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Artículo correspondiente al número 217 (16 al 29 de nov 2007)
“Reconozco que en el medio tenemos fama de caros”, dice Concha. “Creo que eso se debe a que nos ha tocado participar en proyectos de gran tamaño y exigencias muy específicas. Sumergirse en la decoración de un edificio corporativo es un proceso relativamente corto –puede durar alrededor de 90 días–, básicamente porque nos dedicamos al área gerencial, pero la cosa cambia si uno tiene que ocuparse del total del edificio, como ocurre con los hoteles. En ellos vemos desde las habitaciones hasta las áreas comunes y ese es un proceso que requiere de por lo menos cinco meses o más. Y para qué te explico lo que ocurre con los barcos…”
Navegar y diseñar
Tal como explica Concha, en su giro de negocios, decorar barcos es cosa seria. Muy seria: “en términos de construcción y decoración, el metro cuadrado de una nave debe ser el más caro del mundo. De hecho, no se mide en metros; las cuotas son de milímetros”. Fieles al cálculo milimetrado, Concha y sus diseñadores acabaron por interesarse en los barcos después de trabajar en la decoración del Terra Australis, nave de turismo patagónico perteneciente a la familia Menéndez Lecaros.
“Es todo un desafío, ya que nuestros planos tienen que calzar perfecto con los del astillero. El más pequeño error –tener que desplazar unos centímetros una separación de ambientes, por ejemplo–, puede llegar a costar miles de dólares”, comenta mientras nos paramos delante de sendos planos de un proyecto actualmente en desarrollo. El primero, rústico y reducido a su básica expresión, pertenece al original del astillero. Los cambios son notables al observar el plano de los diseñadores, donde las formas aerodinámicas dan sentido al conjunto. Y más vale que se lo den, porque que los plazos en que trabajan imaginando y proyectando su interior, pueden llegar a extenderse hasta los dos años, los que terminan abruptamente cuando llega el momento de ensamblar todo.
“El montaje de la decoración de un barco se realiza en apenas un día. La atmósfera se crea en dos. Es por eso que no hay lugar a cometer errores. Bueno, cada cosa tiene su complejidad. Recuerdo que con un hotel como el Miramar llegamos a tener 1.700 ítems distintos en nuestras planillas de excel.”
Puede que en esas circunstancias se entienda la cantidad de conocimiento, de know how, acumulado por Concha y su equipo en las últimas décadas. “Nuestra capacidad de ejecutar se ha convertido en un gran capital y representa un ahorro clave para este tipo de proyectos. Saber cómo hacer bien las cosas, pero sobre todo cómo evitar cometer errores.”
| Regalar también es un rito |
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Si los grandes proyectos han llegado a ocupar buen parte del día de la oficina de Enrique Concha, éste no ha descuidado su interés por el pequeño formato. Una de las iniciativas para las que ha desplegado mayor atención en el último tiempo ha sido la ciencia de los regalos, mejor dicho el arte de saber elegirlos, envolverlos y presentarlos. Para ello ha trabajado durante varios meses junto a un grupo de la escuela de Diseño del DUOC investigando en torno a objetos, materiales, cajas cintas, nudos, juegos de colores e imágenes. |