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Artículo correspondiente al número 201 (06 al 19 de abr 2007)

La idea de rotular las etiquetas de las bebidas alcohólicas con leyendas similares a las del tabaco tiene alarmados a los empresarios del vino. No pueden creer que después de haber trabajado tanto por la imagen de país vitivinícola, ahora se les intente estigmatizar en función de los riesgos asociados al producto. En estos meses se han armado hasta los dientes. Y aunque no pretenden que los excluyan del “saco”, sí esperan que los traten con el mayor cuidado.
Por Lorena Medel.

A los vitivinicultores les está lloviendo sobre mojado. Primero fue el sobrestock. Luego tuvieron que enfrentar la caída del dólar y su impacto en términos de competitividad.

Más tarde los valores de la uva se fueron al suelo, en especial los de las cepas tintas. Y para rematar el cuadro, en el Congreso se comenzó a discutir un proyecto de ley que pretende, entre otras cosas, imponer una suerte de sello “don Miguel” en las etiquetas de todas las bebidas alcohólicas, de caracteres similares al que ahora llevan los paquetes de cigarrillos. Todo mal.

Los más pesimistas dicen que esta crisis tiene olor a maldición. Y aunque nadie pretende darle un toque de esoterismo al asunto, lo cierto es que la última iniciativa del Parlamento tiene a los productores anonadados…

En diciembre del año pasado, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó el proyecto que modifica la Ley de Alcoholes que, entre otras cosas, plantea exigir a la industria de bebidas alcohólicas incluir en todos sus productos una advertencia que ocupe el 25% de la etiqueta, en la que se señalen los daños que podría provocar el consumo excesivo de alcohol. Y no solo eso.

Algunos diputados, como Enrique Accorsi (PPD) y Fulvio Rossi (PPD), no descartan la idea de mostrar imágenes “duras”, al estilo de las que llevan cajetillas de cigarrillos.

La iniciativa es una especie de bomba o autogol para los productores vitivinícolas, quienes consideran que incluir al vino en el mismo saco del resto de las bebidas alcohólicas es tremendamente contradictorio.

-Me parece que Chile debe tener una posición más firme frente a algunas materias.

¿Queremos o no ser potencia alimentaria? Si queremos, tenemos que preocuparnos de la imagen país –señala Patricio Middleton, gerente general de la viña MontGras–. Si nos obligan a poner en las etiquetas que el vino es dañino para la salud, quiere decir que estamos exportando algo malo y eso tiene una inconsistencia atroz. Con eso, la campaña de país potencia alimentaria se va a las pailas.

El asunto los tiene molestos. Todos los gremios ligados a la industria (Viñas de Chile, CCV) se han alineado, desplegando recursos para contratar abogados y consultores que los ayuden a exponer los argumentos que permitan que se reconozcan sus particularidades. En el área comunicacional están trabajando con la consultora del ex ministro Enrique Correa, Imaginacción, y en la parte legal, con el abogado y ex titular de Agricultura de Ricardo Lagos, Jaime Campos.

Y aunque no han sido escuchados todo lo que quisieran, en estos pocos meses lograron que la Comisión de Salud recibiera un estudio elaborado por Federico Leyton, profesor de la Universidad Católica, en el que se señala –entre otros aspectos– que los antioxidantes que tiene el vino tinto son extraordinariamente favorables para la salud, que ayudan a evitar los infartos y bajan el colesterol. Algo que no tiene el resto de las bebidas alcohólicas. También entregaron un informe elaborado por Jaime Campos en el que se pone en entredicho la constitucionalidad del proyecto, en tanto atentaría contra el principio de igualdad ante la ley. En otras palabras, lo que el informe Campos dice es que si se hace con el vino debiera hacerse con todos los productos que son riesgosos para la salud, como las carnes rojas, los huevos, las bebidas cola, el azúcar, el pan y la comida rápida. Lógico ¿no?

La experiencia de Klaus Schröder, el director de la Corporación Chilena del Vino (CCV), que reúne a los enólogos, no ha sido tan esperanzadora.

