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Entrevista a Felipe Larraín

Artículo correspondiente al número 243 (12 al 25 de diciembre de 2008)



-¿Qué se estaría haciendo mal si tenemos un Estado que maneja razonablemente los recursos, apuesta por una política contracíclica, se baja la tasa, etc.?

-Es que no se trata sólo de manejar adecuadamente la macroeconomía. Hay que ver qué podemos hacer para que la actividad económica, aun a un nivel muy reducido, no se estanque. En ese contexto es donde hay que pensar en ideas que puedan darle dinamismo a la economía en períodos más bajos. Por ejemplo: destrabar las concesiones o proyectos de inversión pública que estén debidamente evaluados, subsidiar la contratación de mano de obra, entre otras.



Un Tantauco man


-¿Eso están planificando en el grupo Tantauco?

-No puedo decirlo con exactitud. Son ideas preliminares y estoy hablando a título personal, pero sin duda estamos evaluando una serie de cosas porque, si ocurre lo que esperamos –que Sebastian Piñera gane las elecciones presidenciales–, queremos entrar con un programa de gobierno cuidadosamente estudiado y planificado hasta en los detalles. Llevamos ya un año trabajando los grupos Tantauco en estos temas, justamente porque estamos conscientes de que vamos a recibir una economía en una situación externa mucho más complicada y con cifras internas bastante pobres, en franca desaceleración. El gran desafío es devolverle el dinamismo. Necesitamos que vuelva el dinamismo afuera, pero también necesitamos destrabar los problemas aquí adentro.


-¿En ese sentido, la política contracíclica también es una bandera?

-Sin duda, por supuesto. Pero en el buen sentido de la política contracíclica, por ejemplo, en destrabar proyectos de inversión que estén bien evaluados, que tengan rentabilidad positiva y que hayan pasado por un filtro, en dinamizar las concesiones.


-En esta coyuntura fiscal, ¿hay espacio para cambios tributarios?

-Yo creo que sí y espero que sí. Lo que hemos observado en el pasado es que gran parte de los recursos permanentes de la bonanza del cobre se usaron en mayor gasto. De forma igualmente responsable se podrían haber usado para reducir impuestos. Algunos se han reducido, pero han sido movimientos tímidos al lado del incremento del gasto público. Entonces, perfectamente está dentro del principio que compartimos de responsabilidad fiscal el tener una reducción de impuestos como, por ejemplo, la eliminación completa del impuesto de timbres y estampillas, estudiar incentivos tributarios a la inversión, e incluso estudiar reducir el IVA como una medida no coyuntural. Esas son cosas que se pueden discutir y que deberían estar sobre la mesa desde un punto de vista de largo plazo.


-¿Hay que usar los fondos del cobre?

-Los recursos de los fondos del cobre están ahí para ser usados en la medida en que estemos en la parte baja del ciclo, pero tampoco se trata de decir que estamos planificando en base a esos recursos. Lo que nosotros estamos haciendo es un programa que tenga en cuenta los desafíos de fondo, como el crecimiento y el empleo. Desde una expansión en torno al 7,5% entre 1985 y 1997 pasamos a una del 3,8% entre 1998 y 2007 y, de paso, se nos desmoronó la productividad. Tenemos que tener medidas para trata de mejorar la productividad y estimular la inversión. Eso, en parte, viene por una inyección de optimismo y de expectativas, y yo siento en ese sentido que Sebastián Piñera provoca ese efecto porque es una persona que entiende los problemas y va a proponer al país un programa madurado y estudiado. Para que tengan en cuenta: hay treinta y cuatro comisiones trabajando, con más de 800 profesionales, y lo que estamos haciendo en este momento es mirar los diagnósticos y las propuestas que se han hecho en cada sector, para así tener claras las prioridades, qué se concretará en los primeros 100 días, qué en el primer año; qué requiere una ley, qué requiere un decreto, qué se puede hacer usando lo que existe para inyectarle dinamismo a esta economía sin ideologías; porque, además la idea es incorporar gente de todas partes y que no sigamos discutiendo del pasado, sino ponernos de acuerdo sobre lo que queremos hacer para adelante.


-¿Piñera los escucha? Lo pregunto porque siempre se repite –casi como mito urbano- que no es muy dado a escuchar sugerencias de terceros.

-Según mi experiencia –y también participé en la campaña anterior– él escucha harto, lo que pasa es que, a diferencia de otros, es una persona que lidera, que se mete en los temas y está al tanto de lo que está ocurriendo en cada una de sus comisiones. Se lee todos los papeles, los subraya con lápiz rojo y regla. Llega a las reuniones no para que le expongan el tema, porque ya se lo leyó. Participa activamente con críticas constructivas. Mi percepción es que él está escuchando muchísimo a la gente que tiene alrededor, lo que pasa es que entiende los temas y se involucra en todos.


-¿Y Felipe Larraín será el futuro ministro de Hacienda?

-Nooo… Yo estoy trabajando de manera muy entusiasta para que Sebastián Piñera sea presidente de Chile y él es quien debe designar a sus colaboradores. Cada día tiene su afán y, cuando corresponda, él tendrá que elegir a la persona que mejor lo pueda ayudar en los distintos asuntos.

 

 

Las cifras de la pobreza

El estudio titulado Cuatro millones de pobres: actualizando la línea de pobreza, publicado en la revista del Centro de Estudios Públicos, colocó a Felipe Larraín en el centro de una polémica con la ministra de Mideplan, Paula Quintana. Comprensible, considerando que vino a rebatir una de las proezas más ensalzadas por las autoridades: la disminución de la pobreza durante los gobiernos de la Concertación.

En términos simples, el estudio cuestiona la cifra oficial de 2,2 millones de pobres (13,7% de la población) para 2006, porque ésta se basa en la canasta de consumo elaborada a partir de la Encuesta de Presupuestos Familiares del año 1988. “Siempre tuve la duda de por qué seguíamos usando cifras obsoletas, porque en 20 años las prioridades de consumo han cambiado dramáticamente y la encuesta 1996-97 está disponible desde hace diez años”, dice Larraín.

Considerando esa canasta, el economista concluye en que los pobres eran el 29% de la población en 2006 y que los indigentes son el 6,2% en vez del 3,2% oficial. Es decir, en nuestro país habría unos cuatro millones y medio de pobres.


-¿Hay un manejo político de las cifras?

-Yo no llego a decir que exista un manejo político. Que la gente saque sus conclusiones. A mí me sorprende que teniendo la información disponible hace una década, sigamos calculando en base a la canasta del año 1988. Entiendo que, desde el punto de vista político, sea incómodo hacer la adecuación, pero lo importantes es decir la verdad sobre el número de pobres y no contarnos películas en colores cuando en realidad son en tonos sepias. No niego que ha existido una reducción en la pobreza, pero no al nivel de lo que dicen las cifras oficiales.

El llamado es a no engañarnos, por dos razones. Primero, porque con la idea del 13,7%, la pobreza puede perder prioridad en las discusiones públicas, pues pareciera que estamos ganando la batalla. Segundo, porque con el diagnóstico equivocado se deja a un número enorme de personas fuera de los programas de asistencia, dado que no se estarían considerando como pobres.



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