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Artículo correspondiente al número 271 (12 al 25 de marzo de 2010)
En paralelo a la discusión sobre las responsabilidades que le caben a unos y a otros, la reconstrucción del país comenzó. Y junto con ella, los análisis, las propuestas, ideas y planes que deberán estar presentes para quedar mejor blindados cuando llegue el próximo terremoto.
"Estas grandes emergencias y catástrofes no son un freno para el desarrollo. Por el contrario, son un gran estímulo. Pero requieren escenarios dantescos de destrucción y muchas vidas perdidas para que la sociedad sea capaz de reaccionar y responder ante cosas que olvida sistemáticamente y a corto plazo”.
La frase la pronunció el doctor Alberto Maturana, pero no le pertenece. Es de otro chileno, el profesor de la Universidad de Londres José Miguel Albala-Bertrand, experto en economía de desastres.
Quien fuera director de la Onemi por 12 años (hasta 2006) la saca a relucir por lo obvio: de esta emergencia deben extraerse lecciones. La principal, y que comparten profesionales de distintas áreas, tomar conciencia de que Chile es un país de alto riesgo, y que sólo una buena preparación permitirá que cuando llegue el próximo embate de la naturaleza no se improvise.
Suena de Perogrullo, pero así y todo el 27 de febrero el país no estaba preparado. Falló la alerta de tsunami, se cayeron las comunicaciones masivas y las especializadas no funcionaron, colapsaron edificios, se cortaron carreteras, algunos hospitales fueron evacuados y el principal aeropuerto del país sufrió serios daños. ¿Era previsible? Para algunos sí, pero para otros no. Como sea, los primeros no creen en la resignación fatalista y abogan por estar adiestrado para asimilar desastres mayores. Para cuando éstos ocurran, y ocurrirán, se debe tener un plan, dicen.
¿Qué supone aquello? Muchas cosas, algunas de ellas bastante básicas, como que la alerta de maremoto no dependa de un celular o de un fax; que si se daña un aeropuerto haya otro de respaldo, dada su importancia geopolítica y estratégica y que los ciudadanos tengan de antemano pautas aprendidas para actuar en emergencia.
Ingenieros, expertos en edificación, en hidrodinámica y telecomunicaciones, geólogos, economistas y especialistas en desastres conversaron con Capital acerca de los nuevos cimientos que deben sustentar la reconstrucción.
Tsunamis en Chile
Aún no se zanja la discusión sobre la responsabilidad que cabe a las autoridades encargadas de avisar la ocurrencia de un tsunami, pero hay algo claro: la información debe darse a tiempo y es necesario contar con comunicaciones confiables.
A juicio de Alberto Maturana, ex director de la Onemi, “las autoridades encargadas de tomar la decisión no evaluaron en forma oportuna la información disponible. Cuando la NOAA (Nacional Oceanic Atmospheric Administration) en Honolulu, Hawaii, detectó que se trataba de un sismo de 8,8 en la escala de Richter costa afuera del Maule, bastaba para que se percutara la alerta correspondiente. Algo que pudo hacerse por HF (radio), sistema que no se cayó”.
¿Y los teléfonos satelitales? Según muchos, es casi imperdonable que haya sido Hillary Clinton quien entregara estos aparatos. Sin embargo, señala Maturana, la Onemi cuenta con esta tecnología. El problema, reconoce, es que no basta con tenerla en oficina de emergencia, sino que en todas las entidades involucradas en el sistema de alerta temprana. Por lo mismo, recalca que es perentorio avanzar en un proyecto nacional de telecomunicaciones que permita asociar los recursos en materia de telecomunicaciones, idea en la que se estuvo trabajando, mientras dirigió la Onemi, con la subsecretaría de Telecomunicaciones.
Otra discusión que vendrá es cómo se alerta un tsunami. Charles Fournier, gerente general de Baird & Associates S.A. –empresa especializada en ingeniería de la costa– sentencia que el país debería tener sistemas más sofisticados. “El Shoa tiene un sistema de aviso, pero creo que falta avanzar en cómo se alerta. Por ejemplo, en Japón y Hawaii las alarmas suenan. Nadie te tiene que llamar, no tienes que confiar en el celular, no tienes que meterte a la página web del Shoa: las alarmas suenan”.
Y hay más herramientas. En el Pacífico se aplican sistemas muy sofisticados de detección de tsunami, que pronostican con precisión cuáles son las áreas más amenazadas, lo que permite activar la alerta en zonas específicas, y no poner a toda la costa en estado de pánico. “Esto es más importante en Chile debido al poco tiempo que tenemos para reaccionar contra un evento devastador”, acota Fournier.
Hugo Gorziglia, quien fue por seis años presidente del grupo de coordinación del sistema de alerta de maremotos del Pacífico, marca un matiz: los procedimientos deben adaptarse a la idiosincrasia de los países y a sus capacidades comunicacionales. No hay una receta de cómo tiene que ser. Por ejemplo, nuestra costa es extensísima y acá es muy distinto a cómo tiene que enfrentar una situación de esta naturaleza un Estado isla”.
