|
|
Bienvenido, te encuentras en Inicio Reportajes y Entrevistas Fallar para ganar |
Califica este artículo
Otros artículos de la sección:
Artículo correspondiente al número 258 (7 al 20 de agosto de 2009)
El presidente de la CPC no solo cree en los emprendedores, sino que también en lo clave que puede ser un fracaso en el camino al éxito. Por eso, junto a una serie de instituciones lanzo Nuevamente, un proyecto que pretende darles una mano a aquellos creadores que pese a fallar, no se dan por vencidos. Por Federico Willoughby Olivos; fotos, Verónica Ortiz.
Es imposible saber qué habría pasado si Steve Jobs realmente se hubiera creído el cuento de que no sabía dirigir una empresa la primera vez que lo echaron de Apple y se hubiera quedado en su casa a vivir de los cientos de millones que ya tenía en el bolsillo. O si la segunda vez que falló de manera drástica (con Next, un computador que suponía iba a reemplazar a los Macintosh, pero con el que no pasó nada) hubiera optado por exiliarse de Silicon Valley. Quizás hoy no habría iPhones, iPods y muy pocos estudiantes se hubieran atrevido a crear empresas como Google o Facebook. Y, por qué no, Jobs quizás estaría compitiendo en la octava temporada de la versión norteamericana de Bailando con las Estrellas, tal como hoy lo hace Steve Wozniak, el genio que junto a él creo los computadores Apple y que no quiso intentarlo otra vez.
Y ni hablar si hubiera sido chileno. En ese caso probablemente estaría cesante, vendiendo beatles negros en alguna tienda del centro para poder ganar unos pesos. Y la afirmación no es antojadiza: de acuerdo a una encuesta recién realizada por la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y Benchmark (ver recuadro), de un total de 1.200 encuestados, el 78% no financiaría una empresa administrada por una persona que tenga antecedentes de fracaso a nivel empresarial.
O sea: siendo brutalmente sinceros, ¡qué bueno que Jobs no nació en Chile! Aquí jamás le hubieran aguantado fallar. “Existe una penalización muy grande a la caída, al fallo y por lo mismo es muy común ver gente que abandona el camino del emprendimiento porque creen que la cosa es lograrlo a la primera, siendo que en rigor es un proceso que toma tiempo y exige aprendizaje. Y curiosamente, quienes han iniciado el camino del emprendimiento sí saben valorar el fallo y la caída como un elemento de aprendizaje, y por lo mismo suelen ir en busca de la segunda o de la tercera oportunidad”, aclara el propio presidente de la CPC, Rafael Guilisasti.
Y si bien Guilisasti, como él mismo reconoce, ha tenido la suerte –y la habilidad– de no fallar, el tema le preocupa, y harto: “cuando uno se acerca a un emprendedor que ha fallado y lo escucha, se encuentra con que la acogida de la sociedad post fracaso es lo más duro del proceso. Eso no puede ser, y no puede ser porque cada vez que un emprendedor falla, cada vez que pierde la motivación y se va al mundo corporativo, estamos perdiendo un potencial empresario”.
Visto así, se entiende su preocupación: para los empresarios, los emprendedores son el semillero de la actividad económica. Son ellos los destinados a ser las futuras estrellas de los negocios y si como cultura los reventamos al primer fallo, nuestro futuro no es de lo más alentador.
Pero… ¿están los empresarios haciendo algo al respecto? ¿Están apoyando de alguna manera a las empresas que están partiendo y a los individuos que se la están jugando por explorar una idea por segunda o tercera vez? ¿Se la están jugando por darle apoyo a un empresario que ha tratado, tratado y no ha podido?
Afortunadamente sí, ya que el tema se ha instalado como prioritario en una serie de instituciones (léase la propia CPC, el BID FOMIN, el Foro Innovación, la potenciadora de negocios Octantis, el BCI, el ministerio de Economía e Innova Chile de Corfo), que juntos acaban de lanzar la iniciativa Nuevamente, que pretende fomentar las segundas oportunidades de nuestros emprendedores. Tal cual.
“Lo que nosotros estamos buscando con Nuevamente en Chile, en un país donde el 65% de las personas cree que acá no se incentiva el emprendimiento, es demostrar que esta es una actividad que existe, pero que está “fuera del radar” y eso la termina perjudicando, ya que no se la reconoce como una actividad legítima, como un camino posible, como una alternativa para desarrollarse en la vida”, juzga Guilisasti quien, como presidente de la CPC, es uno de los máximos impulsores del proyecto.
-¿Nuestra cultura está “matando” a los emprendedores?
-En cierta manera, sí. Muchas veces nos encontramos con personas muy valiosas que fallaron en su primer negocio y que por falta de apoyo vuelven al mundo corporativo. Eso es lo que queremos evitar, esa muerte temprana de la vocación. Estamos claros que quizás con el transcurso del tiempo no todos los proyectos se van a cristalizar, pero en Chile es demasiado común que al primer traspié perdamos al emprendedor.
-Y a su juicio, ¿eso por qué ocurre?
-Primero, porque el fallar está culturalmente menospreciado; segundo, porque no se cuenta con elementos de apoyo y diagnóstico para las empresas en problemas (algo que esta iniciativa pretende subsanar); y tercero, porque nadie le otorga ningún valor al conocimiento que significa caerse, volverse a levantar e intentarlo otra vez. Algo que, en otras culturas, como la norteamericana, donde surgen emprendimientos bastante notables, es algo natural.
