Reportajes y Entrevistas Entrevista a Oscar Ortíz, pdte, Senado boliviano
Artículo correspondiente al número 238 (3 al 16 de octubre de 2008)
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-¿Brasil no es un país interesado por el suministro de combustible que recibe desde Bolivia?
-Obviamente, tiene un interés económico, pero todos nuestros países vecinos deben ver el peligro que implicaría que Bolivia se entregue totalmente al control de Chávez, porque desde ahí se exportarían inestabilidad, confrontación y, como ya se está haciendo en cierta medida, se brindaría apoyo a grupos radicales que generan problemas políticos y sociales.
-¿Los organismos internacionales han sido débiles? Menciono, por ejemplo, el caso de la OEA.
-Han sido absolutamente ineficaces y aquí tenemos un problema. La Carta Democrática Interamericana, aprobada en el marco de la OEA, garantiza en teoría un sistema democrático basado en la independencia y el equilibrio de los poderes del Estado. Pero, en los hechos, ponen sólo al Poder Ejecutivo como sinónimo de democracia. No están preparados para actuar cuando es ese gobierno electo democráticamente el que atropella los derechos ciudadanos o a los otros poderes. Como presidente del Senado, he conversado con el secretario general de la OEA para poder asistir al Consejo General a presentar nuestros planteamientos, pero la respuesta es que los embajadores –que representan al canciller del mismo gobierno– se niegan. Entonces, tenemos un vacío de cómo actuar frente a estas situaciones que, lamentablemente, en América latina cada vez las vemos más. Por ejemplo, en Ecuador se cerró el Congreso, se acabó con el Tribunal Constitucional, y estos residentes siguen siendo tratados como mandatarios democráticos. Aquí hay una doble moral que debemos acabar.
-¿Hay un mea culpa de la oposición respecto al estado del arte a que se llegó en Bolivia?
-Obviamente, tenemos que asumir que en el pasado no se supo dar las respuestas a las necesidades de una población con tantos niveles de pobreza y, segundo, que no hemos sido capaces de generar una propuesta alternativa que atraiga a la población. Tenemos que ser más atractivos que el populismo.
-¿Han sido intransigentes?
-Tengo mis dudas. Siempre se dice que en Bolivia los dos lados no ceden. Yo pregunto en qué cederíamos nosotros: en la democracia, la libertad, los equilibrios, el Estado de Derecho…
-Pero declarar la autonomía, aunque sea vía plebiscito, es una opción bastante extrema…
-Pero se había realizado el referéndum del 2006 que había dado el mandato a la Asamblea Constituyente de incluir las autonomías. ¿Qué hace uno como ciudadano y como región, cuando el gobierno encierra a la Constituyente en un cuartel? ¿Se puede reconocer ese proyecto como válido?
-¿No existe el riesgo de que las autonomías terminen con un país escindido territorialmente?
-No. Siempre hemos planteado las autonomías como un sistema de descentralización política, económica y administrativa, como lo ha hecho España; un sistema aún más limitado de lo que sería uno federal. Siempre se ha planteado esta demanda en el marco de la unidad nacional.
-¿Qué pasa si esa autonomía es entendida como una acción de los departamentos con mayores recursos que no quieren seguir contribuyendo al gobierno central?
-Primero, son recursos, en el caso de Santa Cruz, que están orientados al aprovechamiento de productos renovables. En el caso de otros departamentos, como Tarija, que tienen alta producción de hidrocarburos, en realidad lo que no se dice en la comunidad internacional es que el Estado se sigue llevando la mayor parte de los ingresos. Lo que se está pidiendo es que haya, como en todas partes, una distribución de recursos entre los niveles municipal, departamental y nacional. Hoy, el Estado central se lleva casi tres cuartas partes de los ingresos y el otro 25% está comenzando a confiscarlo porque responde a una visión en la cual sólo ellos quieren tener los recursos.
-¿Existe una alternativa real hoy a Evo Morales en Bolivia y, en ese caso, quién la representa?
-Una sola persona no creo que exista. Hay un movimiento que ha generado un discurso alternativo, que es el de la autonomía y que no sólo abarca a los procesos de descentralización, sino más amplio. Pero tenemos también que trabajar la unidad de las fuerzas de oposición.
-¿No hay un candidato?
-Es que ahora, en un país que está frente a un escenario de confrontación generalizada, peleando la supervivencia de un sistema democrático, la prioridad no es buscar un candidato, sino salvar primero la paz, la unidad y la democracia. Si hoy no somos capaces de equilibrar el escenario político en Bolivia, será irrelevante hablar de candidatos.
-¿Qué pasa hoy en la economía boliviana?
-La economía ha ido avanzando gracias a los altos precios internacionales de las materias primas, pero llevamos varios años sin inversión. Estamos viviendo una fantasía. Sin hacer más inversión, sin producir más y, en muchos rubros, exportando menos cantidad, tenemos más ingresos y eso es lo que ha permitido esta ausencia de gestión gubernamental, manteniendo un cierto status quo. Un buen ejemplo ocurre en el área de hidrocarburos. Hasta hace algunos años, en Bolivia hablábamos de un segundo gasoducto a Brasil, de un gran gasoducto a Argentina, de exportar al mercado de ultramar. Hoy no se habla de ninguna expansión y, además de ello, hemos incumplido. De los tres contratos que teníamos con Brasil, cumplimos el principal y dejamos de cumplir con otros dos, pequeños. A Argentina, en vez de los 10 millones de metros cúbicos diarios que debiéramos estar exportando, le enviamos con suerte uno y medio. Y no hay más gas ara nuevos proyectos de industrialización en Bolivia.
-¿Gas por mar? ¿Cuál es la opinión al respecto del presidente del Senado?
-No creo que esa sea una política adecuada. Me parece que fue un error plantearlo. El mar es una reivindicación histórica, un derecho que consideramos que debemos recuperar –nuestra cualidad de país marítimo– y que se debe negociar en el marco de una política internacional seria, con Chile y Perú.