-Hace un par de meses mandé una carta al presidente de la Comisión Salud del Senado, pero no tuve eco. Una lástima, pues a los enólogos nos habría encantado participar de la discusión. De alguna manera, somos los que ponemos la cara por el vino chileno. Somos los artífi ces de sus bondades…

Entiendo que consumido en exceso el vino puede ser dañino y estoy de acuerdo en que se haga una advertencia, pero no en los términos planteados. Honestamente, siento que esto se ha tratado con demasiada agresividad.

A veces creo que algunos honorables quieren que nuestra industria muera.

BUSCANDO EL EQUILIBRIO

Pero para los autores del proyecto, la iniciativa de rotular no es antojadiza y creen posible alcanzar acuerdo en un punto intermedio satisfactorio para todos.

Según ellos, Chile es el país con el mayor índice de consumo de bebidas alcohólicas entre adolescentes en América latina, a lo que se añade que el alcohol es la principal puerta de entrada a las drogas, pues el 90% de los jóvenes califi cados como bebedores problema, están, al mismo tiempo, consumiendo algún estupefaciente. Y han aportado otras cifras como un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile, que dice que el consumo inmoderado genera costos por 3 mil millones de dólares al año. Adicionalmente, se presentaron cifras de la última encuesta de drogas del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (Conace), que demuestran que el alcohol es lejos el “narcótico” más consumido en Chile, ya que se presenta en un 75% de la población.

-Entendemos que esto incluye a todas las bebidas alcohólicas, por lo que no hay que concentrarlo solo en el vino –señala Francisco Chahuán, integrante de la comisión de Salud de la Cámara–. El proyecto nuestro dice relación, entre otras cosas, con establecer un etiquetado donde se señale claramente que el consumo “excesivo” puede causar daños a la salud. Nada más que eso. No somos enemigos del alcohol y mucho menos del vino, que produce gran actividad, empleo y divisas para el país.

Para hacer de esta discusión algo más de consenso, la Comisión de Salud invitó a la de Agricultura a analizar la iniciativa, diputados que hasta ahora han mostrado una disposición más abierta y menos restrictiva.

Y es que en este tema no hay una sola opinión. De hecho, el tema tiene cruzados con visiones disímiles al ministro de Agricultura, Alvaro Rojas, y a la ministra de Salud, Soledad Barría. Mientras el primero es partidario de que la rotulación no exista, la segunda cree que es una herramienta válida.

-El Parlamento tiene el deber de legislar sobre esta materia –sostiene Marco Enríquez- Ominami, integrante de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados–.

El alcoholismo existe en Chile y no podemos hacer vista gorda. Sin embargo, a los viñateros les digo que se queden tranquilos.

He visto cordura, calma e interés genuino en los autores de las mociones. Todos estamos de acuerdo en que hay que mejorar nuestros hábitos sin destruir industrias.

Por su parte, Chahuán agrega:

-Estamos conscientes de la situación que está atravesando el vino (...) y por eso la idea es llegar a un acuerdo que no golpee a las viñas y a empleos productivos, pero que salvaguarde la salud de la población.

Cabe consignar que ésta es una discusión que ya han tenido países como Estados Unidos y varios de Europa. En Alemania, por ejemplo, todas las etiquetas de vino dicen “contiene sulfi tos”, y en Estados Unidos hacen mención a consumir con moderación y evitar hacerlo en caso de embarazo, enfermedad o si se está pensando en conducir.

-Si la ley en trámite determina la inclusión en las etiquetas de las botellas de vino una advertencia que diga algo como “beber con moderación”, o “beber en exceso puede ser perjudicial a la salud”, no habrá ningún problema.

Me parece perfecto –sostiene Klaus Schröder–. Pero si están pensando en hacer algo como con “don Miguel” en las cajetillas de los cigarrillos, me parece una locura. De verdad espero que esta discusión sirva para que finalmente el vino sea colocado en el lugar que le corresponde, como una bebida milenaria, de marcada tradición, con múltiples beneficios para la salud y cuya producción genera miles de empleos y factura en exportaciones cerca de mil millones de dólares al año.



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