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Artículo correspondiente al número 224 (21 de mar al 6 de abr 2008)
Se suele decir que la guerra es la prolongación de la diplomacia. Pero el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia parece pensar distinto. Entre marzo y mayo en Chile podremos apreciar la sobresaliente colección del Palacio de la Farnesina, donde deslumbran no pocos artistas contemporáneos de esa nación. Por Luisa Ulibarri
Se sabía, pero no lo suficiente. Desde hace más de una década La Farnesina, palacio sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, convive con obras significativas del arte italiano del siglo XX. Y no es para nada asunto casual. Por años, la diplomacia italiana se ha esmerado en hacer relaciones exteriores a partir del refinamiento, la belleza y la contemporaneidad de su arte.
A fines de los 90, el Palazzo Della Farnesina se lanzó en un experimento audaz y fundacional: habitar sus muros y salones con obras selectas de artistas y movimientos del arte italiano del siglo XX, y abrir este espacio de exposiciones a las delegaciones extranjeras y al público. Ello, por la vía de un comodato bianual renovable y la presencia de la aseguradora Assitalia que hicieron posible a la Farnesina iniciar una ofensiva cultural frente a la naciente Unión Europea y al mundo entero. Se envió a Londres un busto de Miguel Angel, se instaló el imponente Cavalieri de Mario Marini en el Bundestag de Berlín; luego, un árbol de casi nueve metros de alto, de mármol de Carrara, en Bruselas y dos esculturas decisivas en Nueva York y Los Angeles.
¿Por qué no hacerlo en la propia Farnesina?, pensó un avispado canciller de la época, convencido de que la mejor política exterior es la que se realiza a través del arte. A poco andar, obras de Dorazio, De Chirico, Vedova, Lucio Fontana y muchas otras clasificadas por el profesor Mauricio Calvesi, curador de La Farnesina, iniciaron un periplo en 2007 por Europa y pasan este año por Santiago (Centro Cultural Palacio la Moneda, marzo-mayo), Lima y Sao Paulo, para continuar en 2009 por América del Norte.
Ya en 2003 se había entregado la filiación de la colección de la Farnesina a Calvesi, quien fue metódicamente ordenando tendencias decisivas, obras que se exhiben por estos días en Chile. Un verdadero trayecto secular del arte italiano conocido en el ámbito internacional.
Caleidoscopio de tendencias
Una selección de cien obras (pinturas, grabados, técnica mixta, esculturas y estampas) contiene esta muestra que plantea por primera vez en Chile un recorrido por los acontecimientos de la historia italiana y del arte contemporáneo a partir de un 900 muy explicitado en la señera película del mismo nombre de Bertolucci.
El Futurismo literario y artístico impulsado a comienzos de ese siglo por Marinetti, entre 1909 y 1916, orbitó con entusiasmo en
la exaltación de la velocidad, la energía, las máquinas industriales y las estructuras del movimiento. ¿Su temática? Deportes, guerras, vehículos, color refulgente y artistas como Boccioni, Severino, Carrá, Balla, ¿Sus ansias? Un proyecto de futuro, de reconstrucción no sólo en Italia sino en el mundo entero. ¿Su influencia? Nietzsche, D’Annunzio y una visión anticipada del fascismo. Llenos de manifi estos, los futuristas italianos exaltaron en el arte, la literatura, el teatro, la danza, el cine, la música y la gastronomía su desesperada sed de cambio.
Durante la Primera Guerra Mundial, surge un auge de la estética clásica, y nace la Pintura Metafísica considerada como un surrealismo avant la lettre influenciado por la filosofía alemana (Hüsserl, Heidegger), y la nueva objetividad de Sartre, Camus y Joyce. De Chirico es el más importante autor de este movimiento y sus búsquedas coinciden con las de los franceses Apollinaire, Chagall y Breton. Para él, la pintura muestra lo real más allá de lo cotidiano: una ciudad detenida en mitad del fluir temporal. Para conseguir esto, la realidad ha de ser mirada extrayendo su función: una plaza italiana está para ser atravesada. Si se la pinta repleta de gente, de puestos de flores, de animación, se la está usando. Pero si se pinta la plaza tal cual, única, lejos del tiempo y del espacio del resto del mundo, se la está mirando hasta en su más recóndita intimidad, dándole el valor absoluto que le corresponde. Esto es la pintura metafísica. Autores metafísicos no tan importantes como De Chirico fueron Carlo Carrá, con una pintura algo naïf y humorística, Casorati, muy popular en su momento, Sabini y Morandi.