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Artículo correspondiente al número 266 (27 de noviembre al 10 de diciembre 2009)
La hoja de ruta
La primera vez que se juntó el grupo completo fue en el aeropuerto internacional Noi Bai de Hanoi, la capital de Vietnam. La gran mayoría nos habíamos embarcado en una travesía de 36 horas –previas escalas en París y Bangkok– a cargo del experimentado Gabriel Becker, jefe de la expedición, con más de 10 años de experiencia en Vertical y con cumbres como el Lhotse (un ocho mil), el Kilimanjaro y el Kalapatar en el cuerpo.
Así, con el cansancio de un día y medio de viaje, más las 12 horas de diferencia horaria, llegamos al caluroso Hanoi. Una reparadora comida típica y una suave caminata (como para empezar a prepararse para lo que venía) fueron las actividades del día. Después, a la cama, pues estábamos muertos.
El segundo día en Hanoi nos animamos alrededor de 7 expedicionarios para levantarnos a las 5 am a hacer Tai Chi a orillas del lago Hoan Kiem, en el centro de la ciudad. Sencillamente, maravilloso.
Al día siguiente, tomamos el tren hacia la ciudad de Lao Cai, casi en la frontera con China. Llegamos de madrugada, oscura, en el Fanxipan Express, para luego tomar un minibus que nos dejaría en el cautivante poblado de Sapa. Este era el primer acercamiento real de lo que internamente ya nos provocaba a todos cierta ansiedad: la ascensión al Fansipan.
Un trekking de calentamiento de seis horas de caminata por campos maravillosos y vistas majestuosas de las plantaciones de arroz, las “terrazas” milenarias y los búfalos de agua nos recordaban a cada momento que nos encontrábamos, literalmente, al otro lado del mundo.
Las instrucciones de nuestros guías la noche anterior al inicio de nuestra aventura fueron claras: “señoras y señores, mañana a las 6:00 am nos juntamos todos en el lobby del hotel, con sus bolsos y mochilas listos. Tenemos que cumplir con nuestra ruta”. Dicho y hecho. Al día siguiente, tras guardar un par de poleras dry fit y el resto de ropa en bolsas secas y tomar un desayuno contundente para darle energía a la máquina, nos embarcamos. Un madrugador stretching previo... y a lo que vinimos.
Veinte minutos después de comenzada la caminata, empiezan a cambiar los paisajes y, por supuesto, las caras de todos nosotros. Ordenados en fila india, vamos sacando las cámaras y comentamos los maravillosos paisajes que nos ofrece la vegetación vietnamita. El camino incluye cruces de ríos y subidas bastante empinadas en algunos tramos, siempre rodeados de infinitos campos de bambú y de un grupo de nubes que avanza junto a nosotros, así como los porteadores que nos acompañan. Son todos bajos y flacos, pero de una fuerza física y una concentración admirables. Ellos suben como si nada, con una sonrisa siempre a flor de labios, atentos a cualquiera que necesite apoyo.
El camino se matiza siempre con risas espontáneas; estamos todos contentos, con la idea de la cumbre ya en la cabeza. Alrededor de cuatro horas después de partir, nuestra primera parada a almorzar. Mucho carbohidrato, proteínas, un poco de queso y pepinos con tomate para cargar pilas. Cuarenta y cinco minutos y... a ponerse los zapatos nuevamente.
La llegada a nuestra primera parada en carpas, luego de otras tres horas de caminata con muchas subidas, fue como un oasis en medio de la selva. Todos muy cansados y, después de una comida preparada por los porteadores, a los sacos de dormir. Había que descansar pues se venía duro el día siguiente.
A las 6:30, luego de una taza de café caliente, todos listos para partir. Ese segundo día fue increíble, nos acercábamos a la meta y los paisajes se tornaban cada vez más envolventes. Las nubes cada vez más densas hasta que comienza a llover, un nuevo ingrediente para complementar el entorno. Las paradas a tomar agua son cada vez más agradecidas. Después de 8 horas ya todos hablamos menos. Esa noche, tras la comida, una charla motivacional de nuestros guías, pues al otro día haríamos cumbre.
El verdadero regalo de Vietnam fue la sorpresa. Una travesía inolvidable en la que el esfuerzo y el cansancio fueron mucho mayores de lo que esperábamos, así como también el compañerismo y el orgullo de lograr nuestra añorada meta.
La excursión me permitió ver cómo los grupo humanos son capaces de unirse y “amalgamarse” rápidamente para sacar adelante un objetivo común, a pesar de que “todo se puede poner peor” y de escoger la ya mítica chilean route (the ilogicall route).
En lo más alto de Indochina
El tercer día fue memorable. La lluvia y el frío a medida que subíamos eran más intensos, aunque el calor por el trekking lo neutralizaba. Las nubes ya no estaban sobre nosotros, sino que ahora nos adentrábamos lentamente en ellas. Los pequeños senderos entre los campos de bambú eran ya puro barro, evidenciando que estábamos haciendo la ruta más difícil del Fansipan, la menos transitada.
Las horas pasaban y el cansancio era grande. En un momento nos sentíamos todos extenuados, hasta que unas paredes de piedra nos avisaron que estábamos cerca. Minutos después, cruzábamos el umbral. Por fin habíamos llegado al techo de Indochina. Nos abrazamos... fueron momentos emotivos. Los minutos en la cima son de una gran satisfacción personal y grupal, de sentirse realmente un equipo y una familia allá arriba. En todo momento hubo una conexión muy grande entre todos.
Ninguno de nosotros se imaginó nunca que sería un recorrido tan difícil. Pero todo este esfuerzo tuvo su recompensa. Conquistamos los 3.143 metros del Fansipan, vivimos un viaje cargado de emociones y logramos un hito: a la hora de la despedida, los porteadores nos dijeron que de aquí en adelante, el trayecto que recorrimos pasará a llamarse the chilean route (la ruta chilena), en honor a los 15 chilenos que nos maravillamos con la majestuosidad de ese camino, un sello que sólo tienen las grandes montañas.
| Radiografía de Vietnam |
Población: 86.444.718 personas Superficie terrestre: 331.690 km2 Capital: Hanoi Moneda: Dong Idioma: Vietnamita Vietnam es un país estrecho y alargado que ocupa las costas orientales de la península indochina, sobre el golfo de Tongkín y el Mar Meridional de la China. De clima tropical lluvioso, está en la zona de los vientos monzones. Su vegetación es selvática y su red hidrográfica, muy desarrollada. La región del norte es la más elevada. Se destacan dos ríos que desembocan en forma de delta: el Song Koi al norte y el Mekong, al sur. La agricultura ocupa a la mayoría de la población, y el arroz es el principal producto. El norte del país es rico en antracita, lignito, carbón, mineral de hierro, manganeso, bauxita y titanio. Las principales industrias son las de la minería, productos alimenticios y textiles. Históricamente, Vietnam ha sobrevivido a la dominación de potencias extranjeras, como Francia y Estados Unidos, y durante el período de 1945–1975 fue el escenario de una de las guerras más sangrientas que ha vivido el mundo. En 1986, el gobierno de Vietnam aprobó un completo paquete de reformas denominadas Doi Moi o Renovación, siendo éste un programa de liberación económica para insertarse al mundo. Hoy, y pese a tener un nivel inferior a sus vecinos en términos de desarrollo, el país ha registrado un crecimiento de 7,6% en los últimos 3 años y es catalogado por muchos analistas como una economía con un futuro promisorio. |