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Artículo correspondiente al número 294 (25 de febrero al 10 de marzo 2011)
De joven, Yvon Chouinard despotricaba contra los empresarios. Hoy es uno de ellos. Pero el fundador de Patagonia, empresa avaluada en 400 millones de dólares, escala más allá de los límites: lo suyo es el crecimiento controlado, incluso sacrificando las ganancias. “Si no tienes un negocio verde, no existirás en el futuro”, sentencia. Esta es la historia del íntimo amigo de Douglas Tompkins que hoy asesora a WalMart para convertirla en una empresa sustentable. Por Carla Sanchez Mutis; Fotos, Patagonia.
-¿Surfeaste hoy?
-No hoy no, pero lo hice ayer.
-Y, ¿cómo estaban las olas?
-Muy buenas.
Al otro lado del teléfono está Yvon Chouinard, el fundador de la compañía de productos outdoors Patagonia. A sus 72 años, trata de surfear cada vez que puede. O escalar. O pescar. En la entrada de su cuartel central, en Ventura, California, hay un pizarrón –que se ha convertido en una leyenda– con el report de las olas del día. Si el pronóstico es bueno, sus empleados toman las tablas y se van al agua.
Chouinard no usa ni computador ni celular. Por eso prefiere que conversemos por teléfono y no por Skype. Pero lo que sí maneja a la perfección es una compañía de 400 millones de dólares en la cual todos quieren trabajar. Patagonia suele aparecer en los primeros lugares del ranking Best Place to Work. No es raro, entonces, que cuando se genera un nuevo puesto la empresa reciba 900 currículos. Tampoco lo es andar descalzo por los pasillos si hace calor. Lo extraño es que Chouinard nunca quiso ser empresario. Tal como relata en su autobiografía titulada Que mi gente vaya a hacer surf, en su juventud aborrecía al capitalismo y tildaba de “bolas de grasa” a los políticos y a los hombres de negocios: “las empresas son la fuente de todos los males”.
Todo comenzó por culpa de la montaña. Chouinard, un joven rebelde que alguna vez viajó de polizón y se alimentó de comida para gatos, se dio cuenta de que en el mercado no existían los equipos adecuados para escalar. ¿La solución? Fabricarlos con sus propias manos en el garage de las casa de sus padres, en Burbank. Era plena década del 60 y Chouinard se ganaba la vida vendiendo pitones para escalar.
Lo mismo pasó con la ropa: se dio cuenta de que las camisetas de rugby eran mucho más resistentes para la montaña y decidió importarlas. Sin darse cuenta, e impulsado por su pasión, creó su propio imperio outdoor, al que más tarde bautizó como Patagonia. El logo lo tomó prestado del monte Fitz-Roy, el mismo que conquistó en 1968 junto a su íntimo amigo Douglas Tompkins. Un mítico viaje que quedó registrado en la película Mountain of storms, considerado un clásico del cine de montaña.
Chouinard es tildado por muchos como el anti empresario. No comulga con la clásica fórmula de maximizar ingresos y reducir costos. Por ejemplo, en 1994 optó por trabajar con algodón orgánico, material cuyo costo –en esa época– doblaba al del convencional. Tampoco es partidario del crecimiento desmedido de su empresa. Para Chouinard, la mentalidad es una: “no se puede hacer negocios en un planeta muerto”.
-Nunca estuvo en sus planes convertirse en empresario y ahora maneja una compañía que vale 400 millones de dólares. ¿Cómo explica ese cambio de mentalidad? ¿Qué lo motiva a ser empresario y no un surfista?
-Puedo hacer ambas cosas (risas). Tengo una vida muy simple, manejo un auto viejo, mi señora no anda en una SUV, pero soy muy pesimista acerca del futuro del planeta. Toda mi vida he tenido un alto sentido de la responsabilidad y, como uno causa muchos problemas al medioambiente, estaba en mí buscar la solución. Por eso sigo en el negocio: porque siento que hemos influido a muchas compañías alrededor del mundo para que apliquen una forma distinta de hacer las cosas. Patagonia está liderando el camino.
-¿Cuál es la filosofía de Patagonia?
-Somos una compañía basada en el producto. Empezamos fabricando equipos de montaña para escalar, pero hoy la ropa es lo que nos mantiene en el negocio. Nuestra filosofía es hacer el mejor producto posible sin provocar daño innecesario al planeta y donando el 1% de nuestras ventas a proyectos de conservación. Nuestra tercera misión es utilizar el negocio para aplicar soluciones a la crisis medioambiental e inspirar a otras empresas para que también lo hagan. Eso no significa que Patagonia por sí sola vaya a salvar el mundo, sino que implica involucrar a todas las otras compañías.
-Ser verde implica un alto costo económico ¿Cómo convence a otras compañías para que tomen este camino?
-No lo es para nosotros. Somos muy rentables y somos sustentables en la medida en que podemos. Nos hemos dado cuenta de que cada vez que tomamos una decisión para ser más sustentables terminamos ganando más dinero.
-Una de las características de su empresa es que tiene un crecimiento controlado, pero este año superó sus límites con creces. ¿Eso no contradice su filosofía?
-Este año estamos creciendo casi un 25%, lo que es mucho para nosotros. Ello ocurrió porque después de la recesión se disparó la demanda y tuvimos que crecer más de lo presupuestado. En los últimos años hemos mantenido un crecimiento de entre un 3% y un 5% porque queríamos ser libres de los bancos. Ahora no tenemos deuda bancaria y nuestra demanda está creciendo. Uno de los motivos es porque a las generaciones más jóvenes les encanta Patagonia y quieren apoyarnos en nuestra causa. Queremos crecer en forma natural. De hecho, lo que invertimos en publicidad es muy poco, sólo la mitad del 1% de las ventas, lo que es inusual en el negocio textil. Por ejemplo, no publicitamos en los buses para que los jóvenes usen nuestras parkas de pluma en vez de las The North Face. No incentivamos a la gente para que se vuelva loca comprando nuestra marca, lo que hacemos es sentarnos a esperar a que nos digan cuánto fabricar. No qué fabricar, porque eso sería un desastre.
-Patagonia tom
a decisiones que muchas veces perjudican el negocio, como por ejemplo reciclar prendas…
-En este país no creo que nadie piense así. Trabajamos para que nuestros clientes lo piensen dos veces antes de comprarse una chaqueta. La pregunta es si realmente la necesitas o simplemente te la vas a comprar porque estás aburrido. Si en realidad la necesitas, esperamos que la compres en Patagonia y cuando se rompa por ejemplo el cierre –algo que nosotros no fabricamos– la podemos reemplazar. O si te aburres de esa chaqueta, o a tu hijo le quedó chica, nos contactas para vender esa prenda a alguien más. Para ello, estamos trabajando en una alianza con eBay. La lógica es la siguiente: tú puedes quedarte con el dinero de la venta o bien donarlo a 5 organizaciones medioambientales que nosotros vamos a recomendar y que vamos a ir rotando periódicamente. Si la prenda ya está inutilizable, llévala a nuestra tienda y podemos reciclarla para hacer más ropa. Es decir, cerramos el ciclo al ser responsables del producto desde su nacimiento hasta su renacimiento. Lo que está destruyendo al planeta es consumir y desechar sin fin. Con esta campaña estamos apelando a que nuestros clientes consuman mejor, menos y que reciclen.