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Artículo correspondiente al número 223 (7 al 20 de mar 2008)
Entendido en estas materias, Guzmán no titubea cuando dice que ceder podría costarle muy caro al país, dado lo estrecha que está la situación energética. Es más, dice que la estrategia de ahorro de energía que se postula debiera reforzarse con una potente señal: que las transmisiones televisivas lleguen sólo hasta las 11 de la noche. Por Patricia Arancibia Clavel; fotos, Gabriel Pérez.
Juan Antonio Guzmán o el entusiasmo… Esa podría ser la síntesis de su retrato. Y es que, a sus 59 años, este ingeniero y empresario irradia unas ganas contagiosas de hacer y saber, cualidades que combina a la perfección con el sano escepticismo de los hombres inteligentes. Quienes lo conocen destacan su lucidez y amplia cultura –es un lector infatigable–, su lealtad y generosidad –muchas veces puesta a prueba– y su gran sentido del humor.

Trabajólico, Guzmán se levanta todos los días a las 6 de la mañana y, pese a ello, siempre queda con tareas pendientes. Ex ministro de Educación a fines de los 80 y posteriormente gerente general de Gener, es la persona indicada para abordar los dos grandes temas que coparán la agenda pública a partir de marzo: energía y educación, a los cuales rápidamente llegamos tras preguntarle:
-¿En que están hoy los empresarios?
-Trabajando como siempre –responde si tardar un segundo–. Hay algunas turbulencias, pero el sistema económico está construido sobre bases sólidas, por lo que creo que superaremos bien las dificultades. Lo importante es no perder el rumbo.
-¿Lo estamos perdiendo en el ámbito energético?
-Sin duda estamos viviendo una situación crítica, producto de la confluencia de tres factores. A la sequía del 2007 es muy probable que sumemos la de este año pues “La Niña” se ha puesto difícil. A ello hay que agregar el retraso de inversiones en el área y el problema del gas con Argentina.
-Muchos se preguntan por qué no se previó esta situación. ¿Hay culpables?
-Difícil echarle la culpa a San Isidro por la falta de lluvias. Hay situaciones inmanejables. Por otra parte, en materia de diseño del parque de generación eléctrica, de oferta de electricidad, siempre se trabaja con estados probables, nunca con estados ciertos. Si quisieras asegurar en términos absolutos el suministro, el costo de la energía habría que multiplicarlo por diez. Es la misma razón de por qué el Estadio Nacional tiene 80.000 asientos y no 800.000 para recibir, por una sola vez, a las personas que habrían querido ver al Papa. Dicho esto, pienso que en el campo de la planificación energética se tomaron algunas decisiones tardías. Está claro que no se reaccionó con rapidez frente al problema del suministro de gas desde Argentina y que también hubo retraso en la entrega de incentivos a la inversión.
-¿Hasta que punto fue un buen “negocio” confiar en el gas argentino?
-En esto hay muchas opiniones. Fui partícipe y promotor de la llegada del gas argentino, porque creo en la racionalidad económica. Entre 1997 y 2003, el abastecimiento fue normal y el país ahorró varios miles de millones de dólares, ahorro que llegó directamente al bolsillo del consumidor y, de pasada, tuvo un importante efecto de limpieza del medio ambiente en Santiago. Las dificultades comenzaron como consecuencia secundaria de una decisión de política económica interna de Argentina, como fue mantener el precio del gas artificialmente bajo, a un tercio menos de su valor real. Eso detuvo la inversión y la producción disminuyó al mismo tiempo que el consumo aumentaba de manera desproporcionada. El gas se convirtió así en un bien escaso para la propia Argentina… Ahora, después de la batalla, todos son generales, pero el problema fue y es económico y no de carácter políticoestratégico, como algunos piensan.
-¿Por qué se retrasaron las inversiones acá en Chile?
-Al menos, por dos motivos. Como el gas se recibía desde Argentina a un precio muy conveniente, disfrutamos unos años de vacas gordas... o precios flacos, si se prefiere. Eso hizo poco atractivas las inversiones y los proyectos se postergaron. Lo segundo viene de más atrás. El precio de la energía está regulado y a fines de los 90 se tomaron ciertas decisiones técnicas que “movieron la perilla” a la baja. Esa fue una señal negativa que desincentivó a los inversionistas. Es cierto que posteriormente el gobierno reaccionó, y bajo el ministerio de Rodríguez Grossi tomó un conjunto de medidas correctivas más flexibles y cercanas al mercado, pero el desfase ya se había producido. Es por eso que la crisis nos pilla con proyectos en ejecución que, al no estar operativos, agravan la situación. Las señales políticas que tienen incidencia en las decisiones económicas no sólo deben ser acertadas, sino también creíbles. No se puede cambiar las reglas del juego a cada rato; sobre todo, tratándose de inversiones a largo plazo.