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Reportajes y Entrevistas
Entrevista a Gonzalo Vial Correa

Artículo correspondiente al número 215 (19 de oct al 01 de nov 2007)

 

 

-Detengámonos un poco en el período 1920-1973. ¿Hubo allí, a su juicio, logros importantes para el país?


- En 1925, por ejemplo, la mitad de los egresados del Pedagógico eran mujeres. Cuando Temuco era todavía una ciudad tipo far west, la directora del liceo, Lucila Godoy, le prestaba libros al alumno Neftalí Reyes. Ambos, proviniendo de un sector social modesto, llegaron a ser premios Nobel. Eso no puede ser casual. Expresa una sociedad volcada hacia la educación y que da sus frutos. Tampoco es casual que durante más de un siglo no hayamos tenido guerras, en contraste con el siglo XIX donde hubo cuatro. Eso quiere decir que Chile logró dotarse de una fuerza militar efi caz que logra imponer respeto por la calidad de su organización.

 

 

-Pero en algún momento el país comenzó a decaer. Usted dice que sucumbe en 1973…


-Se produce una transición –que yo llamo anarquía– en la década del 60, específicamente bajo el gobierno de Frei Montalva, y luego con la Unidad Popular. Y la anarquía termina siempre, inexorablemente, en una dictadura como la que tuvimos, que vuelve en definitiva a crear un orden.

 

 

-¿Por qué habla de dictadura? Después de todo usted fue ministro de Educación del general Pinochet…


-No le tengo miedo a las palabras. Hubo una dictadura en cuanto a que la Junta de Gobierno concentraba todos los poderes y, por consiguiente, si alguna legislación le parecía mal, la cambiaba. No hubo dictadura en cuanto a que el gobierno se ceñía siempre a la ley. Solo en el caso de los derechos humanos fue una dictadura insustituible.

 

 

-¿Existe en su opinión alguna continuidad entre el gobierno militar y los de la Concertación?


- El sistema que impera hoy conserva muchos de los elementos heredados de la dictadura: el régimen político y el régimen económico, sin olvidar un invento jurídico de la época militar que transformó a la justicia chilena, como es el recurso de protección. Suena a paradoja, pero lo cierto es que la dictadura nos legó un Estado de Derecho en torno al cual se ha articulado tanto el consenso político como económico que caracteriza este período. Es molesto decirlo, pero tenemos democracia porque la dictadura lo quiso.

 

 

-¿Cuál es ese consenso político?


-El valor de la democracia formal que es compartido ahora por derechas e izquierdas, si puede hablarse así. Ni los “guevaristas” de ayer ni algunos de quienes participaron en la elaboración de la Constitución de 1980 discuten hoy su valor. Y los pocos que lo hacen son considerados excéntricos. Lo mismo ocurre en materias simplemente instrumentales. Se debate, por ejemplo, el sistema binominal, pero ¿en qué consiste la discusión? Nadie está dispuesto a suprimir el sistema. Lo que algunos quieren es recurrir a algún mecanismo, de modo que los comunistas y otros grupos minoritarios puedan tener alguna representación parlamentaria; pero nadie está sosteniendo que volvamos al sistema proporcional y menos los de la Concertación, pues les implicaría negociar con la extrema izquierda, cosa que les complica.

 

 

-¿Y qué pasa en el ámbito económico?


-El consenso en materia económica es muy grande. Después que el gobierno militar implantó el modelo liberal, van y vienen presidentes y no solo el sistema se mantiene sino que se ha producido un gran cambio en nuestra mentalidad. Ni los grupos más extremos hablan hoy, por ejemplo, de fijar los precios. Hace poco estuve revisando el Diario Oficial y el 11 de marzo de 1971 –aunque parezca increíble–, vienen dos páginas completas con una larga lista donde, por ejemplo, el gobierno le fijaba los precios a los productos de una pequeña fábrica de artefactos de uso doméstico, una pyme, diríamos hoy. ¿A qué productos? A los moldes de dulce de membrillo, a los de queques redondos y cuadrados, a los embudos de barril y de damajuana, a los vasos para flan, etc. Pocos se acuerdan, pero era una verdadera locura que nadie creo está dispuesto a volver a implementar.

