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Enviroschools made in Chile

Artículo correspondiente al número 281 (29 de julio al 15 de agosto de 2010)

 

La mala educación en nuestro país es el tema del momento. Pero si a eso le agregamos el cuidado del medioambiental, nos quedamos cortos. Tan solo unas pocas instituciones han logrado quebrar los esquemas, y ser verdaderas pioneras al imitar la metodología educativa de moda en Nueva Zelanda. Por Sophia Schneider.

 

Calentamiento global, gases de efecto invernadero, deforestación, agotamiento de los acuíferos y gigantescos derrames de productos tóxicos son algunos de los fenómenos que, vistos a gran escala, amenazan la salud del planeta. La contaminación del aire, de las tierras, de nuestros mares y ríos, hace peligrar seriamente, ya no sólo nuestra calidad de vida, sino la subsistencia misma de una forma de existencia altamente demandante de recursos escasos o no renovables, en un mundo cada día más poblado. El cambio climático y sus consecuencias, materializadas en frecuentes catástrofes naturales, han impreso un carácter de urgencia a los temas medioambientales. Por esto, el resguardo de la Naturaleza ocupa un lugar cada vez más destacado en el debate sobre el futuro de la sociedad.

El surgimiento de prácticas sociales y pedagógicas acerca de la cuestión ambiental, como objeto de interés, es reciente. Sin embargo, ya se evidencia el papel protagónico de la acción educativa orientada hacia lo verde.

¿Por qué? La respuesta es simple: si se desea construir una sociedad más enfocada en el cuidado del planeta, se debe partir instruyendo desde la base; o sea, sus niños.

Son ellos quienes, de no mediar acciones efectivas contra el deterioro medioambiental, heredarán un mundo herido. Son ellos quienes, a futuro, dictarán las políticas que regularán la convivencia entre el hombre y su medio.

El país que mayor énfasis ha puesto en este criterio ha sido Nueva Zelanda. Por medio de la creación del ministerio de Medio Ambiente, se identificó a la educación ambiental como una vía imprescindible para promover tanto una conducta responsable como la participación efectiva de los ciudadanos en la protección y la gestión de los recursos naturales y físicos de Nueva Zelanda.

Esta visión impulsó la creación de las enviroschools que, de la mano del ministerio del Medio Ambiente, promueven iniciativas de enseñanza ambiental, tanto a nivel nacional como regional. El concepto nació como una iniciativa comunitaria creada por Heidi Mardon, y partió como un proyecto experimental en la pequeña comunidad de Hamilton, a principios de la década de 1990.

La idea de los enviroschools es lograr que los jóvenes sean activos en el bienestar del colegio, la comunidad y el ecosistema. Que tengan un tipo de aprendizaje sustentable y que sean capaces de crear productos sostenibles y generar liderazgo juvenil.

Hoy en día existen más de mil colegios medioambientales en toda Nueva Zelanda. En nuestro país, ya hay cuatro que están trabajando con la metodología de las enviroschools.

El caso chileno

Tras un viaje de estudios a Nueva Zelanda, en 2008, bajo el auspicio del ministerio de Medio Ambiente del mismo país, los directores de los colegios The Grange School, San Nicolás de Myra, Liceo Nueva Zelanda y Santo Domingo Country School pudieron constatar que era factible aplicar el sistema educativo de las enviroschools en Chile.

En el corazón de su despliegue, este programa pretende introducir y potenciar, a nivel internacional, la educación ambiental para el desarrollo y la gestión y certificación ambiental en diferentes centros de enseñanza.

A pesar de que el método aplicado en las escuelas ambientales es variable, hay algunos elementos comunes con los que todas se comprometen: la creación de una visión ecológica de toda la escuela; la formación de un grupo ambiental –envirogroup–, el trabajo con la comunidad y la ejecución de proyectos de acción. Cada colegio cuenta con un guía que motiva y aconseja, ayuda a crear vínculos con programas complementarios y busca expertos en materias verdes. Así se plasma la convicción de que compartir conocimientos es esencial en el proceso de estos colegios. Para esto, se facilitan eventos entre alumnos y profesores de distintas entidades, se aprende de los demás y se gana un mayor conocimiento en temas de sustentabilidad.

Para la directora de la Santo Domingo Country School, Alejandra Novoa, el colegio tiene como columna veredicion verde tebral de su proyecto educativo el amor y el cuidado por la Naturaleza. Asegura que la meta es la creación de hábitos intelectuales para formar jóvenes que en el futuro piensen y actúen de manera sustentable, sean los protagonistas de su aprendizaje y resulten capaces de aplicar los conocimientos adquiridos.

Reseña la educadora que su programa de estudios consta del desarrollo de distintos proyectos a través del ramo Enviro Project que está unido al de tecnología. Así, los alumnos de primero a cuarto básico cuentan con cuatro horas semanales para trabajar y los de educación media, con dos.

