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Artículo correspondiente al número 210 (10 al 23 de ago 2007)
Junto a su padre, a su hermano Sebastián y un grupo de ejecutivos de confianza, Alfonso Andrés Swett Opazo, el director ejecutivo de Forus, está empeñado en expandir la compañía. Sin pelos en la lengua dice que estuvieron a un tris de arremeter por La Polar y que la estrategia de adquisición de empresas en Chile y el exterior está en pleno desarrollo. Por lo mismo, muy pronto debiera haber novedades. Por Roberto Sapag Q.; fotos Gabriel Pérez.

Alfonso Swett, Jr. es lo más parecido que hay a su auto, un Volkswagen Beetle. No se crea que lo decimos por lo taquillero del modelo. No. Lo decimos por lo ágil, certero y decidido que es. Alfonso Andrés Swett Opazo es todo eso y, en el fondo, es también un producto de manufactura alemana, como su auto. Un ejecutivo que a la hora de hablar de los negocios familiares hace alarde de sofisticación técnica, de precisión teutona y de un gran dominio del volante en las curvas. Le correspondió liderar el proceso de apertura de Forus a la bolsa hace cosa de unos meses, teniendo un solo objetivo en mente: ganar escala, profesionalizarse y entrar en las ligas mayores. Desde entonces a la fecha la empresa se ha valorizado a toda máquina y al cierre de esta edición se cotizaba en bolsa con un patrimonio bursátil de 400 millones de dólares. Ese valor patrimonial, la plata contante y sonante y una capacidad enorme para levantar deuda, le permiten a la compañía vitrinear y estar al cateo de distintos golpes de negocio en Chile y el exterior. Sí señores, Forus anda de compras y Swett no tiene problemas en decirlo.
Junto a su padre, Alfonso Swett Saavedra (“un hombre visionario y de olfato”), a su hermano Sebastián (“que tiene un talento creativo reconocido mundialmente”) a Gonzalo Darraidou (“pieza clave y de gran capacidad de trabajo”), Swett, Jr. quiere más. Dice que Forus, más temprano que tarde, ganará escala en el retail y que cuando dice eso tiene en la mira los modelos de GAP en Estados Unidos y de Zara-Inditex en Europa. Ingeniero comercial de la UC y master en Duke, el hombre también está involucrado en los otros negocios de la familia, que están al alero de Costanera S.A. Allí, junto a su ex compañero de MBA, José Pablo Lafuente, trabaja los temas estratégicos y financieros del grupo. Cuando se pone el sombrero de Costanera, Swett sorprende por la clara aproximación que hace a los negocios inmobiliarios y agrícolas de la familia, a los alcances que puede tener la reciente compra de Marbella y, al temple, mezcla de pragmatismo y emoción, que está detrás de la participación de la familia en el club de fútbol Magallanes.
-¿Te gusta el retail?
-De los negocios familiares, Forus es la empresa que más me apasiona. Me trastorna, al punto que los fines de semanas estoy en tienda. Esto para mí es entre trabajo y pasión.
-¿Siempre tuviste claro que éste era tu destino profesional?
-Tenía claro que tarde o temprano iba a terminar donde estoy, pero había cosas que no tenía claras: cuándo y cómo iba a ser. De hecho, mi primera decisión, terminada la universidad, fue no trabajar en la empresa familiar. Quería llegar a aportar algo y no asumir un cargo por ser el hijo del dueño, sin haberle ganado nada a nadie.
-¿Lo tuyo siempre fueron los negocios o el período de tres años con Piñera te abrió otros apetitos?
-Lo mío siempre han sido los negocios. Cuando asumí el centro de alumnos de Economía, lo hice con esa lógica. Era un centro de alumnos deficitario que se pasaba pidiendo plata al decano. En mi período, lo transformamos en un centro de ingresos. Negocié con empresas enfocadas a jóvenes y conseguí auspicios, vendí actividades, pusimos publicidad en las poleras, dimos acceso a bases de datos de alumnos. Cuando terminé, recuerdo haberle entregado al decano recursos para becas.
-Más gerente que dirigente político, siendo que te tocó una época intensa.
-Me postulé justamente para despolitizar las cosas. Formamos una lista transversal con la moral de dejar de trabajar para los partidos y empezar a trabajar para los alumnos. El otro esquema era ridículo. Y, de hecho, en mi lista recibimos apoyo del hoy ministro de Energía, Marcelo Tokman y del alcalde de Maipú, Alberto Undurraga.
-Tu llegada a trabajar con Piñera en 1991 podría hacer pensar otra cosa. ¿Entraste por la puerta de dirigente de centroderecha o de ingeniero comercial?
-La verdad es que nunca me perfilé como dirigente de centroderecha y mi llegada a trabajar con Sebastián fue muy sui generis. Mi profesor de economía monetaria, Felipe Larraín, me dijo que quería que me fuera a trabajar con él. Yo pensé que eran palabras de buena crianza, pero cuando terminé la carrera me llamó. Una vez en su oficina me dijo que estaba trabajando en el programa político de Sebastián y que quería que lo ayudara a coordinar. La verdad es que me pareció interesante. Me mandó a hablar con él y así terminé ingresando al área de estudios, que después trascendió a la toma de responsabilidades en el manejo de sus inversiones y empresas. Te diría que en alguna forma fui el antecesor de Juan Luis Rivera... Además le brindé apoyo a su tarea de senador en distintos temas.
-¿Cómo fue trabajar con Piñera?
-Extraordinario. Fue de las buenas experiencias profesionales y humanas que he tenido en mi vida. Sebastián es una persona muy humana, generosa, constructiva, que enseña y apoya. Intelectualmente es de enorme capacidad, es intenso en el trabajo, capaz de abordar los problemas de forma distinta. En lo personal y profesional fue muy importante. Para mí fue muy complejo renunciar.
-Pero se trataba del llamado de tu padre que pasaba por una situación de salud delicada.
-Efectivamente. Se dio esa coyuntura y me adelantó el timing.