 

 

-¿Existe ese mismo consenso en materia social?


-No existe y esta falta de consenso en lo social es la grave amenaza que se cierne sobre nuestro país. Estamos cojeando en lo social, lo que se traduce en muchas cosas que están pasando alrededor nuestro y a las cuales nadie les da importancia.

 

 

-¿Por ejemplo?


-Aparte de la crisis educacional que es evidente, la familia se está disolviendo a una velocidad vertiginosa. Por otra parte, tenemos un grave problema demográfico. La reducción de la población debiera preocuparnos, es un problema nacional. Pero las políticas públicas van en otra dirección. Ha habido una política deliberada para controlar la natalidad de parte del Ministerio de Salud que se remonta a la época de Frei Montalva, imponiéndola de manera atroz especialmente en los sectores populares. No los juzgo, simplemente doy cuenta de la realidad. Esta es una sociedad en donde todos los días están pasando cosas tremendas y que tienden a ocultarse. Hay que ver cómo avanza la tasa de suicidios entre los jóvenes, los embarazos adolescentes, las convivencias improvisadas y sin compromiso con todo lo que ello conlleva para los hijos. Para qué hablar de la drogadicción y de la delincuencia… Y no hay la menor preocupación por la familia. Al revés, se le persigue y perjudica. Sostener por tanto que estamos progresando me parece inverosímil… Nosotros estamos acostumbrados a pensar en nuestro nivel social, pero abajo la situación familiar es caótica. Los valores que sostenían a la familia chilena desaparecieron y la pobreza sigue siendo un problema sin resolver.

 

 

-¿Cree usted que el sistema económico imperante ha permitido enfrentar más eficazmente la pobreza?


-Yo creo que no. El sistema de libre mercado supone gente con un mínimo de educación, que al menos sepa leer y escribir, conozca las cuatro operaciones y posea hábitos y métodos de trabajo. Eso es fundamental. Si no se posee esa educación mínima -y no la tenemos- entonces no hay ningún sistema, ni socialista ni capitalista ni nada, que pueda sacarnos del subdesarrollo.

 

 

-Pero según el gobierno, la pobreza ha disminuido…


-Creo que las cifras son efectivas y que, por consiguiente, la pobreza está bajando, pero el 30% de la población chilena está ganando menos de 200 mil pesos mensuales. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

 

 

-¿Comparte entonces la idea de un “salario ético”?


-La doctrina social de la Iglesia se dirige a cada patrón en particular y le dice: “Usted debe pagarle a sus trabajadores lo necesario para que ellos vivan dignamente con su familia, eduquen a sus hijos, ahorren para su vejez y puedan tener recreación y cultura”. Si algunos contestan que pagarán el salario del mercado, la Iglesia volverá a decirles que tienen un mandato moral, salvo lógicamente que en verdad no puedan pagarlo o tengan por ello que cerrar la empresa. Todos los mandatos morales se dirigen a la conciencia de los empleadores. En el mercado a la gente se le paga por su valor de reposición, esa es la verdad. El trabajador norteamericano gana tres veces más, es cierto, pero su productividad triplica la nuestra. Y produce más porque ha sido educado mejor y, con una ética del trabajo, donde los hábitos, la responsabilidad y la disciplina se les inculca desde chicos.

 

 

-Sé que los historiadores no tenemos una bola de cristal para predecir lo que viene, pero dígame, ¿ve con optimismo el futuro?


- Por el contrario, con los elementos de análisis que tenemos a la mano, es posible que venga, a mediano plazo, una verdadera catástrofe social. Mientras el Estado no decida invertir como corresponde en educación, mientras la pobreza se mantenga en los niveles que se encuentra, mientras las drogas, el alcohol, la promiscuidad sigan deteriorando a la juventud, la crisis tarde o temprano estallará. Yo espero no verla y me encantaría equivocarme, pero dadas las circunstancias, ¿por qué podría ser de otra forma?

 

 

 



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