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Artículo correspondiente al número 295 (11 al 24 de marzo de 2011)
En Chile las estrellas brillan… y con fuerza. Por lo mismo, ya no sorprende que nuestro país acapare los mayores proyectos astronómicos del orbe y estemos ad portas de concentrar el 70% de la observación a nivel mundial. Lo sabemos: nuestros cielos limpios marcan la diferencia, pero, ¿como rentabilizar tan elevado potencial? En Capital enfocamos el telescopio y profundizamos en las claves para entender el despegue de esta ciencia. Por Carla Sánchez M.


Capital mundial de la observación
Si Galileo Galilei estuviera vivo, seguro vendría con su telescopio al Norte Chico, considerado, a nivel mundial, como el mejor lugar para la observación. La razón radica en que tiene más de 320 noches al año con cielos despejados. Por algo el Observatorio Europeo Austral (ESO), el más productivo del mundo, decidió instalar sus centros de operaciones en el desierto de Atacama. “Chile tiene una situación única: cerros a gran altura cerca de un mar frío, hace que las nubes sean muy bajas y no interfieran en la observación. Además, la contaminación lumínica es menor y las autoridades se han comprometido a que no aumentará”, explica Massimo Tarenghi, el principal representante de ESO en el país.
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Por Chile pasa un astrónomo al día”, agrega José Maza, premio nacional de Ciencias. Según explica, antes venían mil al año, pero con la observación remota hoy pueden encargar sus trabajos. A Mario Hamuy, director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, no le extrañaría que de aquí a 10 años Chile se convierta en la capital mundial de la observación, desplazando a Hawaii y a las islas Canarias. “Es muy atractivo para Estados Unidos, Europa y Japón traer sus instrumentos a nuestro país. Así ha estado ocurriendo desde hace 50 años. En estos momentos, Chile cuenta con dos tercios de los observatorios que existen en el mundo, pero cuando llegue el E-ELT (Extremely European Large Telescope) y comiencen a operar otros proyectos (los telescopios ALMA, GMT y LSST), vamos a concentrar el 70% de la observación mundial”, asegura.
La estabilidad política de nuestro país ha sido un elemento clave para atraer nuevas inversiones. “Nunca nos ha afectado un cambio de gobierno. Al contrario, todo ha sido a favor de la astronomía”, sentencia Tarenghi.

¿El futuro sueldo de Chile?
Chile es conocido en el mundo por el cobre, los vinos y la astronomía (y algún futbolista que brilla cada cierto tiempo, para ser justos). Es cierto que vamos a concentrar gran parte de los periodos de observación a nivel mundial, pero “esa torta, en términos de volúmenes de dinero, jamás va a compensar lo que dejan el cobre o la industria forestal”, explica Hamuy.
Durante los 40 años de operación de ESO, nuestro país ha recibido más de mil millones de dólares. Plata fresca que ha entrado sólo por la construcción de los observatorios, desde los caminos para acceder a ellos hasta el propio edificio. Esta cifra no contempla los costos de operaciones, de los cuales el 10% de cada proyecto recae en manos de chilenos. “La política que tenemos en ESO es utilizar recursos humanos locales. Traemos extranjeros sólo cuando no hay personal chileno disponible”, explica Tarenghi. En el caso de ALMA (Atacama Large Millimiter/submillimiter Array), el proyecto astronómico más grande del mundo, las 66 antenas que utilizará son fabricadas en Europa, pero su implementación se realiza a nivel nacional.
“Sólo el observatorio Paranal debe gastar en Chile alrededor de 30 millones de dólares al año. Si lo sumamos a los otros observatorios, estamos acercándonos tranquilamente a los 100 millones de dólares”, agrega Hamuy, quien asegura que este es el país que acapara la mayor cantidad de inversión extranjera en astronomía del mundo.
Pero la astronomía per se no es un negocio, sino un trabajo de investigación cuyo producto final es el conocimiento, y no la riqueza.

El valor del conocimiento
María Teresa Ruiz es una de las pioneras de la astronomía en Chile. Viene llegando del observatorio Las Campanas, donde monitorea la estrella Eta Carina, la próxima supernova que va a explotar ¿Qué pasa si estalla? “Será una explosión tan brillante como la luna llena. La idea es recoger datos antes de que ello ocurra”.
Surge, entonces, la clásica pregunta: ¿para qué sirve la astronomía? Felipe Menanteau ha desarrollado toda su carrera de astrónomo fuera de Chile. Al teléfono, desde Nueva Jersey, nos cuenta que “desde un punto de vista capitalista, la astronomía no sirve para nada. Lo que nosotros hacemos es tratar de escribir pedacitos del manual de usuario del universo. Porque nosotros estamos aquí y nadie nos explicó como funciona”.
Medir qué porcentaje del PIB representa el conocimiento es casi tan absurdo como medir cuán rentable es tener un hijo. Pero lo que está claro es que “sin el conocimiento, la idea de dar el salto para convertirse en un país desarrollado es inviable”, sentencia Ruiz. Y agrega: “cuando ves un proyecto de la magnitud de ALMA, ubicado al fin del mundo, te empiezas a dar cuenta del valor del conocimiento. Yo no veo a los países europeos o a Japón poniendo miles de millones de dólares en cosas que no tuvieran ningún valor”.
“No le puedes poner un valor inicial al conocimiento. El chip de la cámara fotográfica de tu celular fue desarrollado por astrónomos hace 50 años. Pero cuando se implementaron esos detectores ultrasensibles jamás se pensó en que todo el mundo iba a tener uno de estos aparatos”, detalla Leopoldo Infante, astrónomo a cargo del recién creado Departamento de Astroingeniería de la Universidad Católica.