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Entrevista al senador Sergio Romero

Artículo correspondiente al número 259 (21 de agosto al 3 de septiembre de 2009)


"Los empresarios deberían tener un ataque de sinceridad"

 

Su decisión de no repostularse para un cuarto periodo en la V Región Cordillera desato un vendaval de ambiciones y competencia. Dice que es “la caja de Pandora” que reflejara como esta la política. A punto de finalizar 20 años de senador, advierte que Chile “se quedo dormido” y que muchos empresarios son hoy actores políticos. Sin titubeos, los insta a hablar con franqueza sobre el país. Por Elena Martínez.


Escuche extractos de la entrevista aquí.


Aunque no se considera un protagonista de la historia chilena, le ha tocado estar en momentos decisivos. Fue uno de los parlamentarios que en 1996 se opusieron tajantemente a las reformas constitucionales, que vieron humo blanco nueve años después cuando, en su opinión, el país estaba “maduro”. También afrontó, siendo presidente del Senado, la caótica llegada al Congreso de Augusto Pinochet. Eso, sólo para mencionar algunos momentos intensos o conflictivos que le ha tocado vivir y que hoy observa con el desapego que entregan los años y la experiencia.

Se ve entusiasmado con la nueva etapa que planea iniciar en marzo. Ya al comenzar su actual período como senador por la V Región Cordillera visualizó que su ciclo terminaba. Sergio Romero –el negro como le dicen sus amigos o don Romero, para los lugareños de su zona– plantea que siempre ha tenido claro que las etapas se terminan y que no se requieren una ley o una derrota electoral para tomar la decisión que corresponde. “El que no es capaz de percibir eso se queda al margen”, comenta.

En su caso, las encuestas avalaban una posible cuarta carrera electoral, pero para él “ya es suficiente”. Veinte años como senador, con dos períodos como presidente de la Cámara Alta (1997-1998 y 2005-2006) fundamentan su decisión, de la que no se ha arrepentido hasta ahora.

Lo de clausurar etapas para iniciar otras forma parte de su ciclo vital. De hecho, cuando debutó en el área legislativa era dirigente empresarial (vicepresidente de la Confederación de la Producción y del Comercio). Vendió casi todo lo que tenía y dejó en segundo lugar su profesión de abogado. No piensa retomar la actividad empresarial, porque siente que el tiempo y futuro que requiere ese tipo gestión se le están acabando. Lo único que deja en condicional es retomar la actividad agrícola, un mundo que le apasiona. Tiene manzanas de exportación, paltas, algunas viñas de cabernet sauvignon y animales en predios de Buin, Olmué y especialmente Villarrica. Su sueño: Lanzar el vino “Don Romero”, tal como le dice la gente de campo, “¡un especial tinto!”, anticipa.

Sus planes inmediatos son dos. Incorporarse al estudio Romero y Cía., donde sus dos hijos abogados –Sergio y Juan José– le invitaron a trabajar. Y, en segundo lugar, escribir un libro para el cual ya tiene título: “Veinte años en el Senado. De la transición al bicentenario”.

Relajado y sin indicios de nostalgia, comenta que su decisión de dar un paso al lado en el trabajo legislativo ha sido oportuno. Sobre todo, considerando lo que califica como “la declinación de la actividad política mirada como un servicio público (...) Se ha hecho demasiado ostensible para mi carácter y eso me lleva a reflexionar que es necesario hacer un cambio muy profundo”.

 


-¿Se va desencantado?

-No. Me voy absolutamente tranquilo, porque siento que el Senado ha sido excepcional en lo político. Fue la instancia y el lugar de encuentro de los grandes acuerdos políticos que hubo en Chile y tuve la suerte de participar en muchos de ellos. Me voy satisfecho. Mi decisión coincidió con la declinación de la actividad política y su distanciamiento con la opinión pública. No puedo ser partícipe de la crisis de los partidos políticos y de las instituciones democráticas. No meto a Chile en el mismo saco que otros gobiernos latinoamericanos, pero está siendo amenazado y debemos reaccionar para evitar que caiga en populismos en o debilidades de esa naturaleza.

 

-¿Qué vínculo tiene su salida del Parlamento con evitar que esto suceda?

-Es una simple coincidencia. Hoy tengo más posibilidades de influir, tal vez, como una suerte de referente por estos 20 años y poder ser escuchado con mayor atención, sin ser candidato. En mi libro quisiera relatar cuán fundacional fue el Senado en lo político y en el término de los secretismos; y en la parte final, reflexionar respecto de lo que como sociedad debiéramos hacer para refundar la política y su institucionalidad, porque creo que hace falta una cirugía mayor.

 

-¿Esta cirugía busca atacar la crisis de participación?

-Sí, porque esas crisis hacen que los populismos planteen la alternativa de los plebiscitos y la democracia directa como una fórmula, que es lo más peligroso y absurdo que existe. Eso es lo primero que hacen estos dictadores con ropaje democrático como los señores Chávez, Correa, Morales y ahora último Zelaya.

