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Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Felipe Lamarca: “Es urgente un ajuste tributario” |
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Artículo correspondiente al número 309 (23 de septiembre al 6 de octubre de 2011)
Todo se jodió cuando Chile dejó de tener grandes sueños. Cuando se dedicó sólo a comprar y poco a volar... Cuando se celebró el bicentenario con una bandera, mientras que para los 100 años se había levantado el Bellas Artes. Lamarca pide un remezón. A políticos y a empresarios. Por Carla Sánchez M. Fotos: Verónica Ortíz.
Está más tranquilo Felipe Lamarca. El ex brazo derecho de Anacleto Angelini ya no se desvela pensando en la próxima junta de accionistas de Copec. Tampoco recorre el país –como lo hizo a los 27 años, en sus tiempos de director de Impuestos Internos– para asegurarse de que todos los contribuyentes pagaran. Ahora disfruta recorriendo a caballo las viñas de su campo en Leyda. Y piensa. Y lee a Darwin.
En el fondo, Lamarca busca en la naturaleza explicaciones al tema de la competitividad. Esa es su última volá. “Lo que me da vueltas en la cabeza es que tú y yo somos producto de la competencia. Somos hijos del espermio que fue capaz de navegar más rápido... (aun así) dentro de la sociedad de hoy me complica la tremenda competitividad; desde las notas del colegio, el deporte, hasta cuántas lucas tengo y cómo me veo”, reflexiona.
Ese tipo de pensamientos se ha intensificado en su cabeza ahora que vive su tiempo suplementario –así le llama–, luego de sobrevivir a una meningitis que lo mantuvo 13 días inconsciente, en 2001. Y aunque su nuevo rol no es el de sociólogo, le gusta mirar con atención las cosas que están pasando en el país. Ya lo había hecho en su libro Las prisas pasan, las cagadas quedan, donde varios de sus diagnósticos calzan como guante a lo que vivimos hoy. “La sociedad chilena está intranquila y descontenta. Aunque todos los indicadores dicen que a Chile le ha ido bien –e incluso muy bien–, la atmósfera que se respira en el país no es de gratitud ni tampoco de satisfacción”, escribió en 2009. Un capítulo que tituló como La república del descontento.
“Una de mis aficiones de siempre ha sido tratar de leer qué está diciendo la sociedad. Me acuerdo que en la Enade 86, cuando recién estaba nombrado presidente de Copec, dije que si recorría la circunvalación de Américo Vespucio, había un país que vivía en colores y otro en blanco y negro”, recuerda. Un tiempo después volvió a la carga: “Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta”, dijo, casi provocando un escándalo. Ahora vuelve a disparar. El ex Chicago Boy pide un ajuste tributario porque “llegó la hora de arremangarse las mangas y cambiar el cuento de este país”.
-¿Qué está pasando en Chile?
-La gente está sintiendo agotamiento, es prisionera de la desigualdad y de la deuda. Para tener un cierto nivel, un chileno medio tiene que levantarse a las 6 de la mañana, demorarse dos horas en llegar al trabajo –donde pasa 8 horas– otras dos de vuelta a casa –donde tiene que hacer los menesteres del hogar– y después ponerle candado a toda las ventanas para que no lo asalten. Es un estres vital complicado, con mucha desigualdad. Estamos segregados en todos los aspectos: en educación, salud y vivienda. Cuando yo era chico vivía cerca del Parque Forestal y ahí convivía distinta gente, pero ahora las poblaciones están en Colina, Maipú, lo más lejos posible.
-¿Falló el modelo neoliberal? ¿Fue un error dejarlo todo en manos del mercado?
-El mercado es un buen instrumento, pero no un fin en sí mismo y tampoco puede dictar todas las normas de la sociedad. Fue creado para ciertas cosas que van creando problemas en la sociedad. Debería existir más cooperación. El país no puede ser sólo comprar, tiene que tener sueños. Es cierto, estamos mejor que antes, pero uno se pregunta qué nos pasó. El regalo para el cumpleaños número 200 de Chile fue una bandera chilena grande, en circunstancias que para el centenario se construyeron la Biblioteca Nacional y el Palacio de Bellas Artes, ¡y eso que el país era mucho más pobre!
-O sea, el Estado ha sido ineficiente…
-No, el problema es que a los países hay que meterles emociones y sentimiento. No es sólo lucas y progreso material. Me acuerdo haber estado en Porto (Portugal), una ciudad preciosa, con sus casas en los cerros, muy colorida. Valparaíso está cantado para hacer un waterfront maravilloso desde el muelle Barón hasta el Prat. Pero aquí no se puede, porque no dan los números para nada. Aquí proponen hacer un puente para el canal de Chacao y saltan todos: ¡Nooo, no alcanza! Yo me pregunto: para la Torre Eiffel o el Opera House en Sydney, ¿daban los números?
El último sueño de Chile fue la selección de Bielsa –que tenía tranquilito al país, porque si tuviéramos ahora el Mundial no tendríamos los problemas que estamos teniendo–. ¿En qué terminó eso? En la última elección de la ANFP se pusieron a discutir cómo se repartían las platas del fútbol y los tres grandes dijeron yo quiero la parte grande de la torta, y salieron Mayne-Nicholls y Bielsa. Por unas pocas lucas mataron uno de los grandes sueños de Chile.
