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Reportajes y Entrevistas
En la punta del cerro

Artículo correspondiente al número 221 (25 de ene al 21 de feb 2008)

 

El destacado publicista Mario Lübbert se retiró el 31 de diciembre de la actividad en la cual fundó Prolam, una de las agencias más grandes del país. En su casa de El Arrayán, literalmente en la punta del cerro, critica el manejo de las campañas publicitarias y cree que en varios planos Chile está en una etapa de decadencia total. Por Mauricio Contreras V.; fotos, Verónica Ortíz

 

El último día del año pasado, sin fiestas de despedidas, ni regalos ni nada por el estilo, Mario Lübbert dejó su cargo de presidente de Prolam Young & Rubicam y se fue para su casa. Se fue a El Arrayán, donde vive desde hace 20 años y está emplazado el magnífico condominio en que construyó su casa... y que hoy tiene a la venta. Lübbert se fue de la publicidad y ahora se va de Santiago, a vivir cerca de la playa. Y aunque está en esa fase que podríamos llamar de retirada, lo cierto es que su ojo sigue observando certeramente. Un ojo que le permitió crear Prolam con un papel y un lápiz. Un ojo superdotado y que es capaz de pasar por varios estados: de observar a desmenuzar para, luego, meditar.

Tiene algo místico Mario Lübbert. Se le ve bien. Muy delgado y reposado. Por eso y porque desde 1978 ha estado tomándole el pulso a la publicidad, ideando campañas, imponiendo estilos y viendo cómo Chile cambia, es un interlocutor de lujo para hablar de las tendencias que cruzan nuestra sociedad. Han sido 30 años de intenso trabajo, codo a codo con sus dos socios. “Unos genios: Juan Martínez, gran creativo, dueño de una sutileza y un ojo para captar situaciones, autor de grandes campañas. Y Rodrigo Mizala, que debe ser el mejor diseñador gráfico que hay en Chile”, comenta. La trenza que tejió con ellos le permitió tener la agencia más grande del país; un logro no menor, aunque Mario le baja el perfil: “No es para tanto, nunca me iba a ganar el premio Nobel”.

 

Lübbert es acogedor, un tipo que transmite buenas vibras, que cuesta imaginar estresado o de mal genio. “Nunca trabajé sentado en mi escritorio –confiesa–. Si había un problema, yo me iba a El Arrayán a andar a caballo”. ¿Para pensar?, le preguntamos. “No, para andar a caballo. Y de repente, chas, llegaba la solución, me bajaba y ahí estaba la respuesta”. Hoy está en otra, preparando documentales (lanzó hace un año Sewell, tan cerca del cielo, sobre el campamento minero en la VI Región) y armando la nueva temporada de La Mente del Empresario, el programa de entrevistas que realiza hace cuatro años en Canal 13 Cable. Lübbert está lleno de cuentos, historias y anécdotas. Durante muchos años lo invitaron militares, políticos, empresarios y gente de poder a reuniones para ver cómo resolvían los problemas: “siempre les decía la verdad y salía como el imbécil de la reunión. Nadie me decía nada. Pero después ocurrían las cosas tal como les había dicho. Cuando tomé la cuenta del Parque Arauco, éste estaba metido en un potrero. Y les dije a sus dueños que sería la plaza de encuentro de la gente. Eso fue hace 25 años”.

 

Se pasa bien con Mario Lübbert. Se pasea por todos los temas y es lo que se dice un tipo inquieto. Le gusta aprender y saber de cosas nuevas. En su sala de televisión tiene miles de películas, de todo tipo. En su último viaje a Estados Unidos compró las cinco temporadas de la serie 24. Y sobre los 1.200 metros de altura en que se emplaza su casa, mira hacia atrás y hacia delante... y repasa.

 

 

 

No va más

 

 

“Hace un par de años vendí una parte de la agencia, luego una segunda parte y después, la totalidad. Hoy estoy fuera de la publicidad”, dispara de entrada.

 

-¿Triste o no?

-Fíjate que no. Yo tengo una gracia: no le tengo apego a las cosas. La gente me dice: pero cómo, Mario, si tú creaste Prolam, fuiste un gallo muy importante. ¿Y qué?... Jajajajá (aparece su risa clásica).

 

-Pero cierras una etapa donde fuiste uno de los publicistas más importantes del país…

 

-Sí, ¿y?... (piensa) Hay que saber mirar para atrás y decir: hice una agencia de publicidad, ¿y qué? Tengo bienes, ¿y qué? Este desapego hace que no me aferre a la publicidad, nunca me creí el cuento. Para mí era un juego. El lema en Prolam era y es trabajemos bien y pasémoslo bien. No me costó nada venirme para mi casa. El año 80 perdí una imprenta y les pregunté a los trabajadores si querían quedarse con ella; firmé un papel con tres de ellos y me fui. En vez de seguir pensando qué hacer con eso me olvidé, hice la pérdida. Así es más fácil. La pregunta obvia es si se desencantó de la publicidad. Se la formulamos sin tapujos y nos responde en los mismos términos: “la publicidad me gustaba cuando comencé, en 1978. Por esos años el diseño no existía como tal y me puse con una agencia de publicidad. Me entretuve bastante, para mí era fácil. Cuando uno tiene el don de la observación es fácil llegar al centro del problema y resolver. Y me fue muy bien, fui creciendo, creciendo, hasta llegar a ser la agencia más grande de publicidad en Chile. Los gringos empezaron a visitarme, y cuando apareció uno que aceptó el precio que yo quería, me vendí”. Y agrega: -Pero te confieso algo yo tenía ganas de salir de la publicidad hace muchos años, fundamentalmente cuando las empresas se profesionalizaron y uno ya no hablaba con los dueños, sino que con los gerentes de marketing o los product manager. Eso me empezó a cansar, porque los primeros no pueden tomar decisiones, no deciden o son muy miedosos y, ¡qué decir de los product manager! Tienen que llamar a su papá o a sus abuelos para preguntarles y ahí se complica todo. Tienen recetas de la universidad, nunca lograron entender que una campaña creativa rinde mucho más que una en el aire, con catálogos”. De sus palabras se desprende que a las empresas no parecen importarles las campañas ni las agencias... “¿Te digo algo? Hoy día ya no se crean marcas, sólo ofertas, la venta dura”. Mario Lübbert recuerda los buenos años de la publicidad en Chile, cuando los empresarios se dieron cuenta de que el crecimiento de sus empresas y negocios tenía mucho que ver con las campañas diseñadas desde las ofi cinas de Prolam. “Hoy eso no existe, y es una lástima”. Justo en este punto, viene otro cigarro. Lübbert fuma una cajetilla y media al día y cada respuesta parece esperar el humo. Dispara una bocanada y me pregunta si fui alguna vez a una premiación de publicistas…




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Comentarios

1 Comentarios

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Publicado Miercoles 24 de Septiembre, 2008 - 00:52 hrs

buen reportaje...y mejores las respuestas del entrevistado. Concuerdo en que vivimos en un pais que vive sobre las superficie de los asuntos...y el que nada con mejor estilo, la lleva,.Pocos se atreven a bucear y meterse en profundidades. 
A ellos nadie los financia, ni les creen. Es como en el mito de La caverna de Platon. 
Dar un paso adelante seria proponer como podemos revertir esa situacion para que este pais sea mejor.Qu'e le podemos infundir a la educacion de nuestros hijos/

 
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