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Reportajes y Entrevistas
Ernesto Ottone. El estratega

Artículo correspondiente al número 254 (12 al 25 de junio de 2009)

 

Ernesto Ottone tiene fama de analizar los escenarios políticos y sociales más allá del “ruido” coyuntural. Así se transformó en asesor estratégico de Lagos e integrante del mítico “segundo piso” de La Moneda. Hoy apoya al comando de Frei y, desde esa óptica, resta mérito a los augurios negativos en torno al futuro de la candidatura concertacionista. “El cuadro electoral está muy abierto”, explica. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortíz.


Si hay algo que lo apasiona es la estrategia política. Lo suyo es el análisis y, en lo posible, anticipar la evolución de los procesos. Aunque no tiene “la bola del futuro”, como comenta con humor en parte de la conversación, su transitar por este camino profesional le ha ganado un sólido prestigio en el mundo concertacionista.

Sociólogo y cientista político de la Universidad de París, Ernesto Ottone saltó a la mira pública durante el gobierno de Ricardo Lagos, cuando integró el ya mítico “segundo piso” de La Moneda, en su calidad de director de análisis estratégico de la Presidencia de la República.

No esconde su afecto por el ex mandatario ni su cercanía y lealtad incondicional, las que perduran hasta hoy. Es más, confirma que su incorporación al comando de Eduardo Frei está ineludiblemente vinculada a la decisión de Lagos de salir a apoyar públicamente al actual candidato presidencial de la coalición oficialista. “Quienes hemos estado con Ricardo Lagos estamos con Eduardo Frei”, comenta.

Anclado en la Universidad Diego Portales, donde dirige la cátedra Globalización y Democracia, este intelectual PPD –que también ha ocupado cargos en la Cepal, Unesco y Naciones Unidas– recalca que hoy su trabajo es “tratar de pensar a Chile y a América latina de forma más estratégica”. Y justamente es con esa mirada que lo introducimos en la actualidad política, con un Frei complicado (lo que él, por cierto, niega rotundamente), un Marco Enríquez-Ominami que sube como espuma en las últimas encuestas y la tímida aparición del ministro de Hacienda como carta concertacionista. ¿Su inmediata respuesta? “Hay que desdramatizar un poco el cuadro”.


-Pero si surge un rival en el mismo bando, ¿no es el momento de hacer adecuaciones en el comando presidencial?

-Hay un hecho de fondo. En las últimas dos elecciones, cuando la democracia se estandarizó como normal y dejaron de existir los poderes fácticos y la derecha se volvió competitiva desde el punto de vista político, se han creado dos bloques: uno de centroizquierda y otro de centroderecha, que compiten palmo a palmo. Fueron los casos de las elecciones de Lagos y Bachelet. No hay una diferencia enorme. Este año las elecciones van a ser competitivas también y, entonces, el cuadro será similar. Ahora, quizás el elemento nuevo es que ayer las tendencias centrífugas, las tendencias a la dispersión, solían estar más centradas en la centroderecha y hoy están muy presentes en la centroizquierda a través de nuevas propuestas, personas que aparecen y de una cierta disgregación. La razón obedece a varios fenómenos aunque existe en los dos lados.


-Pero hoy está más en la Concertación que en la Alianza.

-Históricamente ha sido más en el otro lado. Pero, sí, hoy existe más en la Concertación. Yendo a las causas más profundas, se han producido gobiernos con resultados más allá de los límites. Naturalmente, toda obra política no es perfecta y hay cosas criticables. No voy a hablar acá de perfecciones que no son de este mundo, pero estos 20 años han sido los más exitosos de la historia de Chile. Nunca se había avanzado tanto, en todos los terrenos. Entonces la pregunta es por qué se produce este fenómeno, por qué se da esta situación donde surgen tendencias particularistas. Al comienzo, la Concertación tuvo el cemento del miedo a un pasado terrible y eso une mucho. Después hay que pasar a un cemento de proyecto, y ahí creo que hay problemas en los partidos de la Concertación. Problemas de prácticas políticas, de ausencia de una evaluación orgullosa de lo realizado.


-¿La Concertación se quedó sin proyecto?

-Estoy en completo desacuerdo con eso. Creo que la Concertación tiene ideas y están planteadas y la obra que ha venido realizando tiene proyecciones hacia el futuro. Hay elementos que maduraron ya. Ahora necesitamos, por ejemplo, dar el salto al umbral del desarrollo, tener un sistema educativo de mayor calidad, una mejor vinculación entre la educación superior y el mundo productivo, otros niveles de producción científica y tecnológica… El tema no es la velocidad del crecimiento económico, sino su calidad y su capacidad de lograr romper esta transmisión de la desigualdad que viene desde la Colonia, es intergeneracional y que es lo más cuesta. Cuesta más hacer descender la pobreza y Chile ha sido muy exitoso en eso, pero la igualdad es mucho más compleja, difícil y lenta.


