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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Gabriel Valdés. "Chile es un país gótico que necesita autoridad" |
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Artículo correspondiente al número 229 (30 de mayo al 12 de junio de 2008)
-¿Por ejemplo?
-Recuerdo que participé activamente con Ernesto Ayala –quien era mi amigo para que todos esos países compraran el papel chileno. También Belisario Velasco trabajó en este campo, incluso con China, donde fue a negociar la compra de té. Hacíamos cosas. El gobierno de Frei Montalva era muy para adelante. Nos entusiasmamos con lo que hacía Europa y quisimos hacer de América latina una sola unidad, pero la integración económica no se resolvió a tiempo…
-¿Cuáles cree usted que fueron las causas del fracaso?
-En parte, la ideologización en que se sumió el continente a partir de la revolución cubana y en parte, también, la influencia de Estados Unidos, que hizo todo lo necesario para que no se produjera la integración. Es bien curioso, y después de muchos años me doy cuenta de ello. La Alianza para el Progreso tuvo como objetivo más bien defenderse de Cuba. Después, los norteamericanos hicieron cosas muy sutiles, porque les interesaba tener una América latina que no molestara. Estábamos en plena guerra fría. El imperio norteamericano –que no tiene política exterior, sino política defensiva muy fuerte es muy distinto al imperio inglés, que se dedicó a formar elites y no sólo economistas…
-Y actualmente, ¿qué sucede?
-Brasil aspira a ser China, India, una potencia autónoma. Argentina, con sus constantes crisis, se ha aislado. Uruguay está asfixiado y los otros países han tenido colapsos económicos y políticos. Chile ha escogido una política muy abierta hacia el Pacífico, abandonando a América latina. No creo que haya un continente más separado entre sí que el de América latina…
-¿Tenemos alguna posibilidad de revertir la situación?
-Espero que sí. Se están levantando muchas voces. Por ejemplo, El Mercurio, que siempre ha sido muy nacionalista, está siendo partidario de buscar una mejor política para América latina. Y es que el mundo se desarrolla y hay que dejar atrás esa idea que alguna vez me expuso Kissinger. El me dijo: “usted viene del sur y el sur no importa al mundo. La historia no se ha hecho en el sur, se ha hecho en el norte. Usted viene de lejos y no tiene nada que hacer”. Claro, somos chicos, atrasados y del sur, pero si bien uno no puede competir con los grandes, puede cooperar a realizar el sueño de Bolívar. Pero para eso se necesitan liderazgo, una fuerza política capaz, con ideales, sueños. Hay, en verdad, en América latina una crisis de estadistas…
-¿Y en Chile?
-No quiero referirme negativamente a Michelle Bachelet. Yo la quiero mucho. La conocí cuando era ministra, en Valdivia, después de un cóctel, y de repente ella me dice: ¿Le gusta bailar, don Gabriel? Claro que me gusta, le contesté, y bueno… allí iniciamos una amistad. Le tengo gran admiración y simpatía.
-¿Qué les ha pasado a los gobiernos de la Concertación? Usted luchó para que llegaran la alegría, la unidad, el cambio, pero no sé hasta qué punto esté contento con lo que se vive…
-Hoy día no, y es porque tengo una visión más histórica de las cosas. Pero la alegría nos llegó, pues. Yo tuve una alegría enorme, aunque algunos estaban más tristes que otros. En general, el mundo y nosotros estábamos muy contentos de que hubiéramos ganado el plebiscito, evitando la guerra. Ese fue un momento de mucha sobriedad, funcionamos como ingleses. El general Matthei reconoció la derrota y, bueno, ya después no tuve mucho más que hacer.
-¿Cuenta algo de eso en sus memorias?
-Sí, por ejemplo que en el triunfo del No fue clave una señora mexicana que nadie conoció pero que fue la que armó el ambiente para el plebiscito. Profesora de Harvard, tenía un enorme moño y se pasó dos meses aquí haciendo encuestas personales. Al final me dijo: nunca he visto un país con más temor. Ella captó el miedo y eso sirvió para elaborar la franja, en la que no se usaron palabras conflictivas, no se habló de derechos humanos, de cárceles ni de nada doloroso. Ella administró la campaña de la presidenta Aquino de Filipinas.
-Y, claro… al día siguiente la gente abrazaba a los carabineros…
-Y yo dándole la mano a Pinochet, aunque no olvido que no se sacó el guante… Pero, entonces, tampoco pudimos hacer de la unidad latinoamericana el leit motiv.