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Reportajes y Entrevistas
Explosión India

Artículo correspondiente al número 229 (30 de mayo al 12 de junio de 2008)

 

 

Erase una vez en BOLLYWOOD

 

Un informe periodístico de India no puede dejar fuera su industria del cine. Porque registra la mayor producción de películas del mundo, pero también por la originalidad de su estilo, el talento de algunos realizadores y la fama de sus estrellas. Por Joel Poblete.

 


Ya sea por las magnitudes de su industria o por las reducidas oportunidades que tenemos de ver su producción en Occidente, cualquier acercamiento al cine indio siempre pecará de mínimo e insuficiente. Y no podría ser de otra manera, si se considera que estamos hablando del primer productor mundial de filmes, con hasta 1.000 estrenos por año y el 73% de los ingresos de la industria cinematográfica de Asia Pacífico.

El cine indio representa casi la quinta parte de la producción del planeta, dejando muy atrás a Estados Unidos, que produce entre 600 y 800, y obviamente hace palidecer a países como España, con alrededor de 100 películas anuales. Para qué hablar de América latina: Argentina produjo 80 películas el año pasado y México tiene un promedio de 50, mientras que en Chile estamos entre 12 y 15…

 

 

 

La Boda
Pather Panchali
satyajit Ray
La Boda Pather Panchali Satyajit Ray

 



Claro, hablamos del segundo país más poblado del planeta, y donde se estima que cada día diez millones de personas van al cine, favorecidas por entradas que apenas llegan a 17 céntimos de euro cada una, lo que convierte a los indios en la sociedad en la que más ciudadanos asisten a las salas. Así, se pueden dar el lujo de mantenerse casi exclusivamente con producción local: mientras gran parte de las carteleras del mundo aparecen dominadas por el influjo de Hollywood, India mantiene una envidiable autonomía, y de hecho el cine estadounidense apenas ocupa un humilde 4% del mercado.

El problema, al menos para los cinéfilos de estas latitudes, es que todas esas cifras no se traducen en la posibilidad real de ver más cine indio; ya sea por el localismo de muchas de sus cintas, por las pésimas políticas de distribución de nuestra región o por el predominio hollywoodense, lo que se estrena comercialmente en Chile se puede contar con los dedos de una mano. Pero la situación parece estar revirtiéndose en los últimos años, especialmente porque el concepto del cine indio, popular y erróneamente conocido y encasillado como Bollywood, ya se convirtió en marca de fábrica a nivel internacional, especialmente en la última década.

El término Bollywood surgió en los 70 y corresponde a un juego de palabras entre Hollywood y la inicial de Bombay, corazón de la industria del entretenimiento india y lugar de realización de las primeras películas locales. El segundo centro productivo está en Hyderabad, la capital del estado de Andhra Pradesh, donde además del mayor estudio de cine que existe (el Ramoji Film City) tienen la más grande pantalla de cine en formato IMAX del mundo.

 

 



Arte y escapismo

 

 


En 1896, pocos meses después de la primera exhibición pública en París, el cinematógrafo de los hermanos Lumière llegó a Bombay, y tres años después se estaba rodando la primera película documental india, aunque el debut del cine de ficción recién llegó en 1913. Con la aparición del sonoro, cuyo primer filme se estrenó en 1931, se establecieron dos de las principales características del cine indio de ayer y hoy: las canciones y bailes que abundan en sus películas y la segmentación del mercado según las distintas lenguas que se hablan en el país aunque, por ser el hindi la lengua más hablada, la prioridad de los productores fue orientándose progresivamente por ese lado, llegando a producir hasta un 83% de las películas en ese idioma, cifra que hoy sólo alcanza al 29%, y explica que en la actualidad cada vez haya más películas pensadas para toda la India y no sólo para una lengua y zona en particular.

Los vaivenes económicos golpearon a la bullente industria, que pasó de las grandes compañías que dominaban en los años 40 a pequeñas productoras independientes, las cuales debieron afrontar las severas alzas de impuestos que impuso el gobierno tras la independencia de la India, en 1947. Es entonces cuando se impuso la fórmula que persiste hasta el día de hoy, y que se ha transformado en una suerte de cliché del cine indio en el resto del mundo: un fuerte star system –que a menudo obliga a reunir en una misma cinta a dos o más estrellas, coloridos decorados y un guión predecible, que siempre despliega una historia de amor aderezada con bailes y canciones (hubo una época en que desfilaban hasta 60 temas por filme) para despertar el fervor y la efervescencia de los espectadores.

 

 

 

 

Lagaan
Salaam Bombay
Satyajit Rai en rodaje
Lagaan Salaam Bombay! Satyajit Ray en rodaje

 

 


El escapismo de este tipo de producciones había desterrado de la pantalla cualquier atisbo de realidad y elementos cotidianos, hasta que apareció Satyajit Ray, considerado hasta hoy el más importante realizador indio de todos los tiempos y una de las figuras más importantes en la historia del cine. A los 34 años llegó desde Bengala para estrenar en 1955 su primer largometraje Pather Panchali, en el que –influenciado por el neorrealismo italiano– retrataba con poesía y calidez –y sin números musicales, por cierto– la diaria realidad de un niño y su familia. Una cinta entrañable y sencilla, que ganó un premio en el Festival de Cannes y consagró internacionalmente a su director, quien continuaría durante casi cuatro décadas su notable filmografía con títulos como Aparajito y El mundo de Apu, hasta su muerte en 1992, semanas después de convertirse en el único cineasta indio que ha ganado un Oscar a la trayectoria, premio que se agregó a otros trofeos como dos Osos de Plata y uno de Oro en distintas ediciones del Festival de Berlín, y el León de Oro en Venecia 1957.

