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Artículo correspondiente al número 294 (25 de febrero al 10 de marzo 2011)
Mientras su familia partió de vacaciones a Estados Unidos, ella se ha encerrado a cranear su nuevo desafío: el Ministerio del Trabajo. Y por muy sectorial que sea esta cartera, su nueva jefa está impregnada de política. No ha pasado desapercibida en ninguno de los cargos que ha tenido; menos va a pasar piola en éste. Para muestra, un mensaje a los empresarios: “tienen que hacerse cargo de la meritocracia… Siento que un gran alumno de la UC o la Chile que viene de Illapel o Renca no tiene las mismas posibilidades de ascender en las empresas que el de Vitacura o de Las Condes”. Por María Jose O’Shea C; Fotos, Elisa Bertelsen.
Hace algunos meses, por allá por agosto, se rumoreaba en los pasillos de La Moneda que la entonces senadora Evelyn Matthei podría asumir la vocería del gobierno en reemplazo de Ena Von Baer, quien durante esos días recibía una sarta de críticas de la misma Alianza. Con su particular estilo, la Matthei no dijo ni sí, ni no. Dijo que había otros desafíos que encontraba más sexies, como el de Defensa.
Cinco meses después, no se llevó la cartera de los uniformes –paradójicamente está ahí su rival histórico, Andrés Allamand– sino que sorpresivamente Piñera la sacó del parlamento para ponerla de ministra del Trabajo. Y está fascinada.
-¿Le parece suficientemente sexy este ministerio?
-(Se ríe)… Más que sexy, lo encuentro alucinante. Claramente, uno de los mayores desafíos que tenemos es crear empleo e incluso mantenerlo, cosa que va a ser difícil en los próximos años. La competencia que se viene de China, de la India y de otros países asiáticos todavía aquí no la hemos vislumbrado. En Chile existe la idea, atrasada en 20 años, de que estos países son básicamente mano de obra no calificada. No tenemos la más remota idea de la calidad de las universidades que hay allá, de los millones que están yendo a esas universidades, ni del inmenso desarrollo industrial de biotecnología, de nanotecnología, etc., que hay por esos lados.
-Es decir, nos van a venir a quitar la pega.
-Claramente. La mayoría de los chilenos todavía no tiene esto en su radar. De las cosas más espectaculares que he hecho, han sido los viajes con la Fundación País Digital a China y la India. Ahí vimos varios call center, pero también una oficina chica de abogados, ingenieros y contadores que estaban, por ejemplo, fijando la política de precios para una aerolínea y una cadena de hoteles de Estados Unidos y Europa. Cuando ves que profesionales de muy buenas universidades y que son bilingües parten con 250 dólares al año, es angustiante. Mi primera reacción fue pensar “gracias a Dios no hablan castellano”. Pero al día siguiente visitamos una empresa enorme que tenían unas aulas gigantes con mucha tecnología y eran, precisamente, para enseñar idiomas. En una semana, full time, salían hablando perfecto cualquier idioma. Esa es la competencia a la que nos veremos enfrentados cada vez más; entonces, crear empleo en este contexto mundial será cada vez más complejo. Por eso, quiero invitar a un grupo de parlamentarios, empresarios y dirigentes sindicales a ver esta realidad, para que entendamos todos que aquí la pelea relevante no es entre empleadores y trabajadores, sino por defender y crear más empleos. La amenaza viene de afuera. Y ese es el desafío.
-Claramente estamos a años luz de ese nivel de capacitación.
-Tenemos que poner más énfasis en capacitar y en enseñar a las empresas. Por ejemplo, queremos poner en práctica la fiscalización asistida en conjunto con el ministerio de Economía y el Sence. Esto significa que la primera vez que le encuentras un problema a una empresa –estamos hablando de las pequeñas– no la multas, sino que le dices qué tiene que hacer, le das un plazo para cambiar y vuelves dentro de ese plazo. Hay que enseñar. Yo quiero que la gente entienda que nosotros tenemos que preocuparnos de que las leyes se cumplan. Pero al mismo tiempo, que tengan claro que estamos frente a una gran amenaza. Los que creen que los empleos de una empresa son chilenos porque ésta opera aquí, tienen que entender que eso cambió: que hoy se puede mandar a hacer cualquier cosa a cualquier parte. Chile puede terminar siendo un país muy rico sobre la base del cobre, pero con un tremendo desempleo.
-En este gobierno se da una concentración de poder y de propiedad muy grande. ¿Le preocupa?
-Absolutamente. Yo vengo de la escuela de Juan Ariztía, de Miguel Kast, y recuerdo que una de los obsesiones mayores de ellos era cómo lograr que no hubiera sólo cinco AFP. Y veinte años después, llego al mismo edificio y me doy cuenta de que las AFP siguen siendo cinco. Esto tiene que ser una prioridad y haré todos los esfuerzos para que esto cambie, no sólo en las AFP –tienen que existir otras nuevas–, sino en todos los ámbitos.
“Me pregunto si me hubiese sido tan fácil si yo no fuera ruciecita y hablara idiomas”
-¿Cómo es su relación con el mundo sindical?
-Se está construyendo, porque ha habido vacaciones entre medio. Tengo un tremendo respeto por el presidente de la CUT, Arturo Martínez, a quien encuentro un hombre inteligente y bien intencionado. Y esas, para mí, son las bases del diálogo. Yo, y no me cabe duda que él también, pondré todo de mi parte para que este diálogo sea distinto. Por otra parte, me junté con Juan Somavía y tengo la intención de pedirle muchas cosas a la OIT. Cuando existe una instancia de diálogo tripartito como esa, hay que recurrir a ella. Es una oportunidad de sentarse en un terreno neutro.
-¿Cómo son los empresarios chilenos? ¿Son de derecha, momios?
-Veo tres aspectos. Por un lado, siento que son tremendamente prácticos… Los vi entenderse de lo más bien con Ricardo Lagos. Su labor no es la política, son las empresas; y el que no entienda eso no entiende nada.
En segundo lugar, veo que ciertos grupos han sido inmensamente creativos y esto está muy bien. Pero hay un aspecto que no me gusta: siento que una persona con mucho mérito, un gran alumno de la Universidad Católica o la Universidad de Chile, pero que viene de Illapel, Renca o La Florida, no tiene las mismas posibilidades de ascender en la carrera empresarial que el de Vitacura o de Las Condes. Tampoco las mujeres. Me complica que haya una cierta comodidad para elegir trabajar con gente que ha estado en los mismos colegios, que es amiga de sus hijos, que veranean cerca, que son socios del mismo club. Y eso lo encuentro tremendamente complejo cuando uno piensa que en la empresa es donde más debiera darse la meritocracia... y no se da. Yo voy a empezar a hablar fuerte de este tema.
-Revela bastante provincianismo...
| Post natal de 6 meses: que no sea obligatorio |
| -¿Va a haber postnatal de seis meses? Usted no es partidaria… -Soy partidaria del postnatal de 6 meses en el caso de las mujeres que hacen trabajo no calificado. Pero también creo que es muy complicado obligar a una mujer que quiere hacer carrera a desaparecerse 7 meses y medio porque va a tener una guagua. Por eso, hay que hacer diferencias entre los trabajos no calificados con los otros, porque hemos luchado demasiado por que las mujeres puedan acceder a puestos importantes. Me daría pavor retroceder en esa lucha. Es muy difícil nombrar a una mujer joven en un puesto alto si tú sabes que por ley se va a desaparecer 7 meses y medio cuando quiera tener una guagua. Sé que aunque eso afecte a muy pocas, va al corazón mismo de lo que es la equidad de género. |