamento ruso para que las "mazas" o "el pueblo" enfrentara a sus hermanos que no participaban de la idea de hacer otra Cuba de Cile.Como vemos esto es un acto de traicion a su formación militar y a su País!!!!no tiene otro nombre, asi que no digan ahora que era un hombre tan bueno, se dejó seducir por la Unidad Popular, es decir fue un upeliento mas gozando de beneficios del gobierno de turno.

 
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