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Artículo correspondiente al Martes 26 de Julio, 2011
“Este es un cambio de gabinete riesgoso”.
“Siempre el hecho de incorporar más elementos de juicio político en una discusión aumenta el riesgo de que las decisiones técnicas puedan dilatarse o salir muy distorsionadas”.
“De las medidas que estaba impulsado Fontaine, hay varias que tocan intereses muy precisos… Esperaría que ese lobby no lleve a un ministro como Longueira a privilegiar el quedar bien con esos sectores”.
“Se consigue sacar adelante los proyectos si hay voluntad, si hay negociación. Y no necesitas ser ex parlamentario para eso, ni haber sido dirigente de un partido por 30 años. Estoy convencido.” Por María José O’Shea C.; Fotos, Verónica Ortíz.
“Que hoy te digan tecnócrata es casi un insulto”. Felipe Morandé está molesto. No ha hablado de política desde que salió del gobierno en enero pasado y hoy quiere reivindicar su especie. La de los técnicos.
No le gustó que sacaran al ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, y que pusieran en su lugar al UDI Pablo Longueira. No porque tenga algo contra el ex senador; por el contrario, le tiene estima. Lo que le preocupa a este economista –hoy dedicado a varios directorios de empresas y a asesorías en telecomunicaciones, entre otros temas– es que se esté estigmatizando a los técnicos que han trabajado intensamente en el gobierno y que se les eche la culpa de que las cosas no andan por su falta de experiencia política. Aquí, saca la voz.
-¿Qué le pareció el cambio de gabinete?
-Es un cambio que resulta de una presión y también de un diagnóstico. Se concluyó en que se requería de más actores políticos dentro del gabinete, lo que puede ser equivocado o no. Es un cambio que es riesgoso, sin duda, porque es la administración del Estado. Siempre el hecho de incorporar más elementos de juicio político en una discusión aumenta el riesgo de que las decisiones técnicas puedan dilatarse o salir muy distorsionadas, sin necesidad de que así sea.
-Imagino que habla de Pablo Longueira. Es el único que entró ahora a una cartera técnica.
-Pero antes había entrado la ex senadora Matthei al ministerio del Trabajo, que también es técnico. Ahí se requieren reformas importantes en el mercado del trabajo, que se han venido solicitando por muchos años y que no se ven tan en el horizonte. Por ejemplo, cambios en la jornada laboral, que se facilite el trabajo por horas con los mismos derechos de las personas con jornada completa...
-¿Y se veían antes de que entrara ella? ¿Estaban en el programa?
-Estaban en el programa y yo espero que se hagan en defi nitiva, aunque sea algo aguado. Ahora, ciertamente la presencia de Pablo Longueira en Economía es algo novedoso, por decirlo de alguna manera. El va a poner un acento, que es correcto, en temas como la defensa de los consumidores; sobre todo, considerando eventos como el de La Polar. También entiendo que su interés por la clase media pasa por fortalecer a la pequeña y mediana empresa y, por lo tanto, hay ahí una relación directa que es interesante que se impulse, y no podría estar en desacuerdo. El único riesgo es que en defi nitiva varias de las cosas que preparó Juan Andrés Fontaine se retrasen, o sufran modifi caciones sustanciales que las desvirtúen.
-¿Cómo cuáles?
-Por ejemplo, la licitación de las cuotas de pesca. Yo entiendo que el ministro Longueira tiene una visión distinta a la de Fontaine. Es de esperar que prime una visión de Estado donde, según entiendo, el presidente Piñera tiene una postura bastante favorable a la licitación. De las 50 medidas procompetitividad que estaba impulsando el ex ministro Fontaine, hay varias que tocan intereses muy precisos, como los de los notarios, conservadores de bienes raíces, de armadores, de navieras, en fin. Yo esperaría que esas presiones sectoriales, ese lobby, no lleve a un ministro como Longueira a privilegiar quedar bien con esos sectores y no el hecho de que son medidas que apuntan a mejorar la competitividad del país.
-¿Coincide con la tesis de que este fue el fin del diseño del gabinete técnico y se entró a la era del gabinete político?
-Ese es un juicio exagerado, porque la mayoría de los ministros sigue siendo de técnicos. Los con mayor connotación política son contados con los dedos de una mano. Y creo que mantener esa proporción de ministros técnicos es una buena decisión. Agregaría que los ministros técnicos son bien evaluados. En la encuesta Adimark, por ejemplo, los ministros del gabinete de Piñera son mucho mejor evaluados, en promedio, que los de Bachelet en el mejor momento de su gobierno. La mayoría de los ministros actuales tiene evaluaciones positivas, superiores al 50%. Hasta yo mismo, que cargaba con el Transantiago en su momento, nunca bajé del 52% de aprobación.
-Están como estigmatizados los ministros técnicos entonces…
-Es que es un absurdo. Yo creo que decir que alguien es tecnócrata, hoy, parece un insulto, cuando hay que reconocer que la gran parte de los ministros técnicos ha hecho un buen trabajo y eso va a redituar en un mejor país a futuro.
-¿Se siente defraudado cuando sacan a gente como Fontaine?
-Siento mucho lo de Juan Andrés, porque estaba haciendo un excelente trabajo. Creo que es una pérdida para el gobierno, así como también siento mucho la salida de Felipe Kast, que era otro técnico que estaba haciendo muy bien su trabajo. Y creo que, bueno, los reemplazantes pueden hacer también un buen trabajo, pero claramente a una escala de mayor riesgo.
-De los cinco macrocoordinadores de Tantauco, Fontaine y usted ya salieron; Beyer y Vergara no entraron; Larroulet se salvó apenas del cambio de gabinete y Larraín tiene poco peso como ministro de Hacienda. ¿Qué pasó? ¿No era bueno el diseño?
-Hay bastante más gente en el equipo que sigue allí hoy, en la lucha. Lo de los demás coordinadores yo creo que es un accidente y no lo encuentro tan dramático. Mientras haya un programa, y mientras el presidente esté convencido de impulsarlo, eso es lo que importa.