-Bueno, es que la idea de partir de cero hasta lograrlo es lo que, sin ir más lejos, sostiene el denominado “sueño americano”.
-Claro, en Estados Unidos el emprendimiento personal es una forma legítima de vida. Esa es la noción que queremos instalar y potenciar. Para eso estamos produciendo instrumentos de ayuda. El primero es un sistema de autodiagnóstico que permite vía una encuesta online descubrir cómo lo está haciendo una empresa y en qué está fallando.
-¿Y hay espacios para emprendedores?
-¡Por supuesto! Fíjese que la gran generación de empleos está en el sector servicios y es justamente ahí donde hay una capacidad de emprendimiento enorme. Creo que hay mucho espacio para que esto se desarrolle, pero también creo que es necesario legitimar la vocación del emprendedor, hay que apoyarlo más. Necesitamos muchos más emprendedores.
-Puedo estar equivocado, pero parece que hace ya un buen tiempo que no surgen grandes empresarios en nuestro país. Un Matte, un Luksic…
-Acuérdate del boom frutícola, cuando en los años 80 empezó su vocación exportadora. Entonces hubo un importante emprendimiento agrario que cambió la fisonomía de lo que era el agricultor tradicional. Algunos eran más pequeños, otros medianos, después se consolidaron pero ahí hubo un florecimiento bastante grande de emprendimiento. E insisto, hoy hay una enorme oportunidad en los servicios. Ahí hay un espacio que podemos desarrollar mucho. La gastronomía, el turismo, los servicios a las empresas de TI. En los mismos procesos de enseñanza escolar hay un importante espacio para emprender…
-Entonces, ¿qué falta? ¿Preparación? ¿Ideas? ¿Recursos?
-Falta aumentar la cantidad de proyectos, la masa crítica. Hay una buena cantidad pero faltan más. Podríamos tener como meta triplicarlos. Yo participo en un fondo de riesgo y te puedo decir que sí, que hay buenas ideas, que existe gente buscando nichos nuevos, pero también noto que la vocación emprendedora, al no tener el estatus importante que debería tener, incide en el número de proyectos que se presentan.
-¿Y qué hay de las personas que están presentando los planes de negocios? ¿Están bien preparadas? ¿Es necesario mejorar algún aspecto en cuanto a capacitación?
-Yo creo que el emprendimiento tiene algo vocacional, no te puedes preparar. Las ganas, la capacidad de arriesgar, eso no falta. Lo que falta es espacio para que puedan florecer. Y ojo: tan importantes como las universidades son los institutos técnicos. Los emprendedores no solamente pueden completar su preparación en la universidad.
-Hoy una persona con ganas, con ideas, pero sin conocimientos de negocios, ¿puede optar a este apoyo?
-Parte de nuestro proyecto es que existan los apoyos necesarios, los instrumentos y las asesorías que permitan ayudar a madurar a las ideas nuevas. De partida, el elemento autodiagnóstico va a permitir ver dónde está el error de un emprendimiento, dónde está fallando y, por ende, dónde tiene que mejorar.
-Entonces, con estas herramientas no debería haber excusas para no emprender.
-Aquí habrá un lugar que va a orientar y va a decir dónde se está fallando y en qué se puede mejorar. Ojo, esta herramienta también pretende ayudar a los proyectos embrionarios, que están buscando el financiamiento para hacer el start up. En fin, la idea es cubrir los diferentes eventuales fallos a los que está expuesto cualquiera que entra a la actividad empresarial. Esto es abierto.
-Uno ve que los grandes emprendimientos a nivel mundial vienen del lado de la tecnología, ¿no nos falta un poco en ese rubro?
-Me he dado cuenta de que el usuario más joven tiene capacidades potenciales enormes. Hay oleadas de habilidades generacionales que están entrando. Los juegos, la publicidad, están cambiando mucho y ahí hay una tremenda oportunidad.
-¿Y eso aparece en los proyectos que se presentan?
-Uno ya empieza a ver cosas. Por ejemplo, yo he visto proyectos de educación en el área de tecnología muy interesantes.
-¿Y esos proyectos son ambiciosos? Entendiendo, claro está, a la ambición como algo positivo.
-Sí, son ambiciosos. De hecho, muchas veces el problema que uno se enfrenta en estos proyectos es la escala. Porque naturalmente tienen que tener un tamaño adecuado para que efectivamente contengan retorno. Esto no es solamente un premio a las buenas ideas. Pero uno ve industrias que se van transformando enormemente y es en esos momentos cuando se abren las oportunidades, no sólo para las grandes corporaciones sino que también para los emprendedores que probablemente, en una etapa más madura, se transformarán en empresas formales o pasarán a ser adquiridas por grupos.
-Falta quizás incorporar la idea del emprendedor en el día a día. Que diga orgulloso, tal como hoy se dice: “soy empresario”, “soy emprendedor”.
-Efectivamente, que su título diga profesión: emprendedor. Aquí siempre se asocia al empresario con una compañía más constituida y también tenemos mucho emprendimiento en las llamadas Pyme. Las Pyme tienen una condición de nacimiento y mortandad y yo creo que Chile tiene que hacerse cargo de una estructura compuesta por muchas empresas medianas, empresas pequeñas y emprendimientos iniciándose. Además, actualmente se está estimulando a las corporaciones grandes para que hagan algún start up a partir de ideas que nacen internamente y que son posibles de desarrollar como emprendimientos.