Admirado por colegas de ayer y hoy, como John Huston y Wes Anderson –este último lo homenajeó en la reciente Viaje a Darjeeling, incluyendo muchos segmentos de la música que Ray compuso para sus películas–, puede que el elogio más bello y famoso para el director indio sea el que una vez esbozó Akira Kurosawa: “No haber visto las películas de Ray es haber vivido en el mundo sin haber visto el sol y la luna”.

La revelación internacional del cine indio mostró a los nuevos realizadores que era posible adoptar otros caminos y cimentó la “Nueva Ola” que se desarrolló desde los años 60, fomentada con mejores políticas de subvenciones y el aporte económico de la Film Finance Corporation, creada en 1960. Eso sí, había mucha vigilancia del Estado sobre los contenidos, y la censura era implacable con el sexo, la religión y la política.

El cine más “light” y escapista sigue gozando de excelente salud, y miles de personas llenan las salas para ver esas recargadas historias de amores que deben superar obstáculos de castas y matrimonios por conveniencia. A menudo superan las tres horas de duración, no le temen a la cursilería ni a los elementos kitsch, y ante la menor provocación los personajes se ponen a cantar y bailar. Este tipo de producciones ha inspirado escenas y momentos de películas occidentales como Moulin Rouge!, y de aquí han surgido estrellas que ya tienen renombre en el extranjero (ver recuadro); lo que no impide la presencia de otro tipo de películas, que entusiasman más a la crítica y reciben premios. De hecho, tres cintas indias han sido nominadas al Oscar de mejor película extranjera: Mother India (1957), Salaam Bombay! (1988) y Lagaan (2001); esta última, con 3 horas y 40 minutos de duración. Además, hace dos años Water, una coproducción entre Canadá e India, dirigida por Deepa Mehta (radicada en Canadá hace 35 años), postuló a la estatuilla por el país norteamericano.

Puede que en el contexto del cine asiático actual tenga menos influencia entre los críticos y los cinéfilos especializados que la que tienen las cintas de Filipinas, Corea y Taiwán pero, de todos modos, equilibrándose entre estas dos vías, el cine más comercial y masivo y los filmes más “artísticos”, esta cinematografía subsiste hasta hoy sin dar muestras de agotamiento. ¡A seguir su ejemplo!.

 

 

La mirada de un cineasta indio

Con una industria fílmica tan viva, intensa y contundente, siempre es interesante y valiosa una opinión desde el interior. En el Festival de Cine de Berlín 2007, la película elegida como mejor debut del certamen fue la india Vanaja, de Rajnesh Domalpalli, un drama social que dejaba al descubierto las diferencias de clase que subsisten en el país. Capital consultó a Domalpalli por el estado actual del cine en su país, y su balance fue tremendamente optimista: “Acá el cine comercial está prosperando progresivamente. No sólo prosperando, sino además explotando a través del techo. Con una tasa de crecimiento de alrededor de 9%, existe una enorme clase media que ahora tiene una considerable renta que quieren gastar en todas las cosas que le gustan. Y el cine es una de ellas”.


-¿Y qué pasa con el cine más experimental o artístico?

“Desafortunadamente, no se puede decir lo mismo de ese tipo de películas, que deben luchar porque los distribuidores y teatros no las eligen ni apoyan. Cuando tienen un ganso de oro en una mano, ¿por qué habrían de preferir un gorrión? Las películas más artísticas están concentradas en determinadas temáticas, y generalmente son producciones de bajo presupuesto que atraen a pequeños grupos de gentemás inquieta y preparada en lo cultural y social; rara vez estos filmes van a durar más de una semana en cartelera, generalmente están hechos con apoyo extranjero, y estrenados principalmente en el exterior. Va a ser necesario un buen tiempo para que las clases medias indias desarrollen una apreciación por el cine arte, pero estoy convencido de que sucederá tarde o temprano”.


-Con una producción que entrega cientos de películas al año, debe ser aún más difícil garantizar una calidad promedio…


“Como pasa en cualquier parte del mundo, la calidad nunca es uniforme, pero muchos cineastas minimizan riesgos siguiendo fórmulas específi cas. Unos pocos, sin embargo, asumen riesgos e intentan algo distinto, y algunas veces los resultados pueden ser extraordinarios. El público en la India ha aprendido a discriminar, y ahora hay un énfasis mayor en la experimentación artística; aunque, al igual que en Hollywood, el star system acostumbraba ser el principal filtro, ahora las historias están asumiendo una importancia creciente, y el guión al fin está siendo reconocido por lo que es: una parte extremadamente importante para la película”.


-En medio de una industria de vocación tan masiva, ¿cómo es posible potenciar a los nuevos cineastas?

“La mayoría de los filmes son repeticiones de una fórmula ya probada y explotada, pero hoy en día Bollywood se ha vuelto tan poderoso y millonario como industria, que se permiten contratar cotizados guionistas estadounidenses para que entreguen su asesoría como consultores en la construcción de historias. Por ejemplo, Nicholas Pileggi, nominado al Oscar por el guión con el que adaptó su propia novela para la película Buenos muchachos de Scorsese -con el que volvió a colaborar en Casino–, es ahora asesor y consultor de guiones en una compañía llamada Reliance Big Entertainment, que tiene un fondo de un billón de dólares para hacer películas. Con la globalización, tales intercambios se harán más fáciles y así habrá un enriquecimiento de la industria como un todo. No sólo con talento que llega de Hollywood a Bollywood, sino también de Bollywood a Hollywood. India se está globalizando cada vez más, y con los recursos que tiene a su disposición,en poco tiempo ocupará un rol aún mayor en el campo mundial del entretenimiento. No tengo la menor duda de ello”.

 

 



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