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Entrevista al Arzobispo de Toledo

Artículo correspondiente al número 237 (17 de septiembre al 2 de octubre 2008)




-¿Cómo se ha ido dando esta tendencia de alejarse de la religión y la fe en Europa?

-Hemos tenido experimentos que han durado hasta setenta años, como el comunismo de los países del este de Europa; tuvimos el nazismo, también. Sociedades que pretendieron crear un mundo sin Dios. Sin embargo, como se ha vuelto a demostrar una y otra vez con la caída de estos regímenes, un mundo completamente ateo es imposible, se vuelve contra el hombre. La cultura que se aleja de Dios fi nalmente se dirige a un nihilismo en que se busca una libertad absoluta, pero que está vacía de contenido. Una libertad que no tiene fundamento inevitablemente implica la destrucción del hombre, de unos contra otros, que es lo que está ocurriendo actualmente: un quiebre profundo de la dignidad del hombre. El hombre tiene un valor en sí mismo; esta misma dignidad es la que defi ne que grado de libertad tenemos y en qué sentido somos libres. Si Dios no está presente en la sociedad, ya no hay un fundamento absoluto para definir la libertad y las decisiones se van a basar en el solo consentimiento y consenso de los parlamentos. De esa forma, en la medida en que los parlamentos cambien, las decisiones también van a cambiar. Así, terminamos sin valores permanentes en los cuales se basen las leyes y las políticas públicas.

No sólo la falta de estabilidad en las políticas y leyes es un problema, si no las contradicciones en que éstas pueden caer. Por ejemplo, el aborto. Se dice que hay un derecho al aborto, porque la mujer tiene derecho a decidir si tiene un hijo o no. Sin embargo, ese derecho se contradice con el derecho a la vida que tiene ese hijo por nacer. Para el cristianismo, el derecho a la vida es fundamental y prima por sobre el derecho de decisión de la mujer. Sin embargo, en un sistema en que no hay distintos principios, con distintos grados de prevalencia, frente a la contradicción de dos derechos la decisión de cuál prima va depender de la sola decisión de quienes determinen las leyes, y no en principios fundamentales que van más allá de los hombres en particular. Por eso, una sociedad que no se asiente en la verdad del hombre y su naturaleza lleva a un quiebre de los derechos humanos. Es lo que nos vienen diciendo los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI: una sociedad que se conduce por poderes sólo humanos, no tiene ciertamente futuro.


-A pesar del fracaso de los sistemas políticos ateos, la sociedad no parece volcarse masivamente al cristianismo. ¿Por qué?

-La tendencia natural del hombre es pretender afirmarse sin Dios, es querer construir un mundo por sí mismo: es la historia de la humanidad desde Adán y Eva. La tarea de la Iglesia frente a esto es recordar que eso no lleva a la salvación del hombre. Por otra parte, hay un futuro que ya nos fue dado en la persona de Jesucristo, que no se impone si no que se entrega a todos. Y la Iglesia lo único que pretende es compartir la riqueza que ha recibido, no pretende imponerse tampoco. Es por eso que la Iglesia actualmente tiene una tarea que es una nueva evangelización.

Acá en Chile, los más jóvenes, a pesar de que muchos han tenido una educación cristiana, terminan alejándose de la Iglesia porque esta institución se ve como prohibitiva y alejada de las necesidades actuales. Eso puede ocurrir, pero realmente lo que ofrece la Iglesia, es un sí al hombre. No son negaciones, no son prohibiciones, no son mutilaciones del ser humano; todo lo contrario, es la afirmación del sí a la grandeza del hombre, sí a la libertad, sí a la verdad, sí al amor, sí a la esperanza, sí a la vida, sí al amor. Son síes, no son noes por parte de la Iglesia, aunque cierta propaganda trate de decir lo contrario. Incluso nosotros, a veces, en nuestra torpeza de comunicación o en nuestra manera de situarnos, puede que efectivamente digamos noes, pero esa no es la verdad que transmite la Iglesia, si no que es la afi rmación del hombre, que se da precisamente en el acontecimiento de la encarnación del hijo de Dios.

En este sentido, el discurso de Benedicto XVI en las Naciones Unidas: en gran parte de éste habló de los derechos humanos, del bien común, de la solidaridad, del concierto entre los países y era reconocido por todo el mundo y todos se identificaban con lo que decía, más allá de si son creyentes o no. Todos podemos coincidir con los planteamientos de la Iglesia, porque son este sí al hombre. Solamente en el último párrafo, el Papa señala cuál es la clave de todo su discurso y es la persona de Jesús, esto lo dice en el último párrafo, lo cual muestra que cuando se habla de Jesucristo, la razón humana queda engrandecida y todos podemos identifi carnos y reconocernos en lo que la Iglesia dice, que no es algo para excluir, si no donde el hombre puede encontrar su verdad y plenitud y claridad.


-¿Cómo invitar e involucrar a todos y no sólo a los creyentes?

-Como lo está haciendo el Papa, yendo a lo esencial. Su primera encíclica fue Dios es Amor, en la que explica que Dios no es un ser abstracto, ni prepotente o que quiera humillar al hombre. Todo lo contrario, es un Dios que es amor, porque lo hemos conocido en un rostro concreto, que nace de nuestra carne y se nos ofrece a todos. Además, este Dios nos desvela la verdad y grandeza del hombre, y es lo que la Iglesia está testifi cando. Esto requiere que los cristianos mismos seamos testigos de ese amor, que nuestra vida sea expresión de esto que creemos y afimamos, de la esperanza de salvación con que vivimos. El Papa invita en su encíclica a que los hombres se acerquen y adhieran a este Dios, que se acerca al hombre y que es misericordia, perdón, gracia y no es condena, ni disminución del humano. Además, la Iglesia, frente a otras utopías, que se quedan en el aquí y el ahora de nuestra Historia, puede ofrecer la única esperanza en la que el corazón humano puede alcanzar su plenitud.


-¿Qué está haciendo la Iglesia en España frente a esta crisis?


-La Iglesia en España tiene un documento que se llama Orientaciones morales ante la actual situación española y ahí lo que ofrece es lo que la persona de Jesucristo significa: el sí al hombre. El documento contiene el llamado a que España permanezca en su identidad, que es inseparable de sus raíces cristianas. Europa nace como unidad en el Concilio de Toledo, cuando se afrma en él la verdadera fe en Jesucristo, el hijo de Dios que se ha hecho hombre. Eso supone unidad, universalidad, un proyecto de apertura a los otros y posibilidad de construcción de una sociedad en donde el hombre aparece unido y reconocido; no como el ateísmo que implica división y nada en común.

  



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