A través de esta asignatura, los jóvenes eligen al principio del año escolar un terreno para intervenir. Después de su estudio y realización, se presentan las conclusiones no sólo a los padres y profesores, sino también a una comisión de enviroschools de Nueva Zelanda, que ya ha venido a Chile durante los últimos tres años.

Gracias a este tipo de iniciativas, los niños han descubierto su entorno y trabajan reutilizando materiales y fomentando campañas de reciclaje. “Incluso se creó un grupo llamado Green Enviro Kids, compuesto por una brigada ecológica dentro del colegio, que multa a toda persona que no respete el medio ambiente”, consigna Novoa.

En el colegio San Nicolás de Myra, aptitudes como liderazgo, creatividad en la invención de soluciones y el desarrollo de una mayor conciencia social van aparejadas con la tarea del mejoramiento del entorno y de la comunidad. Para Sofía García, profesora de Biología y encargada del programa ES, es fundamental que el alumnado participe en los procesos ambientales, a fin de que los niños crezcan con una perspectiva de vida más sana y de responsabilidad con el medio en que habitan.

Algunas propuestas para potenciar la sustentabilidad y cuidar el medio ambiente son los días sin basura, el ahorro de energía, el taller de invernadero y el cuidado responsable de los animales: conejos, patos, aves y peces. Asimismo, y a pedido de los alumnos, se incluyeron compost y humus con el fin de producir materiales que fertilicen el suelo.

A través de temáticas básicas de agua, energía y residuos, Benjamín Paris, director del Liceo Nueva Zelandia de Santa Juana, región del BioBio, detalla que por medio de estas temáticas el alumnado es animado a desempeñar un papel activo en las fases prácticas para reducir el impacto ambiental y extender su aprendizaje más allá del aula. Asimismo, señala que en su trabajo con talleres ecológicos se han aventurado en la incorporación de una lombriz californiana para el reciclaje de sus productos, en un invernadero de hortalizas y en la producción de Stevia, una planta originaria de Uruguay que endulza 16 veces más que la caña de azúcar y que no tiene efectos secundarios.

Lo más importante, asegura Paris, es que hay un cambio total de mentalidad en sus alumnos. Está seguro de que, por medio de la incorporación de esta metodología, se ha creado una cultura nueva y que “gracias a esto hemos podido rescatar y recuperar a muchos jóvenes que, de lo contrario, habrían caído en los vicios”.

Las escuelas ambientales son verdaderos agentes de cambio y han sido reconocidas por su enfoque innovador, intersectorial y por su vinculación con distintas comunidades, gobiernos y personas.

El origen de la especie

Se podría pensar que el creador de enviroschools proviene del ámbito pedagógico, pero no es el caso. Heidi Mardon, su fundadora y actual directora nacional, recorrió un camino distinto: el de la arquitectura. A través de la creación de proyectos sustentables y de construcciones con materiales reutilizables, Mardon se dio cuenta de que había que traspasar este tipo de conocimientos a las generaciones más jóvenes, para que a través de ellas se generara un cambio a nivel planetario.

Gracias a su programa medioambiental, fue capaz de cambiar y enriquecer la rutina de vida de miles de estudiantes a lo largo de Nueva Zelanda, y de construir una diversa y activa red comprometida con el desarrollo de las comunidades. Su visión acerca de la necesidad de generar alianzas y su capacidad para concretarlas han dado frutos: son 68 las organizaciones asociadas a su programa, además de 700 escuelas ambientales.

La experiencia de los últimos años ha demostrado que el modelo educacional de Heidi Mardon permite la formación de jóvenes líderes que se han hecho dueños de un acabado conocimiento sobre los temas ambientales, que poseen una mirada económica que le asigna valor al crecimiento sustentable y que, en lo social, no conciben la construcción de una vida comunitaria si no es en armonía con un entorno que hay que preservar o construir, con respeto profundo por el equilibrio de la Naturaleza.

Cultura verde
Bronwen Golder no sólo es conocida por ser la señora del ex embajador neozelandés en Chile Nigel Fyfe. Además, fue la precursora de la introducción y adaptación de las escuelas ambientales de Nueva Zelanda en Chile. Actualmente es la directora del Legado Mundial de los Océanos de la Fundación PEW, miembro desde hace 15 años de la ONG WWF y tiene una activa participación en el Programa del Triángulo Coral.

“Para crear un cambio significativo, tenemos que reconocer que el medio ambiente es importante. En este sentido, la diferencia entre mi país y Chile es que nosotros hablamos y debatimos sobre este tipo de temas.

Siento que es determinante una mayor acción por parte del ministro de Educación y del presidente para que esto funcione. Que se den cuenta de la importancia del mundo en el que vivimos, de nuestro planeta y naturaleza. Por eso, mi pasión es por un diálogo positivo con todos los sectores de la sociedad, para que se interesen por el uso de recursos naturales, cómo apreciarlos, y protegerlos”.

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