|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Francisco Rencoret, el W… y el alfabeto urbano |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 263 (16 al 29 de octubre de 2009)
Con una propuesta que combina los conceptos de Mid Town en lo que es tejido citadino y de Mix Use en lo que respecta a oferta inmobiliaria, el edificio Isidora 3.000 y su ancla, el Hotel W, se ponen a la vanguardia de lo que creen es un proceso irreversible en Santiago. Uno de sus impulsores, el arquitecto Francisco Rencoret, devela las claves de esta apuesta que mira hacia adentro a la ciudad y revela hacia donde cree que discurrirá la metamorfosis urbana. Por Roberto Sapag; retrato, Verónica Ortiz.
Que a los 23 años que Francisco Rencoret decidió vender sus bienes (“bastante pocos, una moto y esas cosas”) y partir al exterior a hacer la práctica como arquitecto, con cargo a su peculio. Junto a tres amigos desembarcó en Nueva York y trabajó gratis para el consagrado Richard Meier. Esa experiencia, junto a sus posteriores estudios en la Universidad de Cornell y su recorrido profesional en KPF (Kohn Pedersen Fox) en Nueva York y Londres, lo marcaron profundamente y le dejaron incubado un bicho que años después maduraría y determinaría su forma de pararse en el negocio inmobiliario.
Hoy Rencoret es uno de los gestores, junto a aliados como Ignacio Salazar, Jorge Marín, Ana Sáinz de Vicuña y otros, del edificio Isidora 3.000, el mismo que se ha constituido en centro de gravedad del dinámico barrio El Golf. Ad portas de su opening oficial, quisimos deletrear la receta de este edificio, que entre otras cosas ha incorporado en mayúsculas la grafía W en el alfabeto urbano de la capital.
Desde potrillo
Una de las cosas que más enfatiza Rencoret es que detrás del resultado concreto que es Isidora 3.000, hay –en lo colectivo– muchas horas de trabajo y sacrificio y, en lo personal, un largo proceso de maduración que comenzó en la Universidad de Chile y que a lo largo de sus primeros años de desarrollo consigna la influencia de mentores como Alberto Sartori, Andrés Elton Necochea, Luis Darraidú y Pedro Murtinho, entre otros.
Fue la inquietud un tanto renacentista de estos tutores y la ruptura de moldes conceptuales que le provocó el vivir, estudiar y trabajar fuera de Chile, lo que hoy Rencoret cree estar destilando junto a sus socios en los proyectos que impulsa. “Si bien fuera de Chile partí comprando café para mis jefes y cambiando ampolletas –dice, aunque no nos quedó claro si era una alegoría–, a la larga pude participar en cosas concretas en Atlanta, Frankfurt, Nueva York y Londres; cuestión que, creo, me permitió acortar mentalmente la distancia entre el tercer y el primer mundo”, apunta con letra clara.
Formado en una familia en que la arquitectura ha sido determinante, desde siempre la inquietud profesional de Rencoret ha estado marcada por “los rascacielos”. Sin ir más lejos, la viga maestra de su tesis de graduación en Cornell (y que fue editada por Princeton Architectural Press) fue desentrañar la “forma en que un edificio puede contar una very good story a la ciudad”. De ahí que echara a volar su imaginación y presentara un conjunto de propuestas para reconstruir la sensación de llegada que perdió Nueva York al pasar del arribo en barco al descenso en avión.
Hoy él cree que eso es justamente lo que logra Isidora 3.000: contarle una buena historia a Santiago y poner a la capital en el mapa internacional.
Pero volvamos al recorrido que deriva en este proyecto... En KPF, compañía reconocida internacionalmente por hacer rascacielos, Rencoret dice que aprendió lo que le faltaba conocer del mundo real, y forjó vínculos que más tarde cristalizarían al regresar a Chile. Uno de esos nexos fue la relación que estableció con Gary Handel, quien terminó siendo el master mind de Isidora 3.000. “Gary fue mi profesor auxiliar en la universidad y fue clave en muchos aspectos durante mi estadía en Estados Unidos”, recuerda.
¿Cuál es su gracia?, preguntamos ingenuamente. Sencillo: Handel había sido arquitecto de Millenium Partners, una inmobiliaria muy conocida e identificada como la creadora de un nuevo modelo en el rubro: el llamado mix use, el mismo concepto que hoy anima a Isidora y que incluye hotel, residencias, oficinas, retail, etc. “Se trata de un modelo que busca sinergias y complementos, en un mundo donde las ciudades están tremendamente integradas y donde cada vez la gente quiere menos trabajar y dormir en lugares distantes. Eso no prendió, se acabó”, remata Rencoret.
A su juicio, un ejemplo de este proceso que apunta a la integración es la evolución que ha tenido el Parque Arauco, que ha empujado una auto transformación que le ha resultado particularmente rentable. “A nosotros nos encargaron incorporar la ciudad al mall y mira cómo, después del cine, han venido el boulevard, las oficinas. Hoy la distancia es un tema importante en las ciudades, porque la gente no quiere perder tiempo trasladándose”.
Se suma a eso el que más allá del pulso de las ciudades, el mix use termina haciendo mucho más rentable la dinámica del negocio. Y ello, porque para un hotel claramente es mejor tener un centro de negocios asociado, con oficinas. Y lo mismo ocurre con las oficinas y residencias, para las que es clave tener a la mano servicios, hotelería, salones, centros de negocios, etc.
Mid town made in Chile
La historia de Isidora 3.000 tiene, por cierto, antecedentes.
Al regresar a Santiago, Rencoret reforzó el contacto que siempre mantuvo con su cuñado Rodrigo Domínguez, con quien impulsó varios proyectos, la mayoría de los cuales tuvo al sector de El Golf como centro de gravitación. De esa etapa es, por ejemplo, el proyecto Isidora 3.250, que a su juicio marca un punto de inflexión en el proceso de constituir esta avenida en la columna vertebral del barrio.
“Decidimos apostar a la visión del entonces alcalde Larraín, quien se la jugó por ensanchar la avenida y mejorar las veredas. A mí me había tocado ver cómo tomaban forma visiones similares fuera de Chile y lo que se estaba gestando en esa avenida nos hizo sentido. Nos pareció de toda lógica que Isidora Goyenechea sería el corazón del mid town chileno. Cumplía con todos los requisitos. Era una gran dirección y además, una avenida. No era una avenida de paso vehicular, ya que terminaba en la plaza Loreto, y además tenía dos plazas importantes en 10 cuadras y la suficiente amplitud y normativa que probablemente se desarrollaría adecuadamente con edificios institucionales”, revela.
Y añade: “los centros históricos, tarde o temprano, se disocian del mundo financiero y las compañías de servicios crecen buscando mejor infraestructura: cercanía al Metro, proximidad a hoteles, fácil acceso al aeropuerto y un contexto urbano entretenido, con buen soporte gastronómico. Es más, te diría que los mid towns se desarrollan con edificios menos tradicionales y más modernos. Buscan eficiencia y, por normativa y tejido urbano, esto no se daba en el centro. Por eso pusimos la mirada acá. Porque si un edificio importante se construye bien y hace un aporte al barrio, crea plusvalía y mejora el contexto y la calidad de la construcción en su entorno”.