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Artículo correspondiente al número 240 (31 de octubre al 13 de noviembre de 2008)
“Se agotó la voluntad política para sacar adelante reformas”
“Tengo la sensación de que estamos más empantanados”, dice el vicepresidente de Sofofa y uno de los candidateables a encabezar la CPC. Y es que a Rafael Guilisasti le entusiasman los grandes acuerdos; en particular, si se trata de sacar adelante reformas clave para el crecimiento del país, como una mayor flexibilidad laboral. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Enrique Stindt.
No conocía personalmente a Rafael Guilisasti, cuyo apellido se identifica inmediatamente con el bouquet de la antigua pero renovada actividad vitivinícola chilena. Los empresarios lo respetan, tanto por sus evidentes logros encabezando Viñedos Emiliana y Concha y Toro, como por su trayectoria de dirigente gremial. Entre 1996 y 2003 fue presidente de Viñas de Chile y actualmente, como vicepresidente de la Sofofa, es uno de los nombres que “suenan” como posibles candidatos a dirigir la CPC.
Poco dado a mostrase en los medios de comunicación, me encontré con un hombre cálido y sencillo, con el cual uno podría pasar horas y horas conversando. Amante de la lectura y de la Historia –estudió esa carrera en la Universidad Católica– posee una amplia cultura y una visión equilibrada de los procesos que han marcado nuestro pasado. Su bien ordenada cabeza, disciplina la energía con que se aplica a todo lo que emprende y enfría esa enorme pasión que compromete en cada emprendimiento. En su ADN está la cepa vasca; amor al trabajo, fuerza, empuje y sobriedad. Solidario, abierto al diálogo y dueño de gran empatía y vocación de servicio, no cuesta imaginarlo dando todo de sí en la búsqueda de nuevas e innovadoras fórmulas que permitan que Chile crezca hacia metas más exigentes.
-Eres descendiente de inmigrantes. ¿Cuándo llegaron a Chile los Guilisasti y a qué se dedicaron?
-Somos de origen vasco, específicamente, de San Sebastián. Mis antepasados llegaron a fines del siglo XVIII y se establecieron en Los Andes. Pero la información está medio nebulosa, porque todos los hermanos de mi abuelo y sus padres murieron a raíz de la peste de cólera que afectó a Chile a comienzos del siglo XX. Fue una desgracia. Sólo mi abuelo sobrevivió en el vientre de mi bisabuela… El fue agricultor. Tenía un campo donde, al parecer, plantaba cáñamo. Se casó y tuvo siete hijos, entre los cuales estaba mi padre…
-Fuerte la historia. ¿La tradición agrícola continuó con tu padre?
-Lo curioso es que mi papá no fue agricultor. Empezó su vida laboral activa en la Bolsa de Comercio, en la oficina Irarrázaval
y Rodríguez. Lo que le gustaba era el mundo de las fi nanzas y el bursátil, y así llegó a Concha y Toro en 1960.
-¿Cómo fue ese proceso de integrarse a la viña?
-En esos tiempos, la viña era propiedad de distintas ramas de la familia Concha, pero algunas estaban interesadas en vender y, como tenían la estructura de sociedad anónima, colocaron sus acciones en la Bolsa. Mi papá, junto a un grupo de inversionistas entre los cuales estaban Sergio Calvo, Alfonso Larraín, Eduardo Morandé y Agustín Hunneus, compró acciones y fueron muy bien acogidos en la empresa. Hunneus terminó vendiendo y partió al exterior.
-A esas alturas, ya estabas en edad colegial. ¿Dónde estudiaste?
-En el Saint George…
-¿Generación “Machuca”?
-Antes de “Machuca”, pero el colegio me marcó mucho. Yo diría que el Saint George tenía tres virtudes muy grandes: primero, que era bastante plural, un colegio donde se debatía mucho; segundo, me tocó un período de mucho cambio educativo y realmente nos enseñaron a pensar. Vivimos un período de confusión, tanto de los sacerdotes como de nosotros, pero nos enseñaron buenos principios y capacidad de refl exión; por último, me inculcaron el valor de la autodisciplina, que sirve mucho en la vida.
-¿Qué te llevó a estudiar Historia en la Universidad Católica?
-Siempre me ha gustado la historia, leer, comprender los procesos. Pero también hubo algo de rebeldía, porque lo lógico hubiera sido que estudiara Derecho. Mi padre me lo exigía, pero yo –como era porfiado y me gustaba la historia– entré con bastante gusto a la carrera y no me arrepiento.
-¿Cuál fue el tema de tu tesis?
-La tesis de título fue sobre la inserción laboral femenina. El mercado laboral femenino en distintas etapas de la historia.
-En esos tiempos universitarios, la política llenaba la vida y todos quienes estudiamos en ella tomamos posiciones. ¿Tuviste problemas familiares por matricularte con el Mapu?
-Mi familia era más bien conservadora. Yo era el rebelde, el único que estaba en esas posiciones. Pero siempre hubo mucho respeto y jamás se perdió el cariño. Nunca sentí de mi papá o de mi mamá ningún juicio adverso, aunque yo creo que lo deben haber pasado mal en más de algún momento. Coincidió que el mismo año nos fuimos de la casa mi hermano mayor, Eduardo, y yo. El, a vivir a la casa del Opus Dei y yo, con los sacerdotes del colegio y un grupo de amigos a una población en Peñalolén, para hacer labor social. Pero lo importante es que mis padres formaron una familia muy unida.
-¿Cómo fue surgiendo tu espíritu emprendedor?
-Uno no se planifica ni traza rutas. Uno es uno y sus circunstancias y se va moldeando con nuevas experiencias. Yo empecé en Concha y Toro el año 76-77 y mi primer trabajo fue supervisor de ventas en el mercado doméstico. Muy poco tiempo después, en el año 80-81, estuve en exportaciones y del 83 para adelante fui gerente de exportación de la viña. Durante todo ese período me tocó viajar mucho, pasar largo tiempo fuera y conocer nuevos mundos. Pude conocer profundamente Estados Unidos, con todo lo que ello significa.
-¿Qué es lo que más te atrajo del mundo empresarial?
-La parte creadora, los posicionamientos estratégicos de las empresas. Cuando llegué, la viña Concha y Toro era chica. Nosotros en ese tiempo exportábamos muy poco, no llegábamos a los 10 millones de dólares. Los cambios que hizo mi papá fueron importantes y permitieron que sobresaliéramos en un momento en que las viñas eran relativamente iguales. El primer cambio que hizo fue en el mercado interno, impulsando la comercialización masiva del vino. Cometió “la herejía” de vender garrafas con la marca Concha y Toro en un momento en que las viñas de mayor prestigio sólo vendían vino embotellado. Luego hicimos la apuesta de seguir el camino de la exportación.