-Y ante tanto éxito ¿cómo se entiende el fenómeno de Enríquez-Ominami, que sale de la misma Concertación, dice que las cosas no se están haciendo bien y empieza a lograr apoyos que nadie imaginaba?

-Le respondo: ¿cómo se entiende el apoyo que tienen la presidenta y el gobierno?


-La presidenta tiene más apoyo que el gobierno.

-Sí, pero el gobierno también tiene un gran apoyo. Está arriba del 50%. Dígame quién en América latina, en situación de crisis económica, puede estar descontento con superar el 50% de respaldo. No entiendo ese discurso de poner las tintas en todo lo negativo. Entiendo que hay que hacer cosas nuevas. La gente quiere mejor atención de salud, un Estado más eficiente. Y eso pasa también por un mercado más eficiente. En el fondo, se requiere un mejor Chile.

 

 


Partidos: el cambio es posible


-Usted detecta problemas en los partidos. Malas prácticas. Hablemos de eso.

-Primero, es un problema mundial. Vuelvo a mi sesgo estratégico: es un problema real. Todas las instituciones de la democracia liberal, que son su fundamento –separación de Poderes, respeto de las minorías, funcionamiento del Parlamento y los partidos– están en todo el mundo en crisis. Y no porque los políticos sean más malos que los de antes, sino porque el cambio es tan grande (globalización, contracción del tiempo y el espacio, entre otros) que estamos ante un mundo de otra velocidad y hay un problema frente a las instituciones de la democracia representativa.


-Vamos a Chile.

-Creo que debería haber una reforma de los partidos políticos. ¿En qué sentido? En que los partidos representan una cierta idea de la sociedad, cierto, que se propone a la ciudadanía, pero los partidos son bienes públicos, es decir, no pertenecen a sus fundadores y militantes. Pertenecen a la ciudadanía y, por lo tanto, tienen que abrirse y acercarse a ella. El cambio es posible y para eso se requiere y se necesita en el mundo político una voluntad de apertura. La gente no quiere la política que percibe como un negocio del cual son ajenos, que dice relación con intereses y preocupaciones que están lejos. Pero, sin embargo, percibe que es un tema de Estado.


-¿Qué puntos exige esta reforma de los partidos?

-Primarias abiertas, donde la gente participe. Y cambiar el sistema binominal.


-¿Ve realmente ánimo de renovación? Porque uno ve reacciones instintivas ante cualquier intento de cambio.

-Siempre hay tendencia a la conservación. Difícilmente quieren irse. Es un hecho de la naturaleza humana. Pero hay una necesidad evidente de renovación en ambas coaliciones, que tiene un aspecto que es generacional, pero no es sólo eso. Cuando hablamos del recambio generacional es como el amor a la madre: ¿quién puede estar en contra?... La renovación generacional no es un bien en sí mismo. Soy muy partidario de la renovación generacional, pero creo que esta elección tiene que ser un puente hacia eso. Y ha hecho bien Frei en ubicar a Sebastián Bowen como una perspectiva, porque por generación entiendo eso: jóvenes con experiencia de servicio público y al país. En fin, no es joven por joven, sino que es joven con una capacidad de síntesis de lo adquirido por el país, de ideas nuevas y también de compromisos. No es sólo cuestión de maquillaje o de mezcla de elementos publicitarios con la política.

 

 


Cuadro con sorpresas

 

-¿Por qué decidió aceptar la posibilidad de estar en el comando de Eduardo Frei?

-Estoy, naturalmente, porque soy una persona que me ubico en la Concertación. Creo que Frei es un candidato que tiene virtudes y una muy importante –particularmente en estos momentos de tránsito y cambio– es una apertura a lo nuevo. Y lo ha estado mostrando con varios temas que él ha puesto sobre el terreno, que no son temas fáciles.


-¿Estamos hablando del llamado aborto terapéutico y matrimonio entre homosexuales?

-Sí, pero también elementos de innovación, ciencia, energía renovable y la continuidad de la protección social. Y también Frei representa un elemento de sentido común que se empata mucho con el sentido común de los chilenos. En ese sentido, hay un elemento de confianza de Estado.


-Llamó la atención su inclusión en el comando porque usted trabajó con Lagos y son perfiles muy distintos.

-Con Ricardo Lagos fui un colaborador muy estrecho. Con él tengo una relación de años. Aquí estoy apoyando una actividad desde posiciones muy modestas. Pero puedo decirlo así. Soy una persona que está ayudando y tratando de contribuir. No es contradictorio con lo de Lagos…


-Ambos como figuras son bien distintos.

-Pero, a ver, como fue distinto Aylwin y como es distinta Bachelet, y yo a todos los he apoyado. No hay un cambio de mi conducta.



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