-Pero es curioso ver este fenómeno cuando hay más recursos que nunca.
-Por eso, dado que el país está mejor que nunca, la gente dice quiero más igualdad.
-En este escenario, ¿qué responsabilidad les cabe a los empresarios?
-Bueno, muchas cosas, aquí el que tiene más tiene que ayudar al que tiene menos. Y no basta con decir yo pago mis impuestos. Hay muchas empresas que lo hacen y que son loables, pero tenemos que avanzar a que el país realmente tenga sueños, que se hagan cosas bonitas, que las relaciones sean mejores y que la repartición de la cosa económica también sea un poquito más equitativa. Porque aquí hay capital y trabajo, pero anda tú a mirar todas las estadísticas de las utilidades: al final, ¿cuánto se llevó el capital y cuánto el trabajo?
-Basta ver las isapres, que ganaron un 70% más que en 2010…
-Por eso. Lo que tú me estás diciendo es lo que va sintiendo el país y tenemos que preocuparnos de que eso no pase. Ahora, tampoco podemos estar paralizados. Hay una demanda de los jóvenes –que es razonable– y que tiene como titular a la educación, pero detrás de eso hay muchas otras cosas. ¿Cómo vamos a responder a los cambios que nos están pidiendo?
Lamarca sin registrar
-Usted dijo el año 2005 que “Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta”. ¿Cree que, hasta ahora, lo han hecho?
-A pesar de que el gobierno no necesita más plata, uno, desde el punto de vista empresarial, debiera decir no puede ser que esta empresa, a la que le va bien, pague un impuesto que hoy está en 20 –pero la tasa normal es 17– y que al pordiosero que está pidiendo para un pan le cobren el 19% de IVA. Los sectores más pudientes, a los que les ha ido bien, que han tenido suerte, que han trabajado mucho, debieran decir este es mi país y quiero que tenga una mejor distribución del ingreso y educación, y estoy dispuesto a entregar parte de mis ingresos.
-Entonces es necesaria una reforma tributaria…
-Creo que es urgente bajar el IVA.Tenemos recursos para arreglar tantos problemas que hay en el país. Pero el gobierno no sé lo que está pensando, porque dice que no se requiere un ajuste tributario. Yo creo que Felipe Larraín es un gran ministro de Hacienda, es una persona realmente muy completa, puede tener sus razones. Es evidente que estamos entrando en un periodo más o menos recesivo en términos mundiales, pero a mí me cuesta dimensionar el tema.
-Cuando habla de ajustes tributarios a las empresas, ¿se refiere a mantener en 20% el alza transitoria que se fijo por el terremoto, o más que eso?
-Es urgente un ajuste tributario. Hay que hacer los cálculos de lo que se requiere, saber cuánto nos van a costar la educación, la salud, etc.
-Si es sólo mantener ese impuesto sería un ajuste más bien simbólico, porque la recaudación adicional es de cerca de 900 millones de dólares anuales, bastante menor que un punto del PIB…
-Claro, lo que tienen que hacer es ver cuánto requieren financiar. Respecto a la media mundial, el impuesto a las empresas está muy bajo: en general, los países tienen entre 20% y 30%. La vía más razonable es subirle un poco el impuesto a las empresas y bajar el IVA, que es un impuesto social muy alto, para que los ciudadanos tengan una mayor equidad.
-¿Ha habido una falla en cómo se han destinado los recursos?
-Hoy en día desconozco los escondrijos de las platas fiscales, pero tenemos una holgura fiscal, nos ha ido bien, y si nosotros queremos cambiar de verdad este país, debemos cambiar la educación preescolar. Está probado por todos los entendidos y científicos del mundo que es entre los 2 y los 4 años cuando los niños chicos más aprenden aptitudes, emociones; es ahí cuando se forman. Pero hasta donde me da la cabeza, los 4 mil millones de dólares que están dispuestos a poner no alcanzan para hacer una buena educación preescolar. Si no empezamos ahí, cualquier sistema de educación superior ya partió cojo. Yo no sé lo que va a proponer el gobierno, ni qué es lo que está pensando, pero yo pondría gran parte ahí.
-Entonces, más urgente se hace la reforma tributaria…
-Yo creo. Es necesario un ajuste tributario razonable para poder financiar cosas que valgan la pena. La educación preescolar sería la mejor inversión que podría hacer el país.
-¿Cree que hay una voluntad del empresariado para hacer una reforma tributaria? ¿Llegó la hora, como dijo Jeannette Schiess en Capital, de que los empresarios se metan la mano al bolsillo?
-Creo que hoy el empresariado no está en contra, sino que aceptaría una reforma tributaria razonable que le subiera un poco los impuestos a ellos y que bajara el IVA.
-Pero nadie lo quiere reconocer, nadie lo quiere decir…
-Lo que siento y husmeo es que sí estarían dispuestos a hacerlo.
-¿Quiénes, por ejemplo?
-No sé quiénes, pero en general mucha gente da por descontado que aquí viene una reforma tributaria, pese a que el gobierno no lo quiere hacer; en parte, porque se nos vienen tiempos difíciles. En eso tienen razón, porque hay que ser cautos y, segundo, porque es como bajar un poco las banderas que eran de otros. Son especulaciones mías, pero yo creo que al final se va a dar.