Por lo demás, acá tenemos un país que nos ha costado mucho desde todo punto de vista y en el plano empresarial quisiera recordar –porque estoy hablando a la revista Capital y porque fui vicepresidente de la CPC– que me parece fundamental que demos confianza y un reimpulso a la acción económica. ¡Chile se quedó dormido! y empezó a caer en una suerte de letargo y eso trae aparejada una preocupación sustantiva, porque estamos mediocrizando el tema y aquí hay un asalto a mano armada que consiste en regularlo todo y convertir todo en algo que tiene más de socialismo igualitario, a veces incomprensible para el siglo XXI. En vez de nivelar hacia arriba se está nivelando hacia abajo.

 

-¿Cuándo partió esto? ¿Con Bachelet?

-No, es algo previo. En alguna medida, con Frei; pero con Lagos, muy fuerte. Siento que el gobierno de Lagos le dio un valium al empresariado, el cual de pronto se convirtió en un actor político y eran empresarios laguistas, cosa que me sorprendió muchísimo conociendo “las uvas de mi majuelo”, como diría un español. Y vi a mucho empresario y dirigente empresarial mirando el corto plazo y no el mediano y largo plazo…

 

-¿Y cómo los ha visto con Bachelet?

-Parecidos. Aunque tengo la esperanza de que dirigentes como Guilisasti y Luis Mayol den un vuelco. Recuerdo el idealismo de Manuel Valdés, por ejemplo, o la autenticidad de Manuel Feliú. Lo cierto es que después vi, coincidiendo con los TLC, una fuerte apertura al mundo, económica pero también políticamente, y Lagos en eso fue muy artista para aparecer internacionalmente como muy inclusivo. No tengo crítica que hacer. Simplemente, estoy constatando un hecho.

 

-Pero usted dice que los ha visto muy alineados con el gobierno de turno.

-Sí, a pesar que hoy veo un poco más independiente a Guilisasti.

 

-¿Y cuál es la razón de fondo de este proceso?

-¿Sabe lo que ocurre? El empresariado depende mucho de los gobiernos y del Estado, todavía. La empresa está permanentemente tratando de eludir el mal mayor y de escoger el bien menor y, cuando sucede eso, se olvida que hay bienes y males mayores. ¡Al final terminamos satisfechos porque menos mal que éste no eran tan regulador como el anterior! El reimpulso que necesita Chile es uno que lo saque del subdesarrollo y, en la medida que no hagamos ese esfuerzo, vamos simplemente a seguir marcando el paso. Por eso creo, honestamente, con todas las diferencias que tuve en el pasado con Piñera, que él es la persona que puede y tiene la personalidad para dar los saltos que necesitamos hacia el futuro.

 

-Para cerrar el capítulo empresarial: ¿qué deberían hacer los empresarios para ser catalizadores del cambio hacia el desarrollo?

-Deberían tener un ataque de sinceridad y franqueza enorme para decir a los dirigentes de todo tipo cuál es la realidad de lo que es el desarrollo de este país a corto, mediano y largo plazo.

 

-¿Esto hoy no sucede?

-Hay una suerte de no molestar a nadie y no se dicen las cosas. No se le dice al pan, pan; y al vino, vino. Este país está enfermo de personas que creen que el Estado es empresario y esto es un grave error. Aún cuando la crisis nos muestra situaciones de debilidad en el plano de la institucionalidad financiera privada del mundo, no se ha descubierto un mejor camino hacia el desarrollo que la iniciativa privada. Entonces, si seguimos pensando que todo tiene que ser estatal y mantenemos reductos estatistas en Enap, ¡que es una vergüenza!, o en Codelco, ¡que es otra vergüenza!, vamos a terminar como con los trenes. Oiga, con trenes que se inauguraron en todas las estaciones por donde iba a pasar el tren. Pero... ¡los trenes estatales no llegan! Se desarman en el camino, ya sea porque la corrupción los desangró por dentro o, simplemente, porque eran chatarra vieja que se compró a buen precio.

 

-¿Y este ataque de franqueza debería estar dirigido a quién: a la presidenta?

-No, a la sociedad. El empresariado tiene que tomar conciencia de que debe haber cambios. Si no, va a mantenerse la inercia que tiende más bien a que las cosas vayan cayendo, claro, mientras vas haciendo negocios, pero ese no es el tema. Tenemos una responsabilidad social, no sólo con los trabajadores: con la sociedad. Por eso le tengo mucha admiración a gente como Eliodoro Matte, Roberto Angelini y Jean Paul Luksic, porque también se preocupan de la cosa pública y del país.

 

-¿La mayoría de los empresarios está dedicada sólo al negocio?

-No, no. No pidamos a los empresarios que se conviertan en hombres públicos. Creo que la dirigencia y la institucionalidad empresarial tienen que hacer una reflexión muy profunda. Yo los invitaría a hacer un retiro para que analizaran efectivamente lo que debiera ser el siglo XXI para Chile. A lo mejor van a decir “bueno, y esto ¿qué me interesa a mí?”. Si la sociedad en que hoy vive la empresa chilena no se modifica vamos a caer en un letargo en que todos, confiadamente, estamos llegando a una revolución del socialismo estatizante y de la regulación y de que todo se nivele hacia